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Campo de Marte: el modelo ecocida de López Aliaga para Lima

hace 12 horas
7 min de lectura



Un proyecto de S/ 26,7 millones para "mejorar" el pulmón verde de Jesús María se ejecutó sin inventario forestal completo y sin partida de riego. Murieron los ejemplares más grandes del parque, la obra quedó paralizada y el expediente que la originó se aprobó bajo la gestión de Rafael López Aliaga. El jueves 1 de octubre cerró su campaña en ese mismo parque.


A tres días de las elecciones municipales, Rafael López Aliaga subió a un escenario en el Campo de Marte para cerrar su campaña. Dijo allí que era injusto tener a la población en manos de criminales y prometió que "Lima será segura". Llega como favorito a la Alcaldía de Lima, aunque formalmente va como primer regidor en la lista de Renovación Popular, porque el candidato a alcalde del partido renunció a su postulación.


Detrás del escenario estaba un parque con una remodelación a medio hacer, miles de metros cuadrados cercados con mallas, árboles apuntalados para que no se caigan y un grupo de vecinos organizados para defenderlo. La remodelación la anunció él mismo cuando era alcalde.


El Campo de Marte se levantó sobre el terreno del antiguo Hipódromo de Santa Beatriz y desde 1938 funciona como espacio público. Desde 1968 lo protege la Ley 16979, que lo declaró área verde intangible y restringe las obras y actividades que reduzcan o afecten sus áreas verdes y su belleza paisajística. Alberga el Monumento a los Defensores de la Frontera, y en sus instalaciones funcionan las federaciones de tenis y natación, esta última con una piscina olímpica que ha sido sede de campeonatos continentales.


Aunque es un parque metropolitano, la Municipalidad de Jesús María lo administró durante más de cuarenta años, según explicó su alcalde, Jesús Gálvez, quien recordó que, antes de que empezara la obra, su municipio entregó a la Municipalidad de Lima unos 2.300 árboles y las instalaciones del parque "en perfectas condiciones". Los vecinos lo usan a diario para correr, pasear y reunirse los fines de semana.


El proyecto con firma de López Aliaga


En febrero de 2025, cuando presentó su plan de modernización de semáforos con inteligencia artificial, López Aliaga mencionó entre las grandes obras de su gestión la rehabilitación del Campo de Marte, con una inversión de 30 millones de soles. Un mes después, en marzo, el alcalde de Jesús María presentó el proyecto a las juntas vecinales y aseguró que respetaría la Ley 16979.


En julio de 2025, el Fondo Metropolitano de Inversiones (Invermet), organismo de la Municipalidad de Lima, aprobó el expediente técnico mediante la Resolución 000065-2025-GP-Invermet. Fijó una inversión de S/ 30 694 617 y un plazo de 180 días calendario. El proyecto llevaba más de dos años detenido por observaciones del Ministerio de Cultura. El 3 de noviembre de 2025 esa cartera aprobó la ejecución mediante la Resolución Directoral 088-2025-DGPC-VMPCIC/MC y consideró los trabajos técnicamente viables.


El 13 de octubre de 2025, López Aliaga presentó su renuncia a la alcaldía para postular a la presidencia con Renovación Popular. Durante su gestión había prometido no dejar el cargo antes de tiempo y dejó al menos 25 de las 105 promesas de su plan de gobierno municipal sin cumplir. El Jurado Nacional de Elecciones entregó la credencial a su teniente alcalde, Renzo Reggiardo, quien asumió la alcaldía para completar el periodo.


El contrato de ejecución se firmó el 4 de noviembre de 2025, ya con Reggiardo en el sillón municipal. Los trabajos empezaron el 14 de noviembre, con un plazo de 180 días que vencía a mediados de mayo.


El contratista fue el Consorcio Ejecutor Disamart, formado por Aro Constructora y Mineros (60%) y Corporación Ingeniería y Desarrollo (40%). El consorcio se había constituido el 22 de octubre de 2025 ante la notaría Fonseca, solo para ejecutar esta obra, y firmó el contrato con Invermet catorce días después. Según los datos de la Sunat que revisó El Comercio, su actividad principal declarada es la construcción de edificios. En noviembre registró un solo trabajador en planilla. Subió a 16 en diciembre, a 18 en enero y febrero, y a 17 en marzo. La obra se hizo con un presupuesto de S/ 26 718 801,54.


Lo que prometía la obra


El proyecto incluía una pista de trote, ciclovías, nuevas veredas, la eliminación de pasadizos de cemento, el retiro del asfalto cercano al monumento, iluminación LED, una central de videovigilancia con 50 cámaras, un baño soterrado, juegos infantiles, espacios para mascotas, canales de riego nuevos y el sembrado de 100 árboles. Según el municipio de Jesús María, también contemplaba la recuperación de 8.000 metros cuadrados de áreas verdes. Los vecinos cuentan que les aseguraron que no se tocarían los árboles ni se reducirían las áreas verdes.


Los árboles empezaron a morir sin ruido. Según las vecinas, uno de los primeros trabajos fue el cierre del histórico canal Huatica, que abastecía de agua al parque. Eso dejó al arbolado sin su principal fuente por más de seis meses. A la vez, las excavaciones para el cerco perimétrico, los canales de concreto y las veredas removieron el suelo y cortaron raíces.


El colectivo Salvemos el Campo de Marte contó que, en las reuniones con la Municipalidad, se reveló que la obra no contempló presupuesto para regar las áreas verdes durante su ejecución, por lo que el parque estuvo cinco meses sin agua. Según el colectivo, Invermet no presupuestó el riego precisamente durante los meses de verano, cuando los árboles necesitan mayor cantidad de agua.


Esto lo confirmó el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA). Recibió la denuncia el 21 de abril, visitó el parque el 14 de mayo y constató que el proyecto no contemplaba una partida presupuestal específica para el riego y mantenimiento de los árboles. El OEFA añadió que durante su visita el consorcio e Invermet ya habían puesto en marcha medidas de riego, con agua del canal Huatica y camiones cisterna, y que se planeaba trasladar 92 árboles dentro del parque.


Gálvez contó que su municipio constató en marzo el abandono del riego de los árboles y regó de emergencia, con autorización de Invermet. La responsabilidad de la obra, precisó, no era suya, porque Jesús María no ejecutaba ni supervisaba los trabajos.


Durante la ejecución de la obra, el Campo de Marte permaneció con sectores afectados por la falta de riego y la intervención del terreno. El lado que da al jirón Nazca, donde se ubica la Nunciatura Apostólica, presenta árboles con las raíces expuestas, zanjas y ejemplares que han tenido que ser apuntalados. En esa zona, la Municipalidad plantó alrededor de 100 árboles como parte del plan de mitigación.


Vecinos también han advertido sobre la desaparición de ardillas, loros, aguiluchos y otras aves que habitaban el parque. Asimismo, señalan que algunos árboles ya han caído y que otros permanecen apuntalados.


Las cifras que no cuadran


El proyecto manejó cifras distintas sobre cuántos árboles había en el parque. Se mencionaron cantidades de 1.800, 1.902 y 2.046 ejemplares. Finalmente, el inventario realizado después de la paralización de los trabajos y tras los reclamos de los vecinos estableció la existencia de 2.036 árboles.


Las cifras de avance de la obra tampoco coinciden. A fines de abril, el portal de Invermet informaba un avance del 45%. En mayo se reportó un avance de 37,33%, mientras que la Municipalidad de Lima señaló que la obra estaba alrededor del 30%, la misma cifra mencionada por la Municipalidad de Jesús María.


Con el dinero ocurre algo parecido. El proyecto tiene un presupuesto de S/ 26,7 millones y, de acuerdo con las cifras difundidas durante el proceso, una parte importante ya había sido ejecutada antes de la paralización de los trabajos. Los vecinos han planteado que los recursos restantes se destinen prioritariamente a recuperar las áreas verdes del Campo de Marte.


Los vecinos se organizan


Mientras los árboles se secaban, los vecinos pidieron explicaciones. A fines de abril comenzaron a exigir respuestas a la Municipalidad de Lima y a Invermet sobre el estado de las áreas verdes y las condiciones en que se ejecutaba la obra.


El 17 de mayo, decenas de vecinos marcharon y anunciaron denuncias ante el OEFA, la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental y la Contraloría. El colectivo también señaló que la Contraloría había iniciado una investigación a Invermet. En junio hubo otra movilización, en la que los vecinos reclamaron un plan de emergencia forestal y un inventario con más de 2.000 árboles georreferenciados y evaluados individualmente.


El 20 de mayo, Invermet resolvió el contrato con Disamart debido al retraso en los trabajos y al bajo ritmo de las labores de emergencia para mitigar el daño en las áreas verdes. La entidad anunció además acciones legales «contra quienes resulten responsables».


El conteo del daño


Tras la paralización, una reunión informativa con los vecinos permitió conocer las cifras finales de afectación. De los 2.036 árboles del área intervenida, 163 resultaron afectados. De ellos, 83 presentan estrés hídrico severo y otros 80 no muestran actividad fisiológica. Entre estos últimos, 63 habrían muerto como consecuencia de los trabajos. Entre los ejemplares afectados había eucaliptos, molles y casuarinas.


Estos árboles cumplían funciones importantes dentro del ecosistema urbano, como la captura de carbono, la generación de sombra y la conformación de hábitats para aves y otros animales. La pérdida de ejemplares adultos implica un proceso de recuperación que puede tomar décadas.


Como medida de compensación, Invermet propuso plantar 2.400 árboles. La cifra supera el número total de ejemplares registrados en el parque. La entidad también informó que, desde el 28 de junio, comenzó a plantar progresivamente 100 árboles y posteriormente otros 50, y que cada árbol del parque cuenta ahora con una ficha técnica de seguimiento.


Una obra que no termina


El 20 de agosto, Invermet otorgó la buena pro al Consorcio Campo de Marte para elaborar un nuevo expediente técnico y ejecutar lo pendiente, incluida la recuperación de las áreas verdes. La Municipalidad anunció que la obra terminaría antes de la visita del papa León XIV, prevista del 11 al 17 de noviembre. El saldo se ejecutará bajo la modalidad fast track, con un plazo previsto de 180 días, aunque todavía no existe una fecha firme para el reinicio.


Pero el problema del Campo de Marte no termina con una obra paralizada. El proyecto impulsado durante la gestión de López Aliaga dejó árboles muertos, áreas verdes deterioradas y millones de soles gastados en una intervención que ahora necesita otra obra para reparar sus consecuencias. El caso muestra, en concreto, lo que puede significar el modelo de ciudad que López Aliaga propone para Lima: grandes proyectos de modernización que terminan sacrificando el patrimonio ambiental existente.


Por eso, el Campo de Marte puede leerse como el primer gran ejemplo de un modelo ecocida para Lima: una forma de intervenir la ciudad en la que la obra se impone sobre los árboles, las áreas verdes y un patrimonio natural que puede tardar décadas en recuperarse. López Aliaga dejó la alcaldía, pero el proyecto político de volver a gobernar Lima permanece. El Campo de Marte deja, mientras tanto, una pregunta que la ciudad tendrá que responder: qué precio está dispuesta a pagar por ese modelo de modernización.


Las denuncias ante el OEFA, la Fiscalía Ambiental y la Contraloría siguen sin resultados conocidos, y tampoco se ha informado sobre las acciones legales que Invermet anunció contra los responsables de las irregularidades detectadas durante la ejecución.

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