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Trabajadores de San Marcos llevan más de una semana en huelga de hambre y universidad les da la espalda




El SITRAUSM acampa en la puerta N.° 2 de la Ciudad Universitaria exigiendo negociación colectiva, cumplimiento de un laudo arbitral y condiciones dignas de trabajo. La FENTUP, la CITE y la CGTP respaldan la medida.


Dirigentes del Sindicato de Trabajadores CAS de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (SITRAUSM) llevan ya más de una semana sin ingerir alimentos, instalados en carpas frente a la puerta N.° 2 de la Ciudad Universitaria, en una huelga de hambre que inició el lunes 15 de junio. La medida, extrema y dolorosa, no es un capricho: es la respuesta de trabajadores agotados de esperar que la institución más antigua de América cumpla con obligaciones que llevan meses vencidas.


La huelga de hambre cuenta con el respaldo de la Federación Nacional de Trabajadores Universitarios del Perú (FENTUP), base de la Confederación Intersectorial de Trabajadores Estatales (CITE) y de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP).


Un sueldo mínimo y un vale de consumo que no alcanza


En el centro del conflicto están las demandas de la negociación colectiva del período vigente. La mayoría de los trabajadores CAS de San Marcos perciben apenas el sueldo mínimo —S/1.130 mensuales desde enero de 2025— y el principal punto en disputa es el incremento de los vales de consumo, uno de los pocos beneficios complementarios con los que cuentan. La posición de los representantes de la universidad ha sido, según denuncia el sindicato, invocar la inexistencia de recursos económicos para atender cualquier mejora.


Pero la falta de recursos, argumento recurrente de las administraciones públicas cuando se trata de sus propios trabajadores, contrasta con un contexto nacional en el que la CGTP y los sindicatos del Estado han señalado repetidamente que es "altamente cuestionable que en el propio Estado miles de trabajadores estén en condiciones precarias". Precisamente en el marco de la negociación colectiva centralizada 2026-2027, los gremios estatales han marchado al MEF para exigir respeto a la negociación colectiva y denunciar que el Ejecutivo dilata las conversaciones mediante reuniones prolongadas sin definiciones presupuestales claras. El SITRAUSM es la expresión más aguda de esa misma lógica de postergación, pero a escala institucional y con cuerpos humanos como moneda de presión.


Más allá de la negociación colectiva, el pliego del SITRAUSM incluye demandas que no son propuestas sino exigencias de cumplimiento de ley: el acatamiento del laudo arbitral vigente, la participación del representante sindical en los órganos de gobierno de la universidad y la instalación del Comité de Seguridad y Salud en el Trabajo. Son puntos que no deberían requerir una huelga de hambre para avanzar.


La legislación peruana reconoce expresamente el derecho de los trabajadores CAS a negociar condiciones económicas a nivel descentralizado, y negar ese derecho implicaría una discriminación laboral frente a otros regímenes del Estado como el DL 276 o el DL 728. El incumplimiento de un laudo arbitral, además, no es un asunto de voluntad institucional sino de obligación legal.


Un régimen diseñado para la precariedad


El CAS —Contrato Administrativo de Servicios— fue creado como una figura de excepción y se convirtió en el régimen permanente de miles de servidores públicos. Los trabajadores bajo este régimen enfrentan inestabilidad laboral y carencia de beneficios sociales. Recién en 2026, luego de años de lucha sindical, el Congreso aprobó que los trabajadores CAS reciban una gratificación equivalente a su remuneración mensual y accedan a la CTS, igualándolos con el sector privado —aunque el Ejecutivo todavía busca implementar esos beneficios de forma gradual, diluida, hasta el año 2030.


En ese escenario de conquistas incompletas y derechos en disputa permanente, la UNMSM reproduce en pequeño la lógica del Estado: reconocer formalmente derechos y esquivar su aplicación concreta.


La Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la más antigua de América Latina, fundada en 1551, lleva más de una semana con dirigentes sindicales en huelga de hambre frente a sus puertas sin ofrecer una respuesta efectiva. No hay diálogo, no hay propuesta, no hay señal de urgencia institucional. Más de una semana de ayuno de trabajadores que sostienen a diario la operación de la universidad es el precio que las autoridades han decidido que vale su silencio.


El SITRAUSM exige la instalación de una mesa de diálogo efectiva que permita alcanzar acuerdos concretos. Mientras eso no ocurra, las carpas en la puerta N.° 2 seguirán siendo el espejo más incómodo de la UNMSM.


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