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La encrucijada temporal del electorado peruano



La coyuntura político electoral peruana, examinada con el rigor que exigen la historia intelectual y la filosofía de la historia, revela una patología que trasciende la clásica pugna ideológica o la contienda por la administración del Estado. Asistimos a un escenario donde el sufragio ha dejado de ser un instrumento de proyección cívica para convertirse en el síntoma agudo de una profunda fractura en la experiencia colectiva del tiempo. En el contexto de unas elecciones fuertemente polarizadas, en las que el abanico de decisiones parece reducirse a optar por Keiko Fujimori, respaldar la propuesta de izquierda articulada en torno a figuras como Roberto Sánchez, o decantarse por el voto viciado, el electorado no dirime únicamente entre modelos económicos o jurídicos; dirime, en su nivel más profundo, su relación con la temporalidad.


Nos encontramos ante el agotamiento de una forma de habitar la historia, un fenómeno que puede ser comprendido a cabalidad a través de la noción de «regímenes de historicidad», entendidos como las formas contingentes en que una sociedad articula las categorías de pasado, presente y futuro (Hartog, 2022). A lo largo de la modernidad, la sociedad occidental —y por extensión, la latinoamericana— operó bajo un régimen donde el futuro era el principio organizador del tiempo, un horizonte de promesas, progreso y emancipación (Hartog, 2022). Sin embargo, el ciudadano peruano de hoy se halla inmerso en una desorientación temporal radical. Sus opciones electorales se han transmutado en encarnaciones de miedos cronológicos: el pavor a un pasado que se niega a desaparecer, el pánico ante un futuro que se percibe como el abismo, y la reclusión en un presente perpetuo y defensivo. 


Para comprender esta crisis, es necesario recurrir a la semántica de los tiempos históricos. Las palabras y los conceptos con los que la sociedad peruana describe su realidad política no son simples epifenómenos, sino factores activos que configuran la experiencia misma de la historia (Koselleck, 2012). En este ensayo, analizaremos cómo el fujimorismo, la izquierda y el voto viciado representan, respectivamente, la tiranía del pasado, la amenaza del futuro y el encierro presentista, configurando una crisis sin precedentes en la historicidad peruana. 


El terror al pasado y la repetición histórica


Para una porción sustancial del electorado peruano, el pasado no opera como una categoría cronológica clausurada, sino como una presencia activa que asedia y configura el presente. La postulación de Keiko Fujimori reactiva de manera inmediata lo que la teoría antropológica y la historiografía denominan una estructura de repetición o una «fuga hacia el pasado» (Hartog, 2003). El antifujimorismo, más que una adscripción partidaria coyuntural, funciona como una memoria viva y traumática que se niega a historizar los acontecimientos de la década de 1990; es decir, se niega a dejarlos atrás. 


En este contexto, el retorno potencial de dicha opción política es percibido como la inminencia de una regresión, una ruptura del orden democrático institucional mediante la repetición de prácticas de naturaleza autocrática. El historiador Reinhart Koselleck proporciona herramientas teóricas fundamentales para comprender este fenómeno a través de sus categorías metahistóricas de «espacio de experiencia» y «horizonte de expectativa» (Koselleck, 1993). En una condición histórica saludable, la experiencia del pasado sirve como plataforma para proyectar una expectativa hacia el futuro. Sin embargo, frente a la candidatura fujimorista, el «espacio de experiencia» del ciudadano peruano —marcado por el recuerdo de la corrupción sistémica, la anomia institucional y la vulneración de derechos— se hipertrofia y aplasta por completo cualquier «horizonte de expectativa» (Koselleck, 1993). 


La memoria, en este sentido, ha usurpado el lugar de la historia (Hartog, 2014). El elector no observa un programa de gobierno volcado hacia el porvenir, sino que se ve arrastrado a un cortocircuito temporal donde los fantasmas del ayer se actualizan en el plano del hoy. El pasado deja de ser una sucesión de hechos explicados y se convierte en un tribunal punitivo que paraliza la capacidad de proyección colectiva. Como advierte la semántica histórica, cuando el tiempo se concibe únicamente a través del trauma, el pasado puede pesar «como una pesadilla en el cerebro de los vivos» (Koselleck, 2012). La elección se transforma así en un acto de contención estrictamente defensiva: no se vota para erigir un proyecto de futuro, sino para evitar que el pasado retorne y devore el presente. 


El terror al futuro, Roberto Sánchez y la inminencia de la krisis


En las antípodas de este asedio de la memoria, la opción representada por Roberto Sánchez y las coaliciones de izquierda suscita en vastos sectores de la población un temor de naturaleza temporal diametralmente opuesta: el miedo al futuro. Durante los siglos XIX y XX, el régimen moderno de historicidad se caracterizó por una confianza plena en el mañana; el futuro era un concepto generador de experiencias, abierto a la utopía, al progreso técnico, económico y social (Koselleck, 1993; Hartog, 2022). No obstante, la contemporaneidad ha invertido este paradigma. El futuro propuesto por las izquierdas —asociado históricamente a la retórica de la transformación estructural, la alteración del modelo económico y la refundación constitucional— ya no se interpreta como una promesa de redención, sino como una amenaza apocalíptica. 


Este fenómeno se inserta en lo que se define como la destitución del futuro moderno. En las últimas décadas, el porvenir ha dejado de significar mejora para convertirse en portador de calamidades, inestabilidad y desintegración (Hartog, 2022). El elector que rechaza la opción de izquierda asocia su programa con el descalabro de las certezas económicas, la pérdida de libertades individuales y la disolución del orden social establecido. El futuro, entonces, pierde su aura de kairos (el momento oportuno o mesiánico de la transformación) y se asimila de forma absoluta al concepto de krisis (Hartog, 2022). 


En la tradición hipocrática griega, de donde deriva la semántica occidental de la palabra, la krisis no era un estado permanente, sino el momento decisivo en el curso de una enfermedad donde el paciente sanaba o moría; indicaba una ruptura, un punto de inflexión sin retorno (Hartog, 2022). El votante peruano percibe la propuesta de Sánchez bajo esta óptica médica y dramática: una intervención que, lejos de curar el cuerpo social, precipitará su colapso. La promesa de un cambio radical, que en otras épocas habría movilizado la fe en el progreso, hoy activa una profunda angustia. Ante el fracaso de los grandes metarrelatos revolucionarios y la caída de las ideologías redentoras del siglo XX, el futuro ha sido vaciado de su potencial utópico (Koselleck, 2012; Hartog, 2014). La dimensión del mañana se clausura y se reduce a un peligro inminente que debe ser conjurado, generando un rechazo visceral hacia cualquier proyecto político que exija sacrificar la frágil estabilidad del presente en el altar de un porvenir incierto. 


El encierro presentista y el voto viciado como renuncia sistémica


Ante estas dos fuerzas temporales alienantes —el pasado traumático que asedia y el futuro catastrófico que amenaza—, el votante peruano promedio experimenta y adopta como refugio el «presentismo». El presentismo contemporáneo, teorizado lúcidamente por François Hartog, se caracteriza por una hipertrofia del plano del hoy; es un encierro en el instante provocado por la incapacidad de la sociedad para apoyarse en las lecciones del pasado o para proyectarse con esperanza hacia el futuro (Mora Rodríguez & Gómez Revuelta, 2023). En este régimen temporal, el ciudadano se encuentra en una situación de ceguera histórica, donde el presente debe bastarse a sí mismo y genera su propia y agobiante temporalidad cotidiana. 


El voto viciado, nulo o en blanco, surge en esta topografía temporal como la manifestación política más pura y destilada del presentismo. Simplificar este fenómeno como un acto de apatía ciudadana, tibieza temperamental, ignorancia política o desafección cívica es un error de análisis. En realidad, se trata de una estrategia defensiva de preservación del presente frente a las dos amenazas de la escala temporal. Quien vicia el sufragio rechaza, en un solo acto de negación, tanto la regresión hacia el pasado fujimorista como el salto al vacío que asocia con el futuro de la izquierda. Constituye una renuncia explícita a escoger un rumbo histórico, optando por clausurar el tiempo dentro de los estrechos límites del presente inmediato.


Este comportamiento encuentra paralelos en la forma en que las sociedades modernas lidian con la aceleración del tiempo. La aceleración técnica, social y económica desintegra las estructuras de repetición que antes daban sentido a la experiencia humana, haciendo que el futuro advenga más rápido, pero de manera completamente imprevisible (Koselleck, 1993). Al no poder dominar los tiempos ni los momentos (kronos y kairos), el elector opta por la parálisis. El voto viciado es un intento desesperado por detener el reloj de la historia, una objeción de conciencia ante una temporalidad que se percibe como hostil. En este encierro en el instante, el ciudadano se convierte en un espectador de su propio destino, confirmando que la crisis de la sociedad peruana contemporánea no es solo institucional, sino, fundamentalmente, una crisis en la experiencia del tiempo histórico (Mora Rodríguez & Gómez Revuelta, 2023). La sociedad se percibe a sí misma incapaz de escribir un relato que la trascienda, atrapada en un día a día dictado por la urgencia, la supervivencia y la contingencia. 


Hacia una restitución del tiempo histórico


La lectura del escenario electoral peruano a través del prisma de la semántica de los tiempos históricos nos permite comprender la verdadera magnitud de la crisis que atraviesa la nación. Las candidaturas de Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, así como la opción del voto viciado, no son entidades aisladas, sino manifestaciones de un mismo régimen de historicidad enfermo. Son las respuestas de una sociedad que ha perdido la soberanía sobre su propio tiempo.


Por un lado, la sombra del fujimorismo demuestra que una nación que no logra procesar, historizar y superar sus traumas está condenada a ser rehén de su propia memoria (Hartog, 2014). Por otro, el rechazo pánico a la propuesta de izquierda evidencia el fin de la fe en el progreso y el advenimiento de un futuro que se percibe exclusivamente bajo la categoría de la krisis y la anomia (Hartog, 2022; Koselleck, 2012). En el centro de esta colisión, el presentismo del voto viciado se erige como un monumento a la impotencia, un rechazo a asumir la responsabilidad de tejer los hilos entre lo que fuimos y lo que aspiramos a ser. 


Superar esta encrucijada exige un esfuerzo intelectual y político monumental. No bastan las reformas constitucionales o los ajustes macroeconómicos si no van acompañados de una restitución del tiempo histórico. Es imperativo que la sociedad peruana recupere la capacidad de mirar su pasado no como una condena ineludible, sino como un reservorio de experiencias críticas; y que aprenda a mirar el futuro no como un apocalipsis garantizado, sino como un horizonte de posibilidades que debe ser construido desde la deliberación racional y democrática en el presente. Solo al reconciliar el espacio de experiencia con el horizonte de expectativa, el ciudadano peruano dejará de ser un rehén del miedo y del presentismo, recuperando así su agencia como verdadero sujeto de la historia.


Referencias


Hartog, F. (2003). El espejo de Heródoto. Ensayo sobre la representación del otro. Fondo de Cultura Económica. 

Hartog, F. (2014). Creer en la historia. Ediciones Universidad Finis Terrae. 

Hartog, F. (2022). Cronos. Cómo Occidente ha pensado el tiempo, desde el primer cristianismo hasta hoy (N. Durán, Trad.). Siglo XXI Editores. 

Koselleck, R. (1993). Futuro pasado. Para una semántica de los tiempos históricos (N. Smilg, Trad.). Ediciones Paidós. 

Koselleck, R. (2012). Historias de conceptos. Estudios sobre semántica y pragmática del lenguaje político y social (L. Fernández Torres, Trad.). Editorial Trotta. 

Mora Rodríguez, J. O., & Gómez Revuelta, G. M. (2023). Chronos en México. Un diálogo en torno a la obra de François Hartog. Relaciones Estudios de Historia y Sociedad, 44(176), 52-64. 


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