Donald Trump y la última crisis del universalismo liberal
- Ricardo Falla Carrillo

- hace 4 días
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En las páginas que siguen, nos proponemos analizar una de las mutaciones más profundas de nuestra época: el tránsito de un orden mundial basado en un universalismo legalista hacia uno definido por la crudeza del poder. Tomando como eje la figura de Donald Trump, este ensayo desglosa cómo la praxis política contemporánea ha desnudado las ilusiones del liberalismo global, devolviéndonos a un escenario que Friedrich Nietzsche y Hans Morgenthau ya habían cartografiado.
A través de un recorrido que une la filosofía de la voluntad, la teoría de las relaciones internacionales y la narrativa distópica, invitamos al lector a reflexionar sobre si estamos ante un simple cambio de liderazgo o ante la consumación de una tragedia política donde la fuerza, una vez más, se impone como la única medida de la verdad.
1. El retorno del realismo: La política como lucha existencial
En el complejo escenario global de 2026, la figura de Donald Trump no representa únicamente un fenómeno electoral o un estilo de liderazgo disruptivo; constituye, fundamentalmente, una ruptura ontológica con el orden establecido tras la Segunda Guerra Mundial. Su retorno al poder y la consolidación definitiva de la doctrina "America First" pueden ser interpretados como la aplicación más cruda y contemporánea de los principios del realismo político de Hans Morgenthau y la manifestación política de la "voluntad de poder" nietzscheana. Trump ha despojado a la política exterior de sus tradicionales ropajes morales y cosmopolitas, revelando que, bajo la retórica de la cooperación internacional, late un pulso incesante de dominio, supervivencia y competencia descarnada.
El presente ensayo analiza el fenómeno Trump como el punto de partida para desentrañar lo que denominamos la naturaleza trágica de lo político. A través del realismo clásico de Hans Morgenthau, la crítica sistémica de John Mearsheimer, la ontología de Friedrich Nietzsche y la distopía literaria de José B. Adolph, exploraremos cómo el orden mundial ha pasado del "sueño liberal" a una realidad de fuerzas materiales donde la voluntad de poder se erige como el único criterio de verdad.
2. Trump y el animus dominandi: El fin del velo moral
Para Hans J. Morgenthau (1948), el realismo político no es una elección ética, sino el reconocimiento de una realidad objetiva: la política está gobernada por leyes que tienen sus raíces en la naturaleza humana. El primer principio de su obra cumbre, Politics Among Nations, establece que el interés nacional debe definirse estrictamente en términos de poder. Donald Trump encarna esta visión con una pureza que incomoda a las élites tradicionales. Al tratar las relaciones internacionales no como un proyecto de difusión de valores democráticos o derechos humanos, sino como una lucha de suma cero por la preeminencia económica y militar, Trump devuelve la política a su estado primigenio.
Morgenthau identificaba en la raíz de toda acción política el animus dominandi, un impulso natural de dominio que busca asegurar la supervivencia y el crecimiento de la unidad estatal frente a un entorno intrínsecamente anárquico. Trump, al priorizar el balance comercial, la repatriación de capitales y la soberanía radical sobre los acuerdos multilaterales, actúa conforme a este impulso. Su desconfianza hacia las instituciones internacionales (la ONU, la OMC o la OMS) y las alianzas tradicionales como la OTAN no debe entenderse como un aislamiento irracional o un capricho personal. Es, desde la óptica de Morgenthau, una manifestación del escepticismo realista ante el "derecho internacional" cuando este pretende actuar como un limitante del poder nacional sin poseer una base de fuerza real que lo respalde.
En la teoría de Morgenthau, las naciones suelen utilizar la moralidad universal como un ropaje para ocultar sus verdaderos objetivos de poder. Trump, sin embargo, ha tenido el efecto de "desvestir" al imperio. Al adoptar un enfoque puramente transaccional —donde la lealtad se mide en facturas pagadas y el apoyo militar en concesiones económicas—, ha reducido la diplomacia a la gestión de fuerzas materiales. Este comportamiento refleja la "autonomía de la esfera política" defendida por Morgenthau: el líder debe actuar con prudencia, entendida como la ponderación de las consecuencias para el poder nacional, por encima de cualquier mandato ético abstracto que pueda debilitar al Estado.
3. Nietzsche y el mundo como juego de fuerzas
Esta conducta política, que muchos tildan de cínica, encuentra su justificación más profunda en la filosofía de Friedrich Nietzsche. En su obra póstuma La voluntad de poder, Nietzsche (1901/1967) nos presenta un mundo que es un "mar de fuerzas", un flujo perpetuo de formas que se crean y se destruyen a sí mismas en una danza dionisíaca de autoafirmación. Para Nietzsche, la vida misma es voluntad de poder: "este mundo es voluntad de poder, ¡y nada más! ¡Y vosotros mismos sois también esa voluntad de poder y nada más!" (p. 550).
La figura de Trump resuena con el concepto nietzscheano del "post-moralismo". Como bien señala Stevens (2002), Nietzsche nos invita a una "preliminar para el futuro de la filosofía" donde se reconozca la honestidad de la fuerza. El estilo trumpista, caracterizado por la afirmación del "yo" nacional sin disculpas y el desprecio por la corrección política —que Nietzsche identificaría como una forma de "moral de esclavos"—, es una respuesta al nihilismo moderno. Ante la caída de los viejos ídolos de la razón ilustrada y el progreso inevitable, Trump afirma su voluntad como el nuevo centro de gravedad de la política estadounidense.
Desde esta perspectiva, la política deja de ser un debate sobre lo "justo" o lo "bueno" en términos universales para convertirse en una competencia por lo "efectivo" y lo "potente". Trump no es un accidente de la historia, sino la culminación de un proceso de sinceramiento ontológico: la voluntad de poder se ha vuelto consciente de sí misma y ya no necesita la máscara de la benevolencia. Como sugiere Stevens (2002), en un mundo donde Dios ha muerto y los valores supremos se han desvalorizado, solo queda la afirmación de la voluntad que es capaz de imponer su interpretación de la realidad sobre las demás.
4. Mearsheimer y el colapso del "gran engaño" liberal
El fenómeno Trump no ocurre en el vacío, sino sobre las ruinas de lo que John J. Mearsheimer (2018) denomina "el gran engaño liberal". Tras el fin de la Guerra Fría, la hegemonía estadounidense intentó remodelar el mundo bajo la premisa de que las democracias liberales, el comercio global y las instituciones internacionales traerían una paz perpetua. Mearsheimer sostiene que esta fue una quimera trágica. El liberalismo, aunque es una ideología interna poderosa, es una guía desastrosa para la política exterior porque ignora la persistencia del nacionalismo y el realismo (Mearsheimer, 2018, p. 122).
Trump es el ejecutor de este cambio de paradigma. Al abandonar la ilusión de que Estados Unidos debe ser el "policía del mundo" para proteger un orden liberal que, según su visión, solo ha servido para debilitar la base industrial de su propio país, Trump se alinea con el realismo estructural de Mearsheimer. En un sistema internacional anárquico, la única garantía de seguridad es la acumulación de poder relativo. Mearsheimer explica que el "dilema de seguridad" es inevitable: el esfuerzo de una nación por estar segura inevitablemente genera inseguridad en otras.
Trump acepta esta tragedia con naturalidad. Su política de aranceles, la renegociación de tratados y el uso del dólar como arma son herramientas de una voluntad que entiende que el orden global no es una comunidad de amigos, sino un campo de competidores feroces. La voluntad de poder ya no se disfraza de "intervencionismo humanitario", sino que se muestra como una estrategia de supervivencia nacional. Mearsheimer (2018) advierte que cuando una gran potencia ignora el realismo en favor del idealismo liberal, termina provocando inestabilidad y conflictos innecesarios. Trump, al abrazar el realismo de manera explícita, paradójicamente busca evitar las "guerras eternas" del liberalismo, prefiriendo la competencia económica directa y el equilibrio de fuerzas.
5. La política radical: entre la prudencia de Morgenthau y el cinismo
Es fundamental discernir si este realismo trumpista es una forma de sabiduría política o simplemente una forma degradada de pragmatismo. William E. Scheuerman (2011), en su análisis sobre Hans Morgenthau, destaca que el realismo original contenía una veta de "política radical". Morgenthau no era un apologista del poder bruto, sino un pensador que creía que solo reconociendo la primacía del poder se podía construir una diplomacia capaz de evitar la catástrofe nuclear.
Para Morgenthau, la virtud suprema del estadista es la prudencia. Trump, sin embargo, a menudo confunde la prudencia con la impulsividad transaccional. Mientras que Morgenthau buscaba el "equilibrio de poder" como un mecanismo sistémico para la estabilidad, la voluntad de poder trumpista a veces parece buscar solo la perturbación del sistema para obtener ventajas inmediatas. Scheuerman (2011) nos recuerda que el realismo de Morgenthau estaba impregnado de una conciencia de la tragedia humana: el reconocimiento de que nuestras aspiraciones morales siempre chocan con las limitaciones de nuestra naturaleza.
El riesgo del enfoque que Trump representa es que, al despreciar totalmente las estructuras normativas y las alianzas de largo plazo, puede terminar erosionando la misma base de poder que intenta proteger. Si la voluntad de poder se vuelve puramente dionisíaca —caótica, destructiva y centrada solo en el presente—, pierde la capacidad de construir un orden duradero. Morgenthau abogaba por una "paz a través del acomodo", no por una dominación que genere una resistencia universal.
6. De la Casa Blanca a la distopía: el espejo de José B. Adolph
Para comprender hacia dónde nos conduce este camino de realismo descarnado y voluntad de poder sin límites éticos, debemos acudir a la literatura de anticipación. En la narrativa peruana, José B. Adolph nos ofreció en 1984 una visión profética en su novela Mañana, las ratas. En este universo distópico, el Estado-nación ha sido sustituido por corporaciones transnacionales que gestionan la realidad bajo criterios de pura eficiencia y fuerza.
La conexión entre el trumpismo y la visión de Adolph (1984) es inquietante. Trump ha dirigido el Estado como si fuera una corporación, priorizando el "acuerdo" (the deal) sobre la ley y el "ganador" sobre el ciudadano. En la distopía de Adolph, la sociedad está dividida de forma absoluta entre los "incluidos", que gozan de la protección tecnológica de las corporaciones, y los "excluidos" o "ratas", que habitan la miseria de un mundo sin ley. Esta es la conclusión lógica de una voluntad de poder que se desvincula de cualquier responsabilidad social o moral universal.
Adolph nos muestra que, cuando la política se reduce a la gestión de fuerzas y el interés se define únicamente como beneficio propio, la humanidad se desvanece. En Mañana, las ratas, la técnica y el poder corporativo han alcanzado tal nivel de perfeccionamiento que el hombre ya no es el fin, sino un residuo. Si el realismo de Morgenthau y el nacionalismo de Trump se llevan a su extremo, corremos el riesgo de habitar un mundo donde la soberanía nacional sea reemplazada por la soberanía del capital más fuerte, y donde la política, entendida como búsqueda del bien común, muera definitivamente ante la administración del dominio.
7. La voluntad de poder y el nihilismo técnico
Friedrich Nietzsche profetizó que el nihilismo sería el destino de Europa y de la cultura occidental. El nihilismo no es la ausencia de poder, sino el momento en que el poder se ejerce sin un "para qué". En el contexto de Trump, vemos una voluntad de poder que se afirma a sí misma constantemente (a través de redes sociales, mítines y demostraciones de fuerza económica), pero que parece carecer de un proyecto civilizatorio más allá de la recuperación de una grandeza pasada (el "Again" de su eslogan).
Este es el peligro que Stevens (2002) identifica en la lectura post-moralista de Nietzsche: la posibilidad de que la voluntad de poder se convierta en una "voluntad de nada", un ejercicio de fuerza por la fuerza misma. En la era de la inteligencia artificial, el control algorítmico y la desinformación masiva, el líder realista utiliza estas herramientas técnicas para consolidar su mando. Adolph (1984) ya advertía que la tecnología sería la aliada perfecta del poder amoral. En su novela, el control no se ejerce a través del derecho, sino a través de la exclusión técnica. Trump, con su uso disruptivo de la comunicación y su enfoque en las "verdades alternativas", ha demostrado que la voluntad puede moldear la percepción de la realidad, un paso fundamental hacia el control total que Adolph describió.
8. El realismo como responsabilidad trágica
Al situar a Donald Trump como el eje de esta reflexión, descubrimos que su figura obliga a la teoría política contemporánea a volver a sus fundamentos más incómodos. El diálogo entre Morgenthau, Nietzsche, Mearsheimer y Adolph revela que no estamos ante una anomalía pasajera, sino ante una condición trágica en la historia.
La política, muy al pesar nuestro, no es un campo de flores morales, sino un "mar de fuerzas" donde la supervivencia es el primer deber. Negar esta realidad, como advirtió Mearsheimer (2018), nos deja indefensos ante aquellos que han comprendido que la verdad en la esfera internacional es una función del poder. Sin embargo, la lección de Morgenthau (1948) sigue siendo nuestra tabla de salvación: el reconocimiento del poder no debe ser una invitación a la tiranía o al caos, sino el punto de partida para construir un equilibrio de fuerzas que sea capaz de contener la violencia.
La voluntad de poder, cuando es consciente de su propia trágica naturaleza, puede dar paso a una "gran política" que busque la estabilidad. Pero cuando la voluntad de poder se convierte en mero capricho o en la fría eficiencia de las corporaciones de Adolph, el ser humano queda reducido a la condición de "rata".
9. Consideraciones finales: El desafío para el pensamiento contemporáneo
El fenómeno Trump marca el fin definitivo de la inocencia liberal que caracterizó el fin del siglo XX. Nos enfrentamos a una era donde el interés nacional y la fuerza bruta han regresado al centro del escenario, desprovistos de las máscaras humanitarias del pasado. La advertencia de José B. Adolph en Mañana, las ratas debe servirnos como un recordatorio constante: una voluntad de poder sin límites humanos y sin una visión ética del "otro" conduce inevitablemente a la deshumanización técnica.
El realismo de Hans Morgenthau nos ofrece, en cambio, una vía intermedia: aceptar la naturaleza conflictiva de la política para gestionarla con prudencia y sabiduría. En este 2026, la voluntad de poder es nuestro destino, pero la forma en que decidamos comprenderla, limitarla y encauzarla determinará si nuestro futuro será el de ciudadanos capaces de coexistir en un mundo plural, o el de las sombras que habitan las murallas de una distopía donde el poder ya no necesita de los hombres para perpetuarse. La tragedia de lo político no es el conflicto, sino la pérdida de la capacidad de reconocer en el otro una voluntad tan legítima y sufriente como la nuestra.
Referencias bibliográficas
Adolph, J. B. (1984). Mañana, las ratas. Mosca Azul Editores.
Mearsheimer, J. J. (2018). The Great Delusion: Liberal Dreams and International Realities. Yale University Press.
Morgenthau, H. J. (1948). Politics Among Nations: The Struggle for Power and Peace. Alfred A. Knopf.
Nietzsche, F. (1967). The Will to Power (W. Kaufmann & R. J. Hollingdale, Trans.). Vintage. (Obra original publicada en 1901).
Scheuerman, W. E. (2011). Hans Morgenthau: Realism and Radical Politics. Polity Press.
Stevens, J. (2002). Nietzsche's Post-moralism: Essays on Nietzsche's Prelude to Philosophy's Future. Cambridge University Press.













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