Bartolomé Herrera y el conservadurismo
- Ricardo Falla Carrillo

- 29 abr
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El pensamiento conservador de Bartolomé Herrera (Lima, 1808- Arequipa, 1864) fue la primera respuesta intelectual, quizás la más articulada, frente a la crisis de legitimidad y la anarquía caudillista del Perú decimonónico. A través de un análisis de sus textos, examinaremos los pilares del conservadurismo peruano: el providencialismo, la soberanía de la inteligencia y el organicismo social. En sus escritos, podremos observar su enconada oposición al liberalismo, fundamentada en su crítica al racionalismo ilustrado y la defensa de una tradición hispano-católica como base de la identidad nacional. Con esta primera entrega, damos inicio a una serie de textos que buscan divulgar las obras de nuestros autores fundamentales.
El Conservadurismo como respuesta a la disolución republicana
El estudio del siglo XIX peruano - especialmente de las décadas del 30 al 60-, nos sitúa frente a un escenario de tensiones irresolubles entre la herencia virreinal y la promesa republicana. En este contexto, Bartolomé Herrera emerge no solo como un actor político, sino como el constructor de una propuesta intelectual que intentó dotar de sentido a una nación que parecía desmoronarse en manos del caudillismo. Para aproximarnos a su obra, es importante definir el conservadurismo no como un inmovilismo ciego, sino como una disposición política que prioriza la preservación de las instituciones tradicionales frente a los cambios abruptos dictados por la razón abstracta. El conservadurismo se fundamenta en una antropología pesimista que concibe al ser humano como una criatura inclinada al desorden, que requiere de estructuras externas —la religión, la familia y un Estado fuerte— para alcanzar su perfeccionamiento.
Herrera encarna esta visión al entender que la sociedad es un organismo vivo que evoluciona históricamente, y no un mecanismo artificial creado por un contrato social. Su conservadurismo es una reacción ante lo que percibía como el germen de la disolución social: el liberalismo radical. En adelante, analizaremos cómo su pensamiento intentó restaurar el principio de autoridad en medio de la anarquía, fundamentando su propuesta en la "soberanía de la inteligencia" y una crítica mordaz a la soberanía popular.
La génesis del pensamiento herreriano en la anarquía caudillista
La obra de Herrera no puede entenderse fuera del caos que siguió a la independencia. El Perú de las primeras décadas republicanas fue un territorio fragmentado donde la ausencia de una clase dirigente sólida dio paso al "primer militarismo". Los caudillos se disputaban el poder en un ciclo interminable de guerras civiles que Herrera interpretó como una profunda crisis moral. Para el rector carolino, el desorden era la consecuencia de haber adoptado principios liberales ajenos a la idiosincrasia nacional. Esta percepción se condensa en una de sus sentencias más célebres de su sermón de 1846: "La libertad que predican los liberales es la libertad de la selva, donde el más fuerte o el más astuto devora al débil. La verdadera libertad civil es la que nace de la ley justa y de la autoridad respetada" (Herrera, 1846/1929a, p. 65).
En la metáfora de la "selva", Herrera condensa una crítica al estado de naturaleza que había propuesto Hobbes y que, según él, el liberalismo había instaurado en el Perú. Al denunciar que la libertad sin orden se traduce en la ley del más fuerte, Herrera está radiografiando la realidad del caudillismo: el ascenso de militares que, amparados en el vacío legal y la retórica de derechos abstractos, devoran la institucionalidad del Estado. Para el pensador, la libertad civil no es un derecho preexistente que se reclama contra el poder, sino un beneficio que el ciudadano recibe únicamente cuando se somete a una autoridad legítima y racional. Así, el orden no es el enemigo de la libertad, sino su única garantía posible frente a la rapiña de los ambiciosos.
La “soberanía de la inteligencia”: contra la "Blasfemia" Popular
El núcleo duro del pensamiento herreriano reside en su impugnación a la soberanía popular, a la cual calificó de "blasfemia política". Su propuesta alternativa es la soberanía de la inteligencia, concepto que sostiene que el derecho de gobernar no es un atributo de la voluntad masiva, sino una función de la capacidad cognitiva y moral para discernir el bien común. Herrera (1846/1929b) es tajante en sus artículos de El Comercio: "La sociedad no nace de un contrato social entre individuos iguales, sino de un orden jerárquico establecido por Dios, donde la autoridad reside en la 'inteligencia' y no en el número o la voluntad de las masas" (p. 142).
Con este planteamiento, Herrera se opuso radicalmente con la tradición contractualista de Rousseau y Locke. Su comentario apunta a que la legitimidad política no puede ser el resultado de un consenso de voluntades individuales —siempre erráticas y pasionales—, sino que debe fundarse en el reconocimiento de una jerarquía natural que es divina por origen. Para Herrera, la "inteligencia" es el órgano mediante el cual el hombre descubre las leyes eternas; por ende, solo quienes poseen esta capacidad cultivada tienen el derecho moral de dirigir el cuerpo social. Al oponer el "número" (la mayoría) a la "inteligencia" (la élite), Herrera defiende una aristarquía espiritual que busca sustraer al Estado del capricho de las masas ignorantes, que para él son solo instrumentos de los demagogos.
Identidad católica y la condición del indio: el cuerpo místico nacional
Herrera concibe la identidad nacional como un bloque indisoluble con la fe católica. Para él, el Perú es una realidad espiritual forjada durante tres siglos de presencia hispánica. En su Discurso de 1851, afirma con vigor: "Somos un pueblo de Dios, un pueblo que debe brillar en América por su orden y su fe. El Perú será católico o no será nada, pues su origen y su destino están ligados a la cruz que España trajo a estas tierras" (Herrera, 1851/1934a, p. 88).
Esta afirmación trasciende lo puramente religioso para convertirse en una tesis histórica sobre la esencia del ser peruano. Herrera sostiene que la ruptura política con España no debió implicar una ruptura con la cristiandad, pues la fe católica actúa como el cemento moral que unifica a las diversas castas y regiones. Para el pensador, la secularización liberal no es un progreso, sino una mutilación del alma nacional que deja al país sin brújula ética. Al proclamar que el Perú "no será nada" fuera del catolicismo, Herrera advierte que una nación sin una raíz trascendente común está condenada a la fragmentación perpetua y a la pérdida de su destino providencial en el continente.
La identificación total llevó a Herrera a rechazar la igualdad abstracta del liberalismo, especialmente en lo que respecta a la población indígena. En su Memoria de 1849, criticó que el liberalismo haya despojado al indio de la protección del orden antiguo sin darle nada a cambio: "El derecho de los indios es ser gobernados con amor y justicia por quienes poseen la luz de la inteligencia. Pretender que ellos ejerzan la soberanía es una crueldad que los entrega a los demagogos, quienes los usan como carne de cañón para sus revoluciones" (Herrera, 1849/1934b, p. 45).
La concepción de nuestro pensador conservador sobre la condición indígena es profundamente paternalista, nace de una observación sociológica del abandono que sufrió esta población tras la independencia. Al proponer que el derecho del indio es ser "gobernado con amor", Herrera rechaza la ficción jurídica de la ciudadanía igualitaria, la cual considera una trampa que expone al indígena a la explotación de los gamonales y al engaño de los caudillos. Para Herrera, el indio se halla en una minoría de edad civil; por tanto, la caridad cristiana y la tutela del Estado inteligente son preferibles a una libertad política que el indígena no puede ejercer y que solo sirve para que otros lucren con su miseria.
La oposición al liberalismo y la moral de la obediencia
Herrera arremetió contra el liberalismo porque veía en él una fuerza que atomizaba la sociedad. Frente a esto, Herrera propone la obediencia como la principal virtud del ciudadano. Esta idea queda plasmada en su sermón aniversario: "El día que el presidente, el juez y el soldado sean vistos como ministros de la voluntad divina, ese día el Perú habrá encontrado su camino. Vuestro derecho es vivir en paz, bajo el amparo de la religión y de un gobierno que busque el bien común sin adulaciones al populacho" (Herrera, 1846/1929a, p. 72).
En este pasaje, Herrera busca sacralizar las funciones públicas para estabilizar el orden social. Al elevar al funcionario —sea civil o militar— al rango de "ministro de la voluntad divina", Herrera intenta imponer un freno ético tanto al gobernante como al gobernado. Si el poder proviene de Dios y no del "populacho", el gobernante no necesita adular a las masas para mantenerse, pero tampoco puede actuar con arbitrariedad, pues rinde cuentas ante el Creador. La obediencia del ciudadano, en este esquema, no es sumisión ciega a un hombre, sino un acto de piedad y reconocimiento de un orden superior que garantiza el bien más preciado para una nación exhausta por la guerra: la paz.
La utopía de un orden social místico: a modo de conclusiones
El pensamiento de Bartolomé Herrera revela una paradoja fundamental: su lucidez para diagnosticar el caos caudillista se vio ensombrecida por una propuesta política que resultaba excluyente y anacrónica ante la modernidad. Si bien su impugnación al liberalismo poseía una base sociológica real, su alternativa —la soberanía de la inteligencia— terminó por petrificar las estructuras sociales, negando la agencia política a vastos sectores, especialmente al indígena. Al concebir la ciudadanía como una función cognitiva y no como un derecho intrínseco, Herrera diseñó un orden místico que devino en un paternalismo autoritario. Esta visión subestimó el potencial democratizador del proceso republicano, pretendiendo restaurar una jerarquía teocrática en un escenario que ya marchaba hacia la necesaria secularización de lo público, limitando así el pluralismo indispensable para la consolidación institucional de la joven nación.
No obstante, el aporte de Herrera a la historia de las ideas en el Perú es innegable y fundacional. Fue el primer intelectual en articular un sistema de pensamiento político orgánico, capaz de trascender la coyuntura militar para proponer una ontología de lo nacional. Su labor en el Convictorio de San Carlos no solo formó a la élite dirigente de mediados del siglo XIX, sino que instaló en el debate público interrogantes esenciales sobre la fuente de la legitimidad y la relación entre religión y Estado. Al vincular indisolublemente la identidad católica con la peruanidad, Herrera legó una arquitectura conceptual que permitió definir los contornos de la tradición conservadora peruana. Su obra es un testimonio del esfuerzo por hallar un fundamento trascendente para la convivencia política en tiempos de profunda incertidumbre y disolución social.
Referencias Bibliográficas
Eccleshall, R., Geoghegan, V., Jay, R., & Wilford, R. (1999). Ideologías políticas (2.ª ed.). Tecnos.
Herrera, B. (1929a). Sermón pronunciado el día 28 de julio de 1846, aniversario de la Independencia del Perú. En Escritos y Discursos (Tomo I, pp. 60-85). Librería Francesa Científica y Casa Editorial E. Rosay. (Obra original publicada en 1846).
Herrera, B. (1929b). Soberanía de la Inteligencia. En Escritos y Discursos (Tomo I, pp. 135-160). Librería Francesa Científica y Casa Editorial E. Rosay. (Originalmente publicado en el diario El Comercio, julio de 1846).
Herrera, B. (1934a). Discurso en el aniversario de la Independencia. En Escritos y Discursos (Tomo II, pp. 80-105). Librería Francesa Científica y Casa Editorial E. Rosay. (Obra original publicada en 1851).
Herrera, B. (1934b). Memoria del Rector del Convictorio de San Carlos. En Escritos y Discursos (Tomo II, pp. 30-55). Librería Francesa Científica y Casa Editorial E. Rosay. (Obra original publicada en 1849).
Museo del Congreso y la Inquisición. (s.f.). Biografía de Bartolomé Herrera. Congreso de la República del Perú. https://www3.congreso.gob.pe/Docs/participacion/museo/congreso/files/files/bartolome_herrera.pdf










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