Una guía realista para este mundo
- Ricardo Falla Carrillo

- hace 1 día
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El reconocido filósofo británico, John Gray, en su reciente obra Los nuevos leviatanes (2024), nos ofrece una advertencia fundamental para situar este análisis: el orden liberal que creímos definitivo no habría sido más que un breve "paréntesis histórico", una anomalía de estabilidad en medio de la recurrente tragedia humana. Al definir la política como una sucesión de "estados de emergencia" por naturaleza, Gray diluye la teleología del progreso y nos devuelve a una realidad donde la seguridad y el orden son conquistas frágiles, siempre acechadas por la anarquía. Esta premisa nos obliga a reconocer que lo que hoy percibimos como una crisis del sistema internacional no es una desviación del camino, sino el posible retorno a la condición habitual de lo político, donde la lucha por el sentido y la supervivencia precede a cualquier arquitectura legalista.
En ese sentido, el término "realismo político" aparece con frecuencia en el debate público, aunque a menudo despojado de su densidad teórica y reducido a un sinónimo de cinismo o conveniencia pragmática. Ante esta confusión, este artículo se propone situar conceptualmente al lector en una época marcada por el colapso del universalismo liberal y el retorno de la cruda competencia por el poder. A través de una revisión de sus figuras tutelares —desde la audacia de Maquiavelo y la lógica de Hobbes hasta la sistematización de Morgenthau y la reciente crítica de Guilhot—, exploraremos cómo esta tradición nos permite descifrar la actual fragmentación geoeconómica y la crisis del multilateralismo. Más que una ideología, el realismo es una herramienta de navegación indispensable para comprender por qué el escenario global habría vuelto a ser el campo de batalla de guerreros soberanos.
I. El ocaso de las ilusiones: Crisis del multilateralismo y el retorno de la fuerza
La arquitectura internacional diseñada tras el fin de la Guerra Fría, sostenida por la promesa de un universalismo liberal y la hegemonía de las instituciones multilaterales, atraviesa hoy una crisis que, al parecer, resulta terminal. Aquel "fin de la historia" que vaticinaba el triunfo definitivo de la democracia de mercado y el derecho internacional sobre la fuerza ha dado paso a un escenario donde las prácticas imperiales y la reafirmación de bloques geopolíticos vuelven a ser la norma. Nos encontramos en un interregno donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer, marcado por la erosión de la ONU y la proliferación de conflictos que desafían la soberanía territorial. En este contexto, el realismo político emerge no como una ideología de la crueldad, sino como una herramienta analítica indispensable. El regreso a la realpolitik no es una elección, sino una constatación fáctica: el mundo ha vuelto a su estado de naturaleza hobbesiano, donde la seguridad es un bien escaso y la desconfianza el motor de la acción estatal. Comprender esta transición exige despojarnos de los lentes normativos del idealismo para observar, con la frialdad del cirujano, cómo los intereses nacionales definidos en términos de poder vuelven a configurar el mapa global en detrimento de los consensos abstractos.
II. Entre la lógica de lo real y la autonomía de la política
El realismo político debe entenderse, ante todo, como una tradición de pensamiento que privilegia el ser sobre el deber ser. Como señala Luis R. Oro Tapia (2014), el realismo no es una doctrina unívoca, sino un conjunto de premisas que aceptan que la política posee sus propias leyes, independientes de la moral privada. Sin embargo, su evolución en el siglo XX le otorga un carácter de respuesta histórica. Nicolas Guilhot sugiere que el realismo contemporáneo surge como un "proyecto de rescate" de la política frente al fracaso de los ideales de la Ilustración.
Según Guilhot (2017), el realismo no es solo una sabiduría antigua, sino una reconstrucción intelectual que busca "reinstaurar la autonomía de lo político contra el legalismo y el cientificismo que dominaron la diplomacia de entreguerras" (p. 42). Esta autonomía implica que el gobernante debe actuar bajo la lógica de la necesidad. En la actualidad, esta definición nos permite entender por qué las instituciones internacionales resultan inoperantes frente a potencias que operan bajo una racionalidad de supervivencia. El realismo nos enseña que el orden no es un producto de la buena voluntad, sino el resultado de un equilibrio de fuerzas siempre precario.
III. El legado de Tucídides y la inevitabilidad del conflicto
La historia del realismo comienza en la Grecia clásica, específicamente con Tucídides y su relato de la Guerra del Peloponeso. Su observación sobre el crecimiento del poder de Atenas y el temor que esto infundió en Esparta constituye la primera formulación de lo que hoy conocemos como la "trampa de Tucídides". Para el realista, la naturaleza humana es constante: el miedo (phobos), el interés (kerdos) y el honor (doxa) son los motores que impulsan a los Estados. En la crisis contemporánea entre China y Estados Unidos, estas categorías clásicas vuelven a tener una vigencia asombrosa.
El realismo sostiene que, ante la ausencia de un soberano global que imponga el orden, cada Estado debe velar por su propia seguridad, generando un círculo vicioso de armamento y desconfianza. Esta "historia sucinta" que elaboramos, nos revela que, a pesar de los avances tecnológicos, los instintos primarios de las unidades políticas permanecen inalterados. La reafirmación de bloques geoeconómicos actuales no es más que la reedición moderna de las ligas griegas, buscando protección en la fuerza colectiva ante la amenaza percibida del rival.
IV. Nicolás Maquiavelo: La virtud política frente a la fortuna
Hay tanta distancia de cómo se vive a cómo se debería vivir, que quien deja a un lado lo que se hace por lo que se debería hacer, aprende antes su ruina que su preservación.
Nicolás Maquiavelo, El Príncipe (1513).
En la transición a la modernidad, Nicolás Maquiavelo (1469-1527) rompe con la tradición escolástica para fundar la ciencia política sobre la "verdad efectiva de las cosas". En su obra, la política se desprende de la teología y se vincula estrictamente con la conservación del Estado. El príncipe maquiaveliano debe poseer la virtù necesaria para adaptarse a los tiempos, comprendiendo que la moralidad del individuo no siempre es compatible con la responsabilidad del gobernante. Maquiavelo (2001) advierte que "un hombre que quiera hacer en todos los puntos profesión de bueno, labrará necesariamente su ruina entre tantos que no lo son" (p. 15).
Esta sentencia es la piedra angular del realismo internacional: en un sistema de Estados soberanos donde no existe una autoridad superior, la bondad desarmada es suicidio político. Hoy, cuando vemos el retorno de las prácticas imperiales, la lección de Maquiavelo sobre el uso de la fuerza y la astucia se vuelve vital para entender que los líderes globales no actúan por altruismo, sino por la imperiosa necesidad de mantener la integridad de sus naciones en un entorno hostil.
V. Thomas Hobbes y la anarquía del sistema internacional
Los pactos sin la espada no son más que palabras y carecen de fuerza para asegurar en absoluto a un hombre".
Thomas Hobbes, Leviatán (1651).
El pensamiento de Thomas Hobbes (1588-1679) proporciona la estructura lógica para comprender la anarquía internacional. Si en el plano interno el Estado pone fin a la guerra de todos contra todos, en el plano externo los Estados permanecen en una condición de naturaleza. En su obra Leviatán, Hobbes describe este estado como uno donde la vida es "solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve". Para el realismo político, el sistema internacional es permanentemente hobbesiano porque no existe un "Leviatán de los Leviatanes" que garantice la paz perpetua.
Hobbes (2005) señala que "en todos los tiempos, los reyes y personas de autoridad soberana, celosos de su independencia, se hallan en estado de continua enemistad y en la situación y postura de los gladiadores" (p. 102). Esta imagen de los gladiadores es la descripción más precisa de la competencia actual por recursos estratégicos y rutas comerciales. La crisis del multilateralismo es, en esencia, la constatación de que las leyes internacionales solo tienen fuerza cuando coinciden con los intereses de los más poderosos.
VI. Hans Morgenthau y la sistematización del Realismo Clásico
La política internacional, como toda política, es una lucha por el poder. Cualesquiera que sean los fines últimos de la política internacional, el poder es siempre el fin inmediato.
Hans J. Morgenthau, Política entre las naciones (1948).
En el siglo XX, Hans Morgenthau (1904-1980) transformó estas intuiciones históricas en una teoría sistemática. Morgenthau representó la culminación de un proceso de maduración intelectual que Guilhot (2017) describe como el paso de un realismo empírico a uno "teológico-político", que surge precisamente como reacción a la desilusión con las promesas de la Ilustración tras la Segunda Guerra Mundial. La obra de Morgenthau establece que la política está gobernada por leyes objetivas.
El concepto clave es el "interés nacional definido en términos de poder", que permite analizar la conducta de los Estados independientemente de sus motivos ideológicos. Morgenthau (1986) afirma que "el realismo político considera que un concepto como el de interés definido como poder es el vínculo principal que ayuda a la razón a encontrar su camino en el panorama de la política internacional" (p. 12). En nuestra época, esto significa que para entender la geopolítica no debemos buscar justificaciones retóricas, sino posiciones materiales. El universalismo liberal falló al intentar imponer una moralidad única sobre un mundo plural y conflictivo.
VII. El Realismo Estructural y la tragedia de las grandes potencias
A diferencia del realismo clásico que se centra en la naturaleza humana, el neorrealismo o realismo estructural de autores como John Mearsheimer pone el énfasis en la estructura del sistema internacional. Para esta corriente, la anarquía obliga a los Estados a ser "maximizadores de poder" por pura necesidad sistémica. La "tragedia de la política de las grandes potencias" radica en que, incluso los Estados con intenciones pacíficas, se ven obligados a competir para evitar ser vulnerables ante otros. Vidhi Gohar (2025) destaca en su análisis comparativo que, mientras Morgenthau enfatiza la prudencia moral, el realismo ofensivo de Mearsheimer sugiere que los Estados buscan la hegemonía regional para asegurar su supervivencia. Esta perspectiva es crucial para situarnos hoy: la reafirmación de bloques no es un capricho ideológico, sino una respuesta defensiva ante un sistema que vuelve a ser multipolar. La crisis del universalismo liberal es la consecuencia natural de un cambio en la distribución del poder global, donde la hegemonía unipolar ya no puede sostener las ficciones de un orden basado en reglas.
VIII. La crítica al universalismo liberal y la ilusión de la paz perpetua
El realismo político se ha construido siempre en tensión con el idealismo internacionalista. La propuesta de Immanuel Kant en Hacia la paz perpetua sobre una federación de Estados republicanos ha sido el gran horizonte del orden liberal. Sin embargo, desde una perspectiva realista, el proyecto kantiano ignora la persistencia del poder. Rodolfo Arango (2017) discute cómo la lectura sistemática de Kant permite un cosmopolitismo republicano, pero advierte que el realismo suele ver en estas construcciones una forma de encubrir intereses particulares bajo un lenguaje universalista. La crisis actual es la caída de esa máscara.
El realismo nos advierte que cuando una potencia habla en nombre de la "humanidad", suele estar buscando una ventaja estratégica. El retorno a las prácticas imperiales demuestra que el universalismo liberal fue una fase transitoria de la hegemonía occidental, y que la pluralidad de civilizaciones exige un retorno a la diplomacia clásica del equilibrio de poder, en lugar de una cruzada ideológica o moral desmesurada.
IX. Realismo, populismo y la erosión de la política exterior
Un fenómeno reciente que complica el panorama internacional es la irrupción del populismo en las grandes potencias. Según Felix Rösch y Thorsten Wojczewski (2025), el realismo clásico ofrece herramientas para entender cómo el populismo desafía las nociones tradicionales de interés nacional al introducir identidades domésticas en la arena global. Esta dinámica ha contribuido a la desestabilización del orden multilateral, ya que los líderes populistas suelen ver en las organizaciones internacionales una amenaza a la soberanía.
No obstante, el realismo nos recuerda que las realidades estructurales del poder terminan imponiéndose. Un gobernante puede despreciar el derecho internacional, pero no puede ignorar la geografía o la capacidad militar de sus vecinos. La guía clave que ofrece el realismo en esta época de crisis es la capacidad de distinguir entre el ruido de la política interna y las corrientes profundas de la estrategia internacional.
X. La prudencia como virtud suprema en un mundo fragmentado. Una síntesis.
En última instancia, el realismo político no es una invitación al cinismo, sino un llamado a la prudencia. Situarnos en esta época de crisis del universalismo liberal requiere aceptar que el mundo es un lugar peligroso y que la paz no es el estado natural de las cosas, sino un logro artificial. La reafirmación de bloques geopolíticos y el retorno de la competencia entre potencias marcan el fin de una era de ilusiones.
El realismo nos ofrece el mapa necesario para navegar en esta incertidumbre: un mapa que reconoce la primacía de los Estados, la centralidad del poder y la necesidad de equilibrios que eviten el conflicto total. En palabras de Jorge Giraldo Ramírez (2007), la mejor filosofía política es aquella que aprende la "lógica de lo real" para buscar lo deseable dentro de lo posible. Ante la crisis del universalismo, el realismo político- a pesar de sus limitaciones-, se erige como la una guía teórica capaz de proporcionarnos una comprensión sobria y rigurosa de las fuerzas que realmente mueven el mundo en este siglo XXI.
Referencias bibliográficas
Arango, R. (2017). Kant y el colonialismo. Hacia un cosmopolitismo republicano. Con-Textos Kantianos. International Journal of Philosophy, (5), 316-343.
Giraldo Ramírez, J. (2007). Contra el realismo político, en la carne de Morgenthau. Co-herencia, 4(7), 127-150.
Gohar, V. (2025). Morality and Survival in Realist Thought: Comparing Hans Morgenthau and John Mearsheimer. International Journal of Sociology and Humanities, 7(2), 341-343.
Gray, J. (2024). Los nuevos leviatanes: Reflexiones tras el liberalismo (A. Santos Mosquera, Trad.). Sexto Piso. (Original publicado en 2023).
Guilhot, N. (2017). After the Enlightenment: Political Realism and International Relations in the Mid-Twentieth Century. Cambridge University Press.
Hobbes, T. (2005). Leviatán: o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil. Fondo de Cultura Económica. (Original publicado en 1651).
Kant, I. (2018). Hacia la paz perpetua: un diseño filosófico (R. R. Aramayo, Ed. y Trad.). CTK E-Books. (Original publicado en 1795).
Maquiavelo, N. (2001). Antología del pensamiento de Maquiavelo (O. Godoy Arcaya, Ed.). Centro de Estudios Públicos.
Morgenthau, H. J. (1986). Política entre las naciones: la lucha por el poder y la paz. Grupo Editor Latinoamericano.
Oro Tapia, L. R. (2014). El concepto de realismo político. RIL editores.
Portinaro, P. P. (2005). El realismo político. Ediciones Nueva Visión.
Rösch, F., & Wojczewski, T. (2025). Theorizing populism in international relations: a classical realist perspective. Cambridge Review of International Affairs, 38(4), 460-482.













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