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Falsificaciones de la fe cristiana

19 ago
4 min de lectura


La fe cristiana ha sufrido, a lo largo de su historia, una serie de tergiversaciones que se identifican por falsificar el mensaje del Evangelio. El mensaje de Jesús es muy claro: cuando le preguntan cuáles son los mandamientos más importantes, su respuesta es contundente. En Mateo 22, 34-40, un doctor de la ley le pregunta: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?", y Jesús responde: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.


De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas." Además, señala que nadie puede amar a Dios, a quien no ve, si no ama al prójimo, a quien sí ve. Esta idea queda expresada con claridad en 1 Juan 4, 20: "Si alguno dice: Yo amo a Dios, pero aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?" De esta manera, los dos mandamientos se sintetizan en uno: el amor al prójimo.


Por otro lado, en Mateo 25, 31-46 se nos indica cómo seremos salvados y cómo seremos condenados. Allí, Jesús dice a quienes serán salvados: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme."


Seguidamente, se dirige a quienes serán condenados: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis." Entonces, sus oyentes plantean la siguiente pregunta: ¿cuándo te vimos en tales circunstancias? A lo que el Rey responde: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis."


Ciertamente, estoy parafraseando estos pasajes de los Evangelios, pero ello es suficiente para el propósito de este texto. El Evangelio es claro en cuanto a la prioridad que tiene el amor al prójimo —la caridad— y los actos de justicia. Como señala Cornel West, "la justicia es como se ve el amor en público"[1], lo que en el contexto cristiano significa que la justicia es la expresión pública y concreta de la caridad.


Es por ello que lo que está en la mira del Jesús de los Evangelios son la caridad y la justicia. A Jesús no le interesan cuestiones referentes a la sexualidad personal, como, por ejemplo, si alguien pertenece a una minoría sexual. Los Evangelios no hablan de esos temas, no porque la homosexualidad no existiera en la época de Jesús, sino porque para él ese no era un tema de preocupación ni una razón de escándalo. En cambio, la acogida al forastero, sin importar cuál sea su estatus migratorio, sí es una cuestión importante.


En la escena del centurión romano que le dice a Jesús que su muchacho está enfermo, aparece algo que rompe los esquemas de la pseudofe cristiana imperante en ciertos grupos radicales —lo que se conoce como el «cristianismo cultural»—. Esta escena se encuentra relatada en Mateo 8, 5-13 y en Lucas 7, 1-10. Al entrar Jesús en Capernaúm, se acercó a él un centurión pidiendo ayuda: "Señor, mi siervo está postrado en casa con parálisis y sufre terriblemente." "Iré a sanarlo", respondió Jesús. El centurión contestó: "Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra y mi siervo quedará sano." Los católicos estamos familiarizados con esta expresión, ya que la repetimos todos los domingos en la misa, aunque no siempre comprendemos su sentido y contexto.


La negativa del centurión a que Jesús vaya a su casa obedece a dos razones fundamentales. En primer lugar, porque allí rendía culto a dioses paganos y a sus antepasados, algo inaceptable para un judío —y no hay que olvidar que Jesús lo era—. En segundo lugar, la palabra griega utilizada en ese pasaje para referirse al muchacho usa el término παιs (Mt 8:6), δουλοs (Lc 7:2) o εντιμοs (Lc 7:2). Esta pluralidad de términos puede hacer nos conduce a varias posibilidades, a que sea se trate del hijo, o del siervo o de alguien íntimo (de gran estima o valor) del centurión.


Cuando el centurión expresa su fe diciendo que «una palabra suya bastará para sanarlo», Jesús queda profundamente conmovido y exclama, según Mateo 8, 10, que en todo el pueblo de Israel no ha encontrado una fe tan grande como la de aquel hombre, perteneciente a otro pueblo, con otra cultura y otros dioses.


Todas estas palabras y hechos de Jesús cuestionan radicalmente ciertas tergiversaciones de la fe cristiana, entre las que se encuentran las siguientes:


- El nacionalismo cristiano

- El evangelio de la prosperidad

- El cristianismo cultural

- El cristianismo pop[2]



[1] Es importante señalar que la frase que aparecía en el texto original —"la justicia es la superabundancia de la caridad"— es una paráfrasis interpretativa del pensamiento de West, posiblemente influida también por la teología tomista. La cita más precisa y reconocida de Cornel West es: "Justice is what love looks like in public, just like tenderness is what love feels like in private", pronunciada de manera notable en su discurso en la Universidad Howard en abril de 2011. Si el autor desea mantener la formulación original sobre la "superabundancia de la caridad", convendría atribuirla a otra fuente teológica o presentarla como una interpretación propia del pensamiento de West.


[2] En una próxima entrega me encargaré de estas falsificaciones de la fe cristiana, tan en boga hoy en día.

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