¡Mamita! La nueva y maligna izquierda que da miedo
- Carla Sagastegui Heredia
- hace 9 horas
- 5 Min. de lectura

Mientras la población del mundo entero, protesta contra la corrupción y la violencia de los gobiernos, el actual sistema político, económico y social bautizado ya como tecnofeudalismo por Yanis Varoufakis, nos ha impuesto una nueva división ideológica de izquierda y derecha. Nombres que desde la Revolución Francesa designan a quiénes están con el pueblo o usan de él en Europa y América[i]. Para nosotros, a lo largo del siglo XX, al emerger los partidos políticos de masas, la izquierda quedó asociada con el socialismo, sobre todo el marxista tras su triunfo con la Revolución Rusa, bajo el imperialismo soviético; y la derecha quedó como nombre del capitalismo y con el pensar del utilitarismo estadounidense. Fue un tiempo que devino en la Guerra Fría.
El capitalismo lo representaba la libertad de consumo y democracia de Estados Unidos. La izquierda se afilió al estilo militar. Lo cierto es que a pesar de las guerras y guerrillas que desataron, fue un tiempo en el que la solidaridad se incorporó a las normas del Estado con apoyo de algunas religiones hegemónicas, y mediante un acuerdo mundial para acabar con la pobreza. Acuerdo que se suponía independiente de ideologías de izquierda o derecha.
El fin era mitigar las insurgencias marxistas y mantener el control de los gobiernos a través de la Organización de las Naciones Unidas y otras continentales como la de Estados Americanos o la misma Comunidad Europea. Perú se encontraba entonces bajo la égida estadounidense por razones geopolíticas y económicas (hoy China es protagónica). En ese marco, los empresarios, grandes y medianos, incorporaron primero el filantropismo y luego la responsabilidad social como una manera de mejorar la calidad de vida y por tanto, mejorar el consumismo en el mercado.
Este paso de la disciplina y la producción, al control y al consumismo, azuzado por la crisis económica de la pandemia, permitió al sector de los empresarios de criptofortunas y cifras trillonésicas decidir que tal solidaridad ya no era necesaria. Concentrados en la creación de puestos volátiles de trabajo que aseguren consumo, propugnaron a través de tecnología, medios y redes la necesidad de dejar de pensar, con libros como medios descartados y reemplazados por la opinión de un nuevo sector denominado influencer. Conseguida la desconexión con la verdad, han convencido a la ciudadanía de que es deber anticomunista disminuir los gastos del Estado, que hay un solo modelo de familia, que el pobre es pobre porque quiere y si el ciudadano necesita consumir más debe ganar y endeudarse más. En síntesis, han decretado la clausura de la solidaridad.
Hoy, el nuevo orden ha colocado bajo el paraguas de la izquierda a todas las políticas solidarias con poblaciones marginadas y excluidas. Siendo de derecha las políticas vinculadas con el incentivo de la inversión empresarial para crear breves momentos de trabajo para la población. En América y en Europa, para convencernos de que es correcto dejar a la solidaridad de lado, los tecnogobernantes han apelado a discursos religiosos como el cristiano. De esta manera, han conseguido que el ser solidus sea algo maligno, pues maligna es la población excluida de la sociedad: maligna es la pobreza, maligna es la diversidad de género, maligna es tu raza. A esto llaman hoy comunismo y terrorismo. Las campañas de odio en medios y redes son escalofriantes contra la solidaridad.
Uno de los ámbitos más desconcertantes ha sido el retomar públicamente el control de los cuerpos. Lo primero que hizo Donald Trump (dueño de Miss USA y Miss Teen USA desde 1996 hasta 2015) al asumir por segunda vez la presidencia de los Estados Unidos fue hacer una campaña para eliminar a mujeres trans de todos los deportes y fuerzas armadas, luego cerró los programas de apoyo y acompañamiento en las universidades y las escuelas. Poco tiempo después cerró USAID, fuente de fondos de cooperación para los programas sociales de América Latina, Asia y África. Luego elevó la figura de Richard Kirk, un joven influencer asesinado dedicado a fomentar todas las formas de discriminación en los centros educativos, a un rol de imagen santificada.
Hoy su viuda va por diversos estados de su país fomentando el culto pro vida y el combate contra todo lo maligno. Que Estados Unidos hoy lidere, no significa que no existan antecedentes. En Argentina, Javier Milei rechazó desde antes las identidades sexuales que “no se alinean con la biología”. Incluso el autodenominado socialismo venezolano llevó a Nicolás Maduro a perseguir a la población LGBTIQ+. El control de los cuerpos y las tecnopolíticas han optado por reducir la diversidad, invisibilizarla hasta reducir los gastos públicos y así conseguir justificar que los impuestos que pagan los empresarios, sean cada vez menores costos.
Mientras las imágenes mediáticas de los países gobernados ya no por partidos, sino por familias y personalidades influyentes, hablan de una gran mejora económica, la pobreza extrema aumenta en El Salvador y en Perú. La pobreza es invisible. Imposible que no lo sea si se trata de población desconectada. No recibirán educación ni salud. Y así sea una población conectada. Si se trata de un interés de los gobernantes, que las obras públicas se puedan derrumbar porque están mal diseñadas, o mal construida no importa. Pensar en la población que se verá directamente impactada con el desastre no importa. No existe. El gobernante solo ve a quienes lo rodean. Las redes se pagan.
La invisibilización no es casual, es planificada. La pobreza conviene porque para sobrevivir no se requiere ser legal, formal, profesional. Cuesta poco la mano de obra y los servicios. Es notorio cuando se elimina la educación sexual de las escuelas, para que las prácticas de abuso sexual y pederastia familiar se mantengan como derecho del hombre. Así, en medio de la crisis poblacional, la mujer, tenga la edad que tenga, habrá de dar a luz. ¿Qué será de esa adolescente, segura de que sí debe ser madre, pero pobre jamás? Eso le han dicho los influencers y su pastor.
Hemos devenido, como señala Rita Segato, en una cultura de Crueldad. Tal es el mundo que habitamos, pleno extorsiones y la trata de niños, niñas y mujeres por doquier. Sus víctimas no cejan en que se torne visible. Pero sin espacio para las causas y el análisis de lo que ocurre. Por ejemplo, Estados Unidos ha tenido a lo largo de las últimas 5 décadas un papel protagónico en el narcotráfico, no solo por el ser el mayor mercado de consumo, sino también por ser el país con la principal industria que les vende hasta armas de guerra. Las pandillas también se han formado en Estados Unidos y luego han repatriado a sus integrantes a Centro América. Tras una década de tratar de reubicar a la población, se optó por encerrarla e invisibilizarla también.
Mientras tanto, el sector empresarial es el único directamente beneficiado por los gobernantes de derecha. Argentina lo ha hecho en todo el área de tecnología para la importación y agricultura para la exportación. Milei dice que menos impuestos genera más trabajo. En El Salvador, Bukele ha eliminado el impuesto a la renta para extranjeros y durante 15 años a todo el rubro de tecnología. Trump ya se actualizó y ha hecho lo mismo en Estados Unidos. Paul Preciado señalaba hace una década atrás que las empresas de mayor poder eran la farmacológica y la pornográfica. Agreguemos el triunfo de la criptomoneda y la tecnología de los dispositivos mediáticos que han copado los mercados. China ha sabido sacar provecho del consumismo contemporáneo.
¿Será tal dependencia mediática del control de los cuerpos y la información la razón para la itinerancia y la intermitencia de la generación Z? Jóvenes que crecieron en la diversidad, que emergen en distintos países a través de la protesta, pero que luego retornan al mundo de los medios, invisibles, bajo la entretenida forma con la que se inocula el miedo que hoy nos rodea. Cómo será, mamita.
[i] Reconozco mi desconocimiento sobre si tal dicotomía funciona en países africanos o asiáticos que viven crisis alimentarias y fanatismos religiosos. Mientras más cerca de la hegemonía estadounidense se encuentren, sólo así podría tener cierto valor alguna de las reflexiones compartidas. Más adecuado es ceñirnos a nuestro hemisferio.








