El momento kantiano
- Alessandro Caviglia

- hace 3 días
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Sobre la necesidad de volver a filosofía política de Kant en la escena contemporánea.
Los acontecimientos en los últimos tiempos en la política internacional han mostrado que el orden basado en reglas se encuentra en una crisis profunda. La política exterior de los EE. UU. bajo la actual administración Trump es una muestra clara de ello. Ejemplo de ello lo constituyen la intervención en Venezuela, los deseos de hacerse del Canal de Panamá, de Canadá y de Groenlandia; la guerra comercial por medio del incremento de aranceles utilizada como medio de presión, entre otras acciones del gobierno estadounidense. Pero, ya antes, la invasión de Rusia a Ucrania y la masacre de Israel a la Franja de Gaza.
Estos y otros acontecimientos de los últimos años conducen a pensar que el orden internacional de la postguerra se ha vuelto obsoleto. Dicho orden internacional tiene su centro en la ONU y en las instituciones que surgen de ella, además de los principios políticos, jurídicos y morales como el respeto de los derechos humanos y el respeto de la integridad de los Estados y de los pueblos. Parece que seguir creyendo en dichas instituciones es una quimera y que sus principios políticos, jurídicos y morales son una fantasía. Parece ser que la realidad se impone y es necesario despertar del sueño que el mundo de la postguerra se puede recomponer.
¿Qué realidad es esta, de la que debemos despertar? Es la que señala que la fuerza constituye el derecho. En ella, las superpotencias tendrían el derecho de hacer lo que quieren, y la base de dicho derecho residiría en la fuerza desplegada unilateralmente. En el mundo que parece haberse dejado atrás, se sostenía que el derecho internacional estaba regido por reglas aceptadas por los miembros de la comunidad internacional, que dichas reglas asignaban derechos y cargas iguales a cada Estado y a cada pueblo, y que quien vulneraba dichas reglas entraba en la categoría de «Estado criminal». Ahora se señala que el derecho internacional es anárquico y carece de principios jurídicos, políticos y morales. Esto se traduce en que las potencias más grandes pueden hacer lo que quieran en el plano internacional sin rendir cuentas a nadie y sin recibir ninguna sanción.
Sin embargo, un elemento importante parece haber pasado desapercibido para algunos analistas de esta situación. Cuando Rusia invadió Ucrania, utilizó una excusa para justificarse, a saber, la seguridad de su territorio. Cuando EE. UU. intervino en Venezuela, la excusa fue que Maduro estaba dirigiendo el supuesto “Cártel de los Soles” que dirigiría el narcotráfico hacia su territorio y afectaría la seguridad de la población. El deseo de hacerse de Groenlandia, del Canal de Panamá y de Canadá tiene la misma excusa, la seguridad. También el Gobierno de Israel esgrime la excusa de la seguridad. Entonces, parece que el orden internacional no es anárquico en realidad, sino que hay una ley que lo organiza: «si un Estado tiene su seguridad amenazada, entonces tiene el derecho de actuar para defenderse». Esas acciones pueden ir desde la «extracción» de un presidente, invadir el territorio de otro Estado, iniciar una guerra arancelaria como medida de presión política, buscar exterminar a una población, iniciar una guerra preventiva o llevar adelante una guerra defensiva. Pero, en el fondo, la seguridad es lo que justificaría las acciones de los Estados. Así, queda claro que la intervención de una superpotencia no se realiza simplemente de manera caprichosa, siguiendo el principio de «si tengo el poder, entonces estoy autorizado a hacerlo». El principio es, más bien, la «garantía de la seguridad». Lo arbitrario es que cada superpotencia define unilateralmente qué constituye una amenaza a su seguridad.
Por otra parte, sucede que en el mundo actual las sociedades están sufriendo un rápido proceso de desdemocratización (Tilly, 2010). Especialmente, las superpotencias han debilitado profundamente sus democracias (como es el caso de India y los EE. UU.) (Levitsky & Ziblatt, 2018) o no son sociedades democráticas, como Rusia y China (Levitsky & Way, 2022). Muchas veces suele existir una correlación entre gobiernos autoritarios a nivel de la política interna y vulneración del orden internacional. Kant, en su texto titulado Hacia la Paz Perpetua. Un Esbozo Filosófico, señala que es más probable que un Estado republicano (lo que hoy llamaríamos, una democracia con división de poderes) acepte y apoye un orden internacional basado en reglas aceptadas voluntariamente por los Estados y los pueblos que un Estado despótico (donde se ha roto la división de poderes) lo haga.
Lo que Kant denomina Estado republicano es aquél donde se instaura el principio de división de poderes, la división entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. En su Hacia la Paz Perpetua. Un Esbozo filosófico (Kant, 2018/1795) y en su Doctrina del derecho que presenta en su Metafísica de las Costumbres (Kant, 2005/1797), el filósofo de la Ilustración se centra en la separación entre el poder ejecutivo y el poder legislativo, siendo este último el que representa el control de la legislación de parte de los ciudadanos. En ambos textos mencionados señala que la libertad jurídica o exterior es aquella que tiene cada persona a aceptar como legítima sólo aquellas leyes jurídicas a las que puede dar su consentimiento racional. De manera que cuando los representantes ubicados en el Poder Legislativo anulan la capacidad política de las personas, pasamos de un forma de gobierno republicana a una despótica. Esto revela una cosa importante de la actitud de las sociedades “des-democratizadas” actuales: las personas se quejan de que los representantes en el Poder Ejecutivo anulan su agencia política y, sin embargo, aceptan y aplauden el nuevo orden internacional basado en la fuerza de las grandes potencias. Parece ser que los admiradores de la política Trump no se dan cuenta que el abuso de los congresistas y el abuso de la administración Trump son dos caras de la misma moneda.
Otra forma de pasar de una forma de gobierno republicana a otra despótica se genera cuando el Poder Ejecutivo anula al Poder Legislativo o un Poder Legislativo controlado por los representantes (y desconectado de las personas de la sociedad) anula al Poder Ejecutivo. El proceso político peruano es un claro ejemplo de esta segunda opción. Así, estas formas de gobierno pueden cumplir con formalidades (como aparentes elecciones libres y competitivas), sin embargo, tienen una forma de gobierno despótico y no republicano. La forma de gobierno despótica es una «forma sin forma», porque la voluntad política que se impone carece de leyes y reglas y actúa sólo a capricho o para defender intereses particulares. En cambio, la forma de gobierno republicana se rige por reglas y leyes aceptadas multilateralmente y no de manera caprichosa. La voluntad política que gobierna una república tiene una forma clara y no es caprichosa. Lo que Kant denomina forma de gobierno republicana es lo que hoy llamamos democracia representativa.
En vistas de la escena internacional actual resulta muy tentativa plegarse a enfoques realistas o neorrealistas que abrazan la idea de que la fuerza hace el derecho. Si uno abraza esos enfoques llegará fácilmente a la conclusión de que ya no es posible articular un orden internacional basado en reglas. Pero ese apresuramiento puede conducir a conclusiones ilusorias, como la de afirmar que las grandes potencias pueden subsistir sin la cooperación de otros países y que la fuerza puede generar un orden internacional estable. Ese compromiso no permite ver que la dinámica del poder es un «bien esquivo» que pasa rápidamente de manos (Forst, 2017; Lukes, 2014). Basta con ver la historia de la crisis de los grandes imperios, que no logran domesticar el poder por completo. El llamado imperio estadounidense está viendo, ya desde más de un par de décadas, cómo su poder se le escurre como el agua entre las manos y es por ello que decide pasar de un orden internacional basado en reglas y en la cooperación a imponer su fuerza militar y económica en el tablero internacional. Ese mayor despliegue de energías só lo se justifica cuando se experimenta la pérdida de poder. La administración Trump, tan aplaudida por algunos, se muestra en realidad como impotente, por eso debe desplegar gran cantidad de energías para simular el rugido del león ( rey de la supuesta selva que sería el supuesto orden internacional carente de normas y reglas) cuando en realidad lo que emite es el maullido del gatito asustado. Si la administración Trump fuese realmente fuerte, lideraría un orden internacional basado en la cooperación, porque se sentiría confiado. En cambio, bajo dicha administración EE. UU. se muestra como una potencia en declive que siente amenazada su seguridad.
Con el título de este texto, me he permitido llamar a los tiempos que corren como «el momento kantiano»[1]. Esto es así porque en el mundo actual un conjunto de conceptos, relaciones y herramientas necesitan repensarse. Conceptos como el poder, el Estado, el orden internacional, la guerra y la paz, entre otros. Pero para ello necesitamos de los recursos adecuados. La filosofía política de Kant nos ofrece mejores recursos que las propuestas de Thomas Hobbes (Hobbes, 2019/1651) y de los neorrealistas (Waltz, 1988/1979). Esto es así, porque estas propuestas rivales tienen pocas herramientas conceptuales para el análisis de las relaciones internacionales. En Hobbes hay un silencio sepulcral al respecto y el neorrealismo parece aplaudir la paz de los cementerios.
Referencias bibliográficas
Forst, R. (2017). Normativity and Power. Analizing Social Orders of Justification. Oxford University Press. Originalmente publicado en 2015.
Hobbes, T. (2019). Leviatán. Colihue. Publicado originalmente en 1651.
Kant, I. (2005). La metafísica de las costumbres. Tecnos. Original publicado en 1797.
Kant, I. (2018). Hacia la paz perpetua. Un esbozo filosófico. FCE/UNAM. Original publicado en 1795
Levitsky, S., & Way, L. (2022). Revolution and dictatorship: The violent origins of durable authoritarianism (1st ed.). Princeton University Press.
Levitsky, S., & Ziblatt, D. (2018). ¿Cómo mueren las democracias? Ariel.
Lukes, S. (2014). El poder: Un enfoque radical (2a ed., 1a reimp). Siglo XXI. Publicado originalmente en 1974.
Tilly, C. (2010). Democracia. Akal. Publicado originalmente en 2007.
Waltz, K. (1988). Teoria de la política internacional. Grupo Editorial Latinoamericano. Publicado originalmente en 1979
Willaschek, M. (2025). Kant. A Revolution in Thinking. Harvard University Press. Publicado originalmente en 2023.
[1] De hecho, uno de los filósofos especialistas en Kant en el debate contemporáneo, el filósofo alemán contemporáneo Marcus Willaschek, dice que nos encontramos en el momento kantiano, en el sentido de que es el momento en el que se vuelve más importante releerlo. Willaschek señala que desde hace una décadas hay una vuelta a Kant para hacer frente a un conjunto de problemas que la filosofía tiene y que los argumentos de Kant en cuestiones de filosofía especulativa (epistemología, metafísica, estética, etc.) y en asuntos de filosofía práctica (filosofía moral, filosofía política, filosofía del derecho o filosofía de la religión). Pero el argumento del filósofo alemán actual es que en los momentos presentes también es el momento de volver a Kant para hacer frente a cuestiones de la práctica política y jurídica, entre otras cuestiones prácticas. La complejidad y la violencia del mundo contemporáneo lo hace necesario (Willaschek, 2025/2023).













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