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El sentido de la vida




“La vida meditada es la única que vale la pena de ser vivida.” Sócrates

"La vida es un cuento relatado por un idiota, sin sentido alguno.” Shakespeare

“Una vez que uno encuentra mujer y trabajo, ya no se formula más preguntas sobre la vida.” Hegel

“Vivir es la cosa más rara del mundo. La mayor parte de las personas existen, eso es todo.” Oscar Wilde

“¿Vale la vida la pena de ser vivida?” Albert Camus (El mito de Sísifo)

“¿Hay vida antes de la muerte?” Woody Allen

“Millones de personas que anhelan la inmortalidad no saben qué hacer con sus vidas durante la tarde lluviosa de un domingo.” Susan Hertz

 


Antes que nada, creo que es importante tomar conciencia de que estamos vivos y también de lo que estamos haciendo, para no lamentar más adelante lo que vivimos sin darnos cuenta y el tiempo que desperdiciamos. También vale la pena preguntarnos –como Camus– si la vida vale la pena de vivirse y darnos una respuesta. Por desgracia, la mayor parte de seres humanos pasa por este mundo sin darse cuenta, guiados por las circunstancias y las necesidades más inmediatas[1]. Muchos de ellos porque no tienen otro camino.


Los que tenemos la suerte de escoger tendríamos que tomar la oportunidad de ser conscientes del inmenso regalo que es la vida y vivirla en consecuencia, plena de lucidez y libertad, sabiendo que son pocas las veces en que en verdad escogemos y que nuestras decisiones son guiadas por nuestra experiencia consciente y subconsciente.


En la Apología de Sócrates, Platón, le hace decir a su maestro “Una vida sin examen no merece la pena ser vivida”, es decir, en términos más modernos, que la vida debe ser reflexionada. Los grandes maestros, incluido Jesús de Nazaret, han meditado antes de escoger su camino y antes de tomar grandes decisiones. La pausa u oración diaria en la que revisamos nuestro día y planificamos el siguiente son una práctica muy útil para este fin. La filosofía en la antigüedad enseñaba el arte de vivir y no era un conjunto de doctrinas abstractas. Deberíamos rescatar esta idea: filosofar (reflexionar) para encontrar la mejor forma de vivir nuestra vida.


Las preguntas clásicas de la filosofía: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo? y ¿adónde voy?, nos pueden a ayudar. Aunque sabemos que no tienen respuestas definitivas y universalmente aceptadas, podemos darles soluciones personales y a partir de ellas escoger nuestro camino o variarlo. Preguntarnos ¿por qué y para qué existo?, ¿hago lo que en realidad quiero? y ¿cómo puedo mejorar mi vida?, puede ayudarnos a tomar decisiones o a corregir las que tomamos en el pasado.


Algo que en lo personal me ha ayudado es buscar mi misión en la vida. Tuve que cavar en lo más hondo de mí mismo para encontrar allí mi razón de ser, mis virtudes y mis defectos, lo que me gusta y lo que no me gusta, mis apegos y limitaciones. ¿Para que estoy aquí? ¿Cómo quisiera que hubiera sido mi vida cuando esté muriendo? Saber para qué hemos sido creado –si existe un creador– puede enrumbar nuestras vidas haciéndolas más trascendentes, aunque escojamos lo simple y sencillo. El ‘éxito’ no suele ser el camino de la realización.


Me gusta mucho la afirmación de Nelson Mandela: "Lo que cuenta en la vida no es el mero hecho de haber vivido. Son los cambios que hemos provocado en las vidas de los demás lo que determina el significado de la nuestra". Alguien le atribuyó ésta que casi dice lo mismo: “hay que lograr que el día que nos vayamos el mundo sea un poquito mejor que cuando vinimos”. Hay otras varias de Mandela que me parecen muy acertadas: “La mayor gloria no es no caer nunca, sino levantarse siempre”. "Ninguno de nosotros puede lograr el éxito actuando solo y por sí mismo". La verdadera realización no es individual. Somos seres sociales y nuestro ser está vinculado a la familia y cultura en las que crecemos. Al final, somos parte de la humanidad que habita en nosotros mismos.


Otra idea que es de gran importancia en el camino de encontrar el sentido de la vida es la de ser y no de tener. Nuestra civilización ha privilegiado el tener hasta tal punto que ha resultado en que la gente crea que hay una cierta equivalencia. Nada más lejano a la verdad, como lo demuestra Erich Fromm en su libro ‘Tener o ser’. En nuestros tiempos, la identidad del individuo no está determinada por lo que es, sino por lo que tiene. Erróneamente, las personas creen ser más cuando tienen más. En realidad, el camino es el de ser: trabajar en la construcción de uno mismo para ser mejor cada día.


Fromm, propone un humanismo radical cuyas características principales serían: que el trabajo sirva para satisfacer las necesidades de las personas y no las de la economía; que la relación con la naturaleza se centre en cuidarla; que la competitividad sea reemplazada por la búsqueda de ser competente y por la solidaridad; que el objetivo sea el bienestar humano tratando de evitar el sufrimiento; que el consumismo sea sustituido por la sensatez en el consumo y todos participen en la vida social.


Una utopía que podemos hacer realidad.


Hay una frase de Nietzsche que dice: “Quién tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”[2]. Creo que la sobrevivencia de algunas personas en los campos de concentración nazis la confirman. Por otro lado, Viktor Frankl hace otra afirmación importante “…el sentido de la vida difiere de un hombre a otro, de un día a otro, de una hora a otra. Por tanto, lo que importa no son las formulaciones abstractas, sino el sentido concreto de la vida de un individuo en un momento dado”.[3] Más adelante agrega: “En última instancia, el hombre no debería cuestionarse sobre el sentido de la vida, sino comprender que es a él a quien la vida interroga.


En otras palabras, la vida pregunta por el hombre, cuestiona al hombre, y este responde de una única manera: respondiendo de su propia vida y con su propia vida. Sólo con la responsabilidad personal se puede contestar a la vida”.[4] La recomendación de Frankl es: “Actúa como si vivieras por segunda vez y la primera la hubieras hecho tan desacertadamente como estás a punto de hacerlo ahora”.[5] Luego dice que: “…el sentido de la vida debe buscarse en el mundo, no dentro del ser humano o de la psique, como si fueras un sistema cerrado… La autorrealización, por sí misma, no puede ser una meta. El mundo no debe considerarse como expresión de uno mismo, ni como mero instrumento, ni un medio para la realización”.[6]


El bien no está en los objetos externos, sino en el dominio de uno mismo. La mayor parte de las cosas que nos afectan no tienen que ver con lo que nos sucede, sino con la manera en que evaluamos lo que nos sucede. Si los hechos provocan las emociones, porque un mismo hecho provoca reacciones distintas en las personas. “No es lo que te pasa, sino cómo reaccionas a lo que te pasa”. Epicteto. ¿Qué cosas están en nuestro poder y cuáles no están? ¿Qué cosas dependen de nosotros y cuáles no? Frente a los problemas tendríamos que preguntarnos si su solución depende de nosotros.


Debemos concentrarnos en lo que sí depende de nosotros. Uno se puede enojar cuando alguien lo insulta o no darse por aludido y continuar con lo que está haciendo. Conviene evaluar los sentimientos frente a la situación. Hay cosas que puedo cambiar y otras que no. Necesitamos la sabiduría para distinguir entre ambas.



[1] “Una vez que uno encuentra mujer y trabajo, ya no se formula más preguntas sobre la vida.” Hegel (citado por Roxana Kreimer en su libro ‘El sentido de la vida’.

 

[2] Citado por Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido. Herder. Barcelona, 2022. Pág. 132

[3] Viktor Frankl. Obra citada. Pág. 136

[4] Ibidem. Pág. 137

[5] Ibidem. Pág. 137

[6] Ibidem. Pág. 138

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