top of page

Benito Laso y el republicanismo liberal




En el complejo panorama de las ideas políticas del siglo XIX peruano, la figura de Benito Laso emerge como el defensor más conspicuo de la "vieja guardia" republicana. Su valor en el debate de mediados de siglo no reside únicamente en su manifiesta adhesión a los principios liberales, sino en su capacidad para erigirse como un dique intelectual frente al resurgimiento del pensamiento conservador y providencialista liderado por Bartolomé Herrera.


En un Perú convulsionado por la anarquía de los caudillos y la fragilidad institucional, Laso representó la síntesis entre la Ilustración tardía y el constitucionalismo revolucionario, defendiendo la soberanía popular no como una abstracción retórica, sino como un derecho inalienable que debía proteger a la República de ser capturada por nuevas castas de "elegidos". Su importancia radica en haber dotado al liberalismo de una urgencia política y una fundamentación jurídica que buscaba, ante todo, la consolidación de un orden civil basado en la igualdad y la ley.


El magisterio y la lucha por la independencia


Benito Laso de la Vega (1783-1862) nació en Arequipa en el seno de una sociedad virreinal que ya empezaba a cuestionar sus propios cimientos bajo el influjo de las reformas borbónicas y las noticias de las revoluciones atlánticas. Formado en la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca, Laso personificó la transición del pensamiento ilustrado tardío hacia un constitucionalismo revolucionario de corte radical. Su vida fue un testimonio de coherencia política: desde su temprano apoyo a la causa de la independencia —que le costó el destierro y la persecución— hasta su consolidación como magistrado y polemista en la joven República.


Como profesor universitario durante más de tres décadas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, ejerció una cátedra fundamental en materias de Derecho Natural y de Gentes, así como en Derecho Público y Constitucional. En estas aulas, Laso no solo impartió doctrina jurídica, sino que formó a las generaciones que debían sostener el andamiaje civil de la nación, defendiendo que la libertad no es una concesión del poder, sino un atributo intrínseco de la nación.


La relevancia intelectual de Benito Laso reside en haber sido el articulista más incisivo del liberalismo peruano de mediados del siglo XIX, un periodo marcado por el auge del caudillismo y el resurgimiento de un conservadurismo doctrinal que buscaba limitar la participación política de las mayorías. A diferencia de otros liberales más pragmáticos o moderados de su generación, Laso sostuvo una postura principista sobre la naturaleza humana y el contrato social.


Según se desprende de sus escritos críticos, para Laso la República no era simplemente una forma de gobierno, sino un compromiso con la igualdad radical ante la ley. Su misión fue impedir que la República fuera capturada por una "nueva casta de 'elegidos' bajo el pretexto de la capacidad intelectual" (Fondo Editorial UNMSM, 1970, p. 112).  El pensador arequipeño entendió que el poder, si no es fiscalizado por una opinión pública vigorosa, tiende naturalmente hacia la opresión.


Voluntad frente a la "Aristarquía"


El núcleo del republicanismo de Laso se sostiene sobre la premisa de que la soberanía es una manifestación de la voluntad y no un atributo de la razón. Para este autor, la política no pertenece al ámbito de la metafísica o de las verdades reveladas, sino al espacio humano de la decisión colectiva. Laso definía la soberanía en términos estrictamente políticos: "Soberanía... es el derecho de arreglar el régimen de la asociación política, de dar las leyes por las que ella debe gobernarse; establecer las autoridades, y nombrar los magistrados" (Laso, 1846, p. 4).


En este esquema, el ciudadano es el único depositario legítimo del poder, y cualquier intento de restringir este derecho a una élite ilustrada es, en sus palabras, "despotismo disfrazado con el traje de la filosofía" (Laso, 1845, como se citó en UNMSM, 1970). Esta distinción es crucial para considerarlo un republicano liberal; mientras que otros buscaban la estabilidad en el orden jerárquico, Laso la buscaba en la legitimidad que solo otorga el consentimiento general. La soberanía, para él, no admite grados: o reside en la nación como un todo, o no existe en absoluto, convirtiéndose en el dominio de la fuerza o el capricho de una minoría.


Consecuente con esta visión, Laso articuló una defensa de la igualdad natural frente a las pretensiones de la aristocracia del saber. Su argumento es sencillo pero devastador para el pensamiento conservador: si el derecho a mandar naciera de la inteligencia, la humanidad entera estaría condenada a la esclavitud bajo el hombre más sabio del universo. Al respecto, Laso señalaba con agudeza: "¿Quién será el juez de esa inteligencia? ¿Quién tiene la balanza infalible para pesar los cerebros y decidir quién es el sabio y quién el ignorante?" (Laso, 1845, p. 112).


Esta perspectiva humanista valora el "instinto de justicia" del pueblo por encima de las abstracciones intelectuales que justifican el privilegio. Desde la óptica de Laso, el pueblo quizás no domine la metafísica, pero siente el peso de la injusticia y de los impuestos, lo que lo faculta plenamente para decidir sobre su destino. "La soberanía reside esencialmente en la nación. No es un saber, es una voluntad" (Laso, 1845, p. 113), sentenciaba, oponiéndose a cualquier jerarquía que intente anular la libertad moral del individuo.


El gran debate de 1846


El punto culminante de la historia intelectual de Laso se dio en la célebre disputa con Bartolomé Herrera en 1846, en un contexto de profunda expansión de las ideas conservadoras que veían en el caos del caudillismo una prueba del fracaso liberal. Herrera, en su sermón del 28 de julio, argumentó que el poder emanaba directamente de Dios y debía residir en la "inteligencia" (Herrera, 1846, p. 67).


Ante esta embestida, Laso respondió desde El Correo Peruano sosteniendo que la anarquía no era consecuencia de la soberanía popular, sino del desacato a la ley por parte de los ambiciosos que ignoraban la voluntad nacional. Para Laso, la soberanía popular era la base irrenunciable del sistema: "Quítese al pueblo la soberanía y de hecho se establecerá el gobierno absoluto" (Laso, 1846, p. 1). Si el poder dependiera de la "inteligencia" o de una "misión providencial", cualquier general con pretensiones de sabio o salvador podría justificar su tiranía. Por el contrario, al radicar el poder en la voluntad nacional, se establecía que nadie tenía derecho a mandar sin el consentimiento expreso de sus iguales.


Durante esta controversia, Laso profundizó en su crítica a lo que consideraba una "monstruosidad política": la idea de que la capacidad confiere un derecho natural al mando. Para Laso, el magistrado no manda porque sea más sabio, sino porque "es el ejecutor de la voluntad que el mismo ciudadano ha depositado en la ley" (Laso, 1845, p. 113). En un Perú fragmentado por la lucha de facciones, Laso entendía que la "soberanía de la inteligencia" propuesta por Herrera no era más que una reedición del derecho divino de los reyes: "Es la misma idea que en otros siglos sostuvo el derecho divino de los reyes; hoy se le llama 'soberanía de la inteligencia', pero el resultado es el mismo: la exclusión de la inmensa mayoría de los hombres del derecho de gobernarse a sí mismos" (Laso, 1845, p. 112).


Frente al avance conservador, defendió que la obediencia en una República debe ser siempre racional y limitada por la ley, pues "la naturaleza no ha hecho esclavos; ha hecho hombres iguales en derechos, aunque diferentes en talentos" (Laso, 1845, p. 113). El triunfo intelectual de Laso consistió en demostrar que la libertad no es la causa del caos, sino que el caos es el resultado de la supresión de la libertad mediante la fuerza o el dogma.


Libertad de prensa e independencia judicial


Para que este sistema de soberanía popular fuera efectivo en medio de la inestabilidad, Laso identificó dos instituciones como baluartes fundamentales: la libertad de imprenta y la independencia del Poder Judicial. Sobre la primera, fue tajante: "La libertad de imprenta es la garantía de todas las demás garantías. Sin ella, la Constitución es un libro mudo y los ciudadanos son sombras que caminan hacia el matadero sin voz para quejarse" (Laso, 1847, p. 48). Para el arequipeño, el secreto en los actos de gobierno era la "mortaja de la libertad", y sostenía que la discusión pública era el gran motor educativo de la nación: "En una República, todos somos maestros y todos somos discípulos, y la imprenta es nuestra cátedra común" (Laso, 1847, p. 48). La imprenta aseguraba que el poder se mantuviera bajo el microscopio de la discusión, educando a las masas en la comprensión de que son parte de un cuerpo político soberano y no meros súbditos pasivos.


Asimismo, Laso abogó con vehemencia por la independencia absoluta de los jueces, a quienes definía como "la boca de la ley, pero una boca que hable con independencia absoluta" (Laso, 1851, p. 114). Su experiencia en la Corte Suprema le permitió advertir que la justicia era el último refugio del oprimido frente a los abusos del Ejecutivo. Sostenía que "el día en que la política entre en los tribunales, la justicia saldrá por la ventana y con ella se irá la República" (Laso, 1851, p. 114). Su visión era la de un Estado de Derecho donde la seguridad individual no dependiera del "humor del caudillo en palacio", sino de reglas fijas aplicadas por magistrados cuya inamovilidad no era un privilegio personal, sino una garantía social. El liberalismo de Laso es un liberalismo institucional: cree en el pueblo, pero entiende que este necesita de tribunales independientes e imprentas libres para proteger su propia soberanía de las tentaciones dictatoriales de quienes ostentan el mando temporal.


El legado de un intelectual de la libertad ante la reacción conservadora


Al evaluar objetivamente el legado de Benito Laso, debemos reconocerlo como el gran arquitecto de la defensa de la soberanía nacional frente al pensamiento reaccionario y providencialista. Su prosa sirvió para cimentar la idea de que el Perú es una construcción humana y no un destino teológico predeterminado. A diferencia del pesimismo de Herrera, que veía en el pueblo a un niño que debía ser guiado, Laso ofreció una visión de la capacidad del hombre para autogobernarse. Su contribución no fue solo teórica; su labor como magistrado y parlamentario buscó siempre traducir esos principios liberales en una práctica institucional que limitara la arbitrariedad. Laso entendió que la verdadera redención del pueblo no vendría de una sumisión pasiva a una "aristarquía" natural, sino de la educación en los derechos y deberes que conlleva la ciudadanía, incluso en las épocas más oscuras de anarquía.


Como hemos visto, Benito Laso se erige como el representante más genuino del republicanismo liberal peruano del siglo XIX debido a su intransigente defensa de la soberanía popular. Su pensamiento nos recuerda que la República es un edificio frágil que requiere de una vigilancia constante y de una independencia de poderes real para no sucumbir ante el despotismo. En tiempos donde la legitimidad de las instituciones vuelve a estar en el centro del debate, la obra de Laso recupera su valor como un manual de resistencia civil y de fe en la razón colectiva. Su legado es la convicción de que nadie es dueño de la nación y de que el poder es siempre una delegación precaria que debe rendir cuentas ante la ley y la voluntad ciudadana. 


Referencias bibliográficas


Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. (1970). Pensamiento Político Peruano: El Liberalismo (Tomo III). UNMSM.

González Vigil, F. de P. (1862). Opúsculos Sociales y Políticos. Imprenta de la Patria.

Herrera, B. (1846). Sermón pronunciado el día 28 de julio de 1846, aniversario de la Independencia del Perú. Imprenta administrada por L. Herrera.

Herrera, B. (1929). Escritos y Discursos (Tomo I). Librería Francesa Científica y Casa Editorial E. Rosay.

Laso, B. (1845). Examen de las doctrinas del Convictorio de San Carlos. El Correo Peruano. (Reproducido en UNMSM, 1970).

Laso, B. (1846). Artículos editoriales sobre soberanía popular. El Correo Peruano, (391-393).

Laso, B. (1847). Escritos Políticos y Judiciales de Benito Laso. Imprenta de la Patria / J.M. Masías.

Laso, B. (1851). Discurso sobre la organización de los tribunales en el Perú. Revista de Jurisprudencia y Administración.


Comentarios


Noticias

bottom of page