Víctor Andrés Belaunde y el conservadurismo moderado
- Ricardo Falla Carrillo

- hace 1 día
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Víctor Andrés Belaunde (Arequipa, 1883 - Nueva York, 1966) fue, indiscutiblemente, uno de los pensadores más lúcidos de la denominada "Generación del 900" en el Perú. Filósofo, diplomático, educador y ensayista, su obra intelectual se erige como un pilar fundamental para problematizar la identidad nacional peruana frente a las crisis de la modernidad. Su pensamiento, forjado en la transición del positivismo decimonónico hacia un espiritualismo cristiano, pretendió suturar las fracturas históricas del país. En su obra cumbre, Peruanidad (1943/1957), Belaunde trasciende la especulación sociológica para formular una ontología de la nación, erigiendo el concepto de "síntesis viviente" como la clave conceptual para entender el pasado del Perú y orientar su futuro político y moral.
La disputa por el sentido del Perú
Para comprender la magnitud y la intención de la obra de Víctor Andrés Belaunde, es necesaria situarla en el convulso escenario ideológico de la primera mitad del siglo XX. El Perú, que aún arrastraba las cicatrices morales y materiales de la Guerra del Pacífico, se encontraba en una profunda búsqueda de su identidad. Esta búsqueda generó respuestas polarizadas. Por un lado, el positivismo radical y el anarquismo de Manuel González Prada habían sentado las bases para un rechazo frontal de la herencia hispánica. Posteriormente, en las décadas de 1920 y 1930, emergieron con fuerza el marxismo heterodoxo de José Carlos Mariátegui y el indigenismo radical de pensadores como Luis E. Valcárcel.
Estas corrientes, fuertemente influenciadas por el materialismo histórico, tendían a leer la historia del Perú desde la fractura y el conflicto. Para el marxismo y el indigenismo radical, el Perú estaba escindido irremediablemente entre una costa criolla occidentalizada y una sierra andina auténticamente indígena; entre un pasado incaico idealizado como un comunismo agrario y un virreinato hispánico condenado como una era de oscurantismo y explotación feudal.
Frente a este determinismo materialista que amenazaba con desintegrar la idea misma de nación, Belaunde erigió una arquitectura argumentativa basada en el humanismo cristiano y en un conservadurismo moderado de raigambre reformista. Su intención no era negar los dramas sociales ni los abusos del pasado, sino desarticular lo que él denomina el "unicismo" metodológico de sus adversarios. Belaunde advirtió sobre el peligro de reducir la complejidad de la historia a un solo factor, ya sea el económico o el racial:
Hay, sin embargo, un carácter peculiar en el materialismo peruano: no sólo atiende a las formas de la producción sino a los dictados de la raza. Marxismo y racismo pueden oponerse dialéctica o vitalmente en otras partes; en el Perú se unen en sospechoso maridaje. Los junta la oposición a la cultura católica y al aporte hispano en la peruanidad. (Belaunde, 1957, p. 3).
La intención del autor es clara: frenar el ímpetu de las ideologías revolucionarias que propugnaban una ruptura total (hacer tabula rasa del pasado hispánico) mediante la revalorización de la continuidad histórica. Para Belaunde, el materialismo histórico era incapaz de explicar los grandes móviles del espíritu humano que forjaron América. Al proponer su visión, se inscribe en la tradición del conservadurismo intelectual que entiende a la sociedad no como un contrato mecánico que puede ser rediseñado arbitrariamente en el presente, sino como un organismo vivo, atado a un pasado rector que debe ser depurado y perfeccionado, pero nunca aniquilado.
La "síntesis viviente": ontología de la peruanidad
El núcleo teórico de la respuesta de Belaunde a las corrientes disgregadoras es el concepto de "síntesis viviente". Frente a la noción de un Perú fragmentado, el pensador arequipeño postula que la nación es el resultado de un largo, doloroso, pero finalmente fecundo proceso de integración. La peruanidad no es una simple yuxtaposición de elementos culturales y raciales que cohabitan en un mismo territorio, sino una fusión ontológica. En el prólogo de su obra, Belaunde define este concepto de manera axiomática, estableciendo las bases de su sociología espiritualista:
Nosotros repetimos sin descanso, ante las incesantes negaciones de nuestros adversarios, que el Perú es una síntesis viviente; síntesis biológica, que se refleja en el carácter mestizo de nuestra población; síntesis económica, porque se han integrado la flora y la fauna aborígenes con las traídas por España y la estructura agropecuaria primitiva con la explotación de la minería y el desarrollo industrial; síntesis política, porque la unidad política hispánica continúa la creada por el Incario; síntesis espiritual, porque el sentimiento hacia una religión naturalista y paternal se transforma y eleva en el culto de Cristo y en el esplendor de la liturgia católica (Belaunde, 1957, p. 4).
Este pasaje es fundamental porque revela la multidimensionalidad del enfoque belaundiano. La síntesis opera en estratos. Reconoce la fusión biológica (el mestizaje) y la adaptación técnica (la economía), pero subordina estos elementos materiales a los factores políticos y, de manera suprema, a los espirituales.
Para sostener esta teoría, Belaunde recurre a una filosofía de la historia que bebe directamente de pensadores como Ernest Renan y Maurice Blondel. Desecha las concepciones roussonianas que ven a la patria como un simple pacto de voluntades individuales en el presente, así como las visiones deterministas que la reducen a la geografía o la raza. Argumenta que "la Patria vive en el tiempo humano sintético y cualitativo, que es distinto del tiempo mecánico o tiempo vulgar" (Belaunde, 1957, p. 15).
En este sentido, la "síntesis viviente" es un plebiscito espiritual continuo. Para Belaunde, "la Patria es espíritu; espíritu que se plasma en la tierra y en la sangre; espíritu que se viste y se nutre de un paisaje; espíritu que anima y exalta la vida en vocación de ideal y sacrificio" (Belaunde, 1957, p. 15). Al postular esto, el autor ejecuta una defensa del "ser" nacional frente al "deber ser" utópico de los revolucionarios. Si el Perú es, en su esencia misma, una síntesis, entonces cualquier intento político que pretenda extirpar el legado hispánico o ignorar el sustrato andino no es solo un error estratégico, sino un atentado contra la ontología de la nación; es, en sus propios términos, una "desintegración".
El legado incaico y la transformación hispano-católica
Para validar empíricamente su teoría de la síntesis, Belaunde realiza una extensa revisión de la historia peruana, analizando los aportes del Incanato y del Virreinato. Su evaluación del Imperio Incaico es matizada y se distancia tanto del desdén hispanista extremo como de la idealización romántica del indigenismo.
Belaunde reconoce en el Tahuantinsuyo una proeza administrativa y técnica. Siguiendo al historiador Arnold J. Toynbee, lo clasifica como un "Estado Universal Andino", destacando su legado de unidad política, su sentido de la justicia social material (evitando el hambre) y sus inmensas obras de infraestructura que vencieron un territorio hostil. Sin embargo, desde una perspectiva estrictamente sociológica y espiritual, Belaunde argumenta que el Incario no constituyó una verdadera "nación". Carecía del elemento aglutinante del espíritu y de la libertad personal:
Esta maravilla histórica, que es el Estado universal andino, ha transmitido un precioso legado de unidad política, eficiencia administrativa y económica, a la nacionalidad peruana, pero no puede decirse que constituya la plena iniciación de la peruanidad tal como existe hoy. [...] El elemento psíquico, que es el determinante, existe en los imperios —y en esto no es una excepción el incaico— solamente en la élite, pero no en la masa (Belaunde, 1957, pp. 38-39).
Si el Incanato aportó la base material y la estructura territorial, fue la Conquista española la que aportó el "alma" que transformó ese conglomerado de tribus en una nacionalidad naciente. Belaunde se enfrenta directamente a la "leyenda negra" de la colonización española. Si bien no niega los abusos individuales, la violencia de la guerra civil entre conquistadores y la dureza de instituciones como la mita, su análisis se centra en la intención normativa y ética del Estado español y, sobre todo, de la Iglesia Católica.
Para el ensayista, la Conquista no fue una simple empresa de rapiña mercantil, sino una colosal empresa de civilización y evangelización. La irrupción de España produjo, según sus palabras, una "quíntuple transformación": biológica, económica, estructural, cultural y religiosa (Belaunde, 1957, p. 62). El vehículo de esta transformación fue la ciudad hispánica y el desarrollo de un Estado de Derecho tutelar, inspirado por teólogos como Francisco de Vitoria y Bartolomé de las Casas, quienes sentaron las bases para reconocer la dignidad humana del indígena.
Sin embargo, el factor definitivo de la síntesis fue la religión. Belaunde sostuvo que la pluralidad de deidades (huacas) en el mundo andino impedía una verdadera unidad moral. Fue la fe católica la que otorgó a la población peruana un destino escatológico común y un sentido de la dignidad de la persona humana que el Incanato desconocía:
La unidad política no bastó para crear un alma nacional. Esta sólo surgió de la comunidad espiritual que intentaron realizar los misioneros desde el descubrimiento. Esa comunidad espiritual es la base de la conciencia nacional peruana. [...] El mensaje de Dios sólo aparece plenamente cuando el Verbo se encarna y habla a los hombres. Y el cristianismo, dueño de ese mensaje, intentará la transformación radical del hombre, la creación del nuevo hombre de San Pablo (Belaunde, 1957, pp. 155-156).
Es en la religión donde el conservadurismo de Belaunde halla su anclaje más profundo. La liturgia, el arte barroco, la formación de cofradías y la piedad popular (como el culto mariano o el Señor de los Milagros) no son vistos como mecanismos de alienación, sino como los crisoles donde la sangre indígena y la fe occidental se fundieron pacíficamente para crear el mestizaje espiritual que define al Perú.
Un conservador moderado y católico
Al adentrarse en la lectura de Peruanidad, resulta claro que el empeño de Víctor Andrés Belaunde excede los márgenes de la erudición académica descriptiva. Nos encontramos, en propiedad, ante un texto de profunda vocación política y moral. La intencionalidad que vertebra la obra responde a la urgencia de encarar lo que el autor percibía como una doble amenaza histórica para el orden social: la anarquía institucional y el despotismo, fenómenos derivados del quiebre de los principios axiológicos tradicionales.
El posicionamiento de Belaunde se define dentro de un conservadurismo de corte moderado, distante por igual del inmovilismo reaccionario y de la defensa de los privilegios oligárquicos. Su postura se aproxima más bien a un reformismo orgánico. Si bien asume la impostergable necesidad de atender la justicia social, la cuestión agraria y los derechos del trabajador, insiste en que estas transformaciones deben encauzarse dentro de la continuidad histórica y el sustrato espiritual de la nación. De ahí que cuestione con idéntico rigor tanto las lógicas utilitarias del capitalismo individualista como el determinismo doctrinario de la demagogia marxista.
Esta impugnación a las corrientes de la modernidad descansa en una crítica a la inversión de los valores contemporáneos, los cuales priorizan el pragmatismo técnico y económico en detrimento de la dimensión ética de la vida. Para Belaunde, los ensayos de implantación de modelos foráneos —desde el jacobinismo decimonónico hasta el socialismo soviético en el siglo XX— están condenados al fracaso debido a su desconocimiento de la morfología interna de la sociedad peruana. Al evaluar este extravío ideológico, el autor anota:
En la formación de la conciencia nacional, no tuvo la evidencia de este hecho vital, ni el Estado, ni el educador, ni el publicista. Se importó una ideología extraña, sin adaptarla a nuestras modalidades, produciendo lo que he llamado la desviación radical de nuestra política. Y hoy día que, desilusionados de los dogmas de la Revolución Francesa, buscamos rumbos en la política económica, pretendemos importar, sin crítica ni asimilación, los dogmas de la revolución rusa (Belaunde, 1957, pp. 382-383).
El conservadurismo belaundiano constituye, fundamentalmente, una apelación a la prudencia política. Al conceptualizar al Perú bajo la categoría de «síntesis viviente», se postula un método de aproximación al futuro donde toda reforma estructural requiere un carácter integrador, gradual y respetuoso de los fueros del humanismo cristiano. Desde esta perspectiva, el papel que el autor asigna a las élites intelectuales, a la universidad y a la Iglesia no debe interpretarse como un mecanismo de preservación corporativa o de opresión; por el contrario, busca asegurar que la conducción del país recaiga en sectores dinamizados por una genuina tensión ética y un sentido de responsabilidad histórica. Solo mediante esta dirección institucional es posible evitar la degradación del cuerpo social en una masa inorgánica, fácilmente instrumentalizable por el caudillismo o las tendencias totalitarias.
No obstante, un examen desapasionado de la propuesta belaundiana depara ciertas tensiones conceptuales. Su marcada confianza en la rectitud y la «tensión ética» de las élites dirigentes adolece, acaso, de un voluntarismo idealista que la accidentada experiencia republicana ha cuestionado con frecuencia, exponiendo las dinámicas persistentes del faccionalismo y la exclusión. De igual modo, la categoría matriz de «síntesis viviente», si bien resulta heurísticamente valiosa para postular un horizonte de identidad compartido, tiende a relativizar la profundidad de los conflictos de clase y las asimetrías estructurales e históricas irresueltas en el país.
Al subordinar las contradicciones materiales a una armonía espiritual de raíz providencialista, el pensamiento de Belaunde corre el riesgo de ofrecer un diseño de cohesión que minimiza las fuerzas centrífugas de la realidad social. En esa medida, su reformismo orgánico permanece como un lúcido testimonio de la tradición humanista, cuya viabilidad práctica, sin embargo, se vio limitada por las hondas fracturas de nuestra modernidad periférica.
Bibliografía
Belaunde, V. A. (1931). La realidad nacional. Editorial «Le Livre Libre».
Belaunde, V. A. (1987). Peruanidad (Obra original publicada en 1943/1957). Comisión Nacional del Centenario de Víctor Andrés Belaunde.










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