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Entre los Andes y Occidente: hibridación y diálogo visual en la pintura de Rafael Moreno

hace 2 días
4 min de lectura

Actualizado: hace 18 horas



Mi primera impresión al contemplar los cuadros de Rafael Moreno es la presencia de una hibridación visual caracterizada por la transparencia y la ambigüedad de las formas, que parte de lo que el propio artista señala como una técnica fotográfica denominada doble exposición. Este procedimiento consiste en exponer dos veces el mismo fotograma de la película fotográfica, de modo que la luz correspondiente a ambas exposiciones impresiona un mismo fragmento del soporte fotosensible y produce la superposición de dos imágenes en una sola composición visual. 


Esta operación técnica, en el arte de Rafael, trasciende el plano visual y se convierte en un principio conceptual que permite interpretar la yuxtaposición de referentes culturales y las tensiones entre la tradición occidental y las expresiones culturales locales, particularmente las vinculadas al indigenismo en el Perú. 


Como sabemos, el indigenismo constituye un movimiento artístico y cultural de enorme relevancia en la historia del Perú, tanto por su contribución a las artes plásticas y la literatura como por su dimensión política y reivindicativa.


En las obras de Moreno, los iconos del indigenismo entran en un diálogo visual complejo con referentes emblemáticos de la tradición artística occidental, mediante asociaciones que combinan imágenes y estilos de períodos históricos diversos. Así, reconocemos la confluencia del rostro de La Venus, de Sandro Botticelli, con La India del Collao, de José Sabogal, en la obra titulada Peruvians Venus —una de las realizaciones más logradas y hermosas de Rafael, si se me permiten estas licencias—. Asimismo, La Gioconda, de Leonardo da Vinci, aparece integrada con la misma figura indigenista en Indialissa. También encontramos una relación entre La joven de la perla, de Johannes Vermeer, y La Santusa, igualmente de Sabogal. Esta última figura se fusiona, además, con Nafea Faa Ipoipo, de Paul Gauguin, en El Retorno. Por otra parte, los volúmenes corpóreos andinos se proyectan sobre las figuras de Las señoritas de Avignon, de Pablo Picasso, en Andes-Avignon.



A estos referentes se suman otros registros históricos y estilísticos. La tradición barroca se hace presente en El Espejo, mediante la referencia a Las meninas, de Diego Velázquez. En esta misma obra, la incorporación de perfiles indígenas en el fondo, acompañados de recursos cromáticos asociados al pop art, introduce una dimensión contemporánea en la reinterpretación de estas imágenes. La coexistencia de estos lenguajes produce una temporalidad visual en la que diferentes momentos de la historia del arte dejan de presentarse como compartimentos estancos y pasan a formar parte de una misma superficie pictórica.




La superposición de imágenes y lenguajes artísticos configura así una relación en la que los referentes occidentales parecen superponerse a las representaciones de la cultura local o subyacer a ellas, sugiriendo una posible asimetría en la representación de ambas tradiciones. Asimismo, la superposición de las imágenes genera formas y volúmenes que se recortan entre sí, construyendo una composición que, por momentos, evoca ciertos procedimientos cubistas. La fragmentación, la simultaneidad y la articulación de diferentes planos contribuyen a desestabilizar la representación tradicional de la corporeidad y confieren a las figuras una particular densidad visual.





Me resulta especialmente interesante la presencia de un peso escultórico que, más que remitir a la solidez volumétrica de la pintura occidental, como la inaugurada por Masaccio, parece encontrar su expresión en la potencia tectónica de los Andes. La materia pictórica adquiere una contundencia que evoca la monumentalidad y la fuerza de las masas geológicas andinas, así como la presencia física de un territorio que parece proyectarse sobre la propia composición, por ejemplo, en Andes-Avignon. Asimismo, destaca la manera en que se organizan las imágenes, en las que el orden y la mezcla no se excluyen, sino que se complementan. Diría, incluso, que se trata de una composición mezclada, aunque ordenada: una paradoja que encuentra su coherencia en la reorganización perceptiva de los elementos visuales.


La exposición revela, por tanto, una propuesta pictórica sólidamente concebida, cuya riqueza trasciende la idea inicial y las posibilidades técnicas del procedimiento empleado. La doble exposición se convierte en algo más que un recurso formal: constituye un principio de organización visual y conceptual que permite explorar las relaciones entre tradición y contemporaneidad, entre cultura local y cultura universal, poniendo en juego procesos de superposición, apropiación y reinterpretación de imágenes preexistentes. A través de estas operaciones, las obras abren un espacio de diálogo e interpretación para el espectador.


En definitiva, Rafael Moreno desarrolla una propuesta que merece ser apreciada tanto por sus hallazgos formales como por las posibilidades interpretativas que ofrece. Su obra puede entenderse en clave posmoderna, más que en el sentido estilístico propiamente dicho, por la apropiación de referentes culturales diversos, la hibridación de imágenes, la combinación de registros estéticos —que desestabilizan los códigos que organizan la mirada— y el cuestionamiento de las jerarquías convencionales entre las distintas tradiciones artísticas.



Información de la exposición


  • Exposición: Doble Exposición, de Rafael Moreno Lozano.

  • Lugar: Galería Renée Navarrete Risco, Jr. Contumazá 971, Centro Histórico de Lima.

  • Fechas: del 9 al 30 de octubre de 2026.

  • Horario: lunes, miércoles y viernes, de 10:00 a. m. a 1:00 p. m. y de 2:00 p. m. a 5:00 p. m.

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