top of page

El retorno de la “Era de los Imperios”

El mundo como tablero de intercambio entre EEUU, China y Rusia





La historia parece haber trazado un círculo perfecto, devolviéndonos a una era que creíamos superada por el derecho internacional. Si en la Conferencia de Berlín de 1884 las potencias europeas se repartieron el continente africano con escuadra y cartabón sobre un mapa, y en la Guerra Fría el mundo se fracturó tras el "Telón de Acero" en una paz armada de suma cero, el escenario contemporáneo es una síntesis de ambos horrores.


Estamos ante una nueva arquitectura de dominio donde el control territorial del siglo XIX se fusiona con la sofisticación tecnológica y económica del siglo XXI. En esta reedición del "Gran Juego", las soberanías nacionales son tratadas como simples activos en una hoja de balance imperial: mientras el bloque euroasiático liderado por China y Rusia intenta resquebrajar los muros de la hegemonía occidental, Estados Unidos se repliega en una defensa feroz de sus dominios tradicionales.


El resultado no es solo una competencia comercial, sino una redistribución táctica de la lealtad de los Estados, donde el destino de Taiwán, el asedio a Venezuela o la fragmentación de Ucrania no son eventos aislados, sino los nuevos hitos de una cartografía imperial que vuelve a ignorar la voluntad de los pueblos en favor del equilibrio entre gigantes.



1. El Neorrealismo y la muerte del idealismo internacional


El orden liberal basado en reglas, que supuestamente regía el mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, ha colapsado bajo el peso de un neorrealismo descarnado. En esta visión, el derecho internacional es una ficción útil solo cuando conviene a los poderosos. Hoy, asistimos a una cartografía del poder donde la soberanía no es un derecho inherente de los Estados, sino una concesión de las potencias dominantes.


Bajo esta lógica, el asedio económico a Venezuela y Cuba por parte de Washington no es solo una cuestión de "democracia", sino una reafirmación de la Doctrina Monroe en el siglo XXI: el control absoluto del hemisferio occidental como seguro de vida geopolítico. Mientras tanto, China utiliza su músculo militar en el estrecho de Taiwán para demostrar que la era del predominio naval estadounidense en el Pacífico ha terminado.


Esta dinámica sugiere que las potencias están dispuestas a tolerar las "líneas rojas" del otro a cambio de reciprocidad en sus propias áreas de influencia, transformando a naciones enteras en meras piezas de un ajedrez global donde el objetivo no es la justicia, sino el equilibrio de fuerzas.


2. El eje del Caribe: Venezuela y Cuba como monedas de cambio


Para Estados Unidos, la persistencia de los modelos políticos en Venezuela y Cuba representa una anomalía en su esfera de seguridad inmediata. El recrudecimiento del bloqueo y las sanciones no busca simplemente un cambio de régimen, sino la erradicación de plataformas que permitan la entrada de influencias euroasiáticas en América Latina. Sin embargo, en la lógica del "reparto del mundo", la presión sobre Caracas y La Habana podría funcionar como una ficha de negociación: Washington podría suavizar o intensificar su control en el Caribe dependiendo de las concesiones que obtenga en otros teatros de operaciones.


Si Pekín o Moscú deciden retirar ciertos apoyos estratégicos en la región a cambio de manos libres en sus propias fronteras, Venezuela y Cuba se encontrarían en una posición de extrema vulnerabilidad. Aquí, el neorrealismo dicta que la lealtad ideológica es secundaria frente a la supervivencia del Estado central, lo que convierte a estas naciones en activos que pueden ser "vendidos" o "comprados" simbólicamente en la alta diplomacia de las sombras.


3. Taiwán y el destino del Pacífico occidental


Para Pekín, Taiwán no es una ficha de cambio, sino el núcleo de su identidad nacional y su seguridad existencial. Los ejercicios militares sin precedentes alrededor de la isla son una declaración de que China está lista para desafiar la hegemonía del dólar y el portaaviones estadounidense. No obstante, en la gran arquitectura imperial, el "problema de Taiwán" se conecta con el Caribe.


Existe una posibilidad tácita de que el mundo se encamine hacia un entendimiento de no interferencia: "Yo no intervengo decisivamente en tu reunificación con Taiwán si tú respetas mi hegemonía sobre los recursos y gobiernos de América Latina". Este intercambio de "ojos cerrados" permitiría a China consolidar su "Sueño Chino" a cambio de permitir que Estados Unidos purgue su patio trasero de influencias antagónicas, creando un sistema bicefálico donde la estabilidad se compra al precio de la autodeterminación de los pueblos periféricos.


4. El factor ruso: Ucrania y la geopolítica del desmembramiento


La entrada de Rusia en este entramado a través de la invasión a Ucrania completa el triángulo del nuevo orden imperial. La guerra en Ucrania no es solo un conflicto territorial, sino la manifestación violenta del rechazo ruso a la expansión de la OTAN en lo que considera su "extranjero cercano". El neorrealismo aplicado aquí sugiere que el desenlace del conflicto podría implicar una cesión formal o de facto de territorios (Crimea y el Donbás) a cambio de una paz precaria que reconozca a Rusia como el guardián de la seguridad en Eurasia.


En este escenario de reparto, Ucrania corre el riesgo de ser el "Taiwán europeo": una nación cuya integridad territorial es sacrificada por las potencias occidentales para evitar una conflagración nuclear directa con Moscú. Si Estados Unidos acepta la mutilación territorial de Ucrania a cambio de que Rusia se aleje de la órbita de defensa china o detenga su expansión en el Ártico, estaríamos ante el ejemplo más claro de cómo se redistribuyen las fronteras en el siglo XXI.


5. La triangulación del poder: ¿un nuevo Yalta?


Estamos presenciando una suerte de "Yalta permanente", donde las cumbres diplomáticas y las escaramuzas militares son los mecanismos para actualizar las áreas de influencia. En este reparto, el mundo se fragmenta en bloques económicos y militares cerrados. Rusia busca el control de los suministros energéticos y la seguridad territorial en Europa del Este; China persigue el dominio tecnológico y naval en el Sudeste Asiático; y Estados Unidos intenta reindustrializarse mientras mantiene el control financiero y político de las Américas.


La interconexión entre la suerte de Taiwán, la supervivencia del eje Venezuela-Cuba y la fragmentación de Ucrania revela que los conflictos locales ya no son aislados. Una concesión en el Mar de la China Meridional puede ser el pago por una retirada rusa de ciertos intereses en el Caribe o por una zona de exclusión en los Balcanes. El mundo ya no se divide por ideologías (democracia vs. autoritarismo), sino por la capacidad de los imperios para proyectar fuerza y negociar territorios ajenos.


6. La nueva arquitectura imperial y el fin de la autonomía


El resultado final de esta dinámica es una nueva arquitectura imperial que margina a las instituciones multilaterales como la ONU. En esta era, la autonomía de las naciones periféricas es una ilusión que dura tanto como la paciencia de las potencias. La estabilidad global del siglo XXI se fundamenta en un equilibrio del terror y de intereses económicos compartidos entre las élites de Washington, Pekín y Moscú.


Para los países pequeños o medianos, el desafío ya no es elegir entre capitalismo o socialismo, sino decidir a qué imperio servir o cómo sobrevivir en las zonas de fricción entre ellos. Mientras el mundo observa las maniobras militares en Taiwán o las sanciones en Venezuela, lo que realmente se está gestando es el mapa de un nuevo siglo donde las fronteras son fluidas y el destino de millones de personas se decide en despachos cerrados, lejos de los principios de soberanía que una vez prometió el derecho internacional.


7. El Perú como “hub” imperial: entre el puerto de Chancay y la Doctrina Monroe


En el contexto del reparto del mundo, el Perú se ha transformado en el escenario de una "guerra de puertos y estándares". La inauguración del Megapuerto de Chancay —financiado y operado por la estatal china Cosco Shipping— es mucho más que una obra de infraestructura; es la consolidación de una "punta de lanza" de Pekín en el corazón del Pacífico sudamericano. Para China, Perú es la puerta de salida para los recursos de la región (soja brasileña, litio del triángulo sur y cobre peruano) hacia Shanghái.


Para Estados Unidos, este puerto es visto con los ojos del realismo militar: una potencial base de "doble uso" que rompe el aislamiento estratégico que Washington ha intentado mantener sobre el continente. En este sentido, el Perú corre el riesgo de ser el "Taiwán invertido": mientras EE.UU. protege a Taiwán para contener a China en Asia, China utiliza al Perú para proyectar su sombra comercial y logística en el hemisferio que Washington considera su zona de exclusividad natural.


8. ¿La trampa de la "neutralidad activa"?


El Estado peruano ha intentado jugar la carta de la "neutralidad activa", buscando los beneficios del comercio chino (siendo China su principal socio comercial y dueño de gran parte de su distribución eléctrica) sin romper la alianza de seguridad y valores con Estados Unidos. Sin embargo, en un mundo de bloques cerrados, esta posición es cada vez más insostenible. El neorrealismo actual no permite zonas grises. Washington ha respondido con presiones diplomáticas y comerciales, advirtiendo que la "exclusividad" operativa de empresas chinas en infraestructuras críticas compromete la seguridad hemisférica. El Perú se encuentra, por tanto, en una encrucijada existencial:


  • Si se inclina hacia Pekín, arriesga sanciones o represalias arancelarias de una administración estadounidense que ya no tolera la ambigüedad en su vecindario.

  • Si intenta limitar la influencia china, pone en peligro el flujo de inversiones que mantiene a flote su economía extractiva.


En este nuevo orden, el Perú no es solo un exportador de materias primas, sino el punto de fricción donde el poder naval chino toca tierra en América, obligando al país a decidir si será el "Singapore de Latinoamérica" o el campo de batalla de una guerra fría económica que ya ha comenzado.

Noticias

bottom of page