Poesía de Joel Lenner Castañeda Dueñas
- Elma Murrugarra

- 11 ago
- 5 min de lectura

¿Cómo he de acariciar tu cuerpo?
¿Aún te preguntas cómo he de acariciar tu cuerpo?
Respondo:
Deberás primero despojarte de tu copiosa indumentaria
dejar cada milímetro de tu piel al acecho de mi impetu
recostarte luego sobre esta turgente cama
cómplice
amiga
y camarada.
Me preguntas y cierras los ojos.
Respondo:
Habitaré las hebras de tu cabello negro y liso
descenderé por cada uno de ellos e invadiré en silencio
cada milímetro de tu piel desnuda
alba
eurítmica
y sedienta.
Me preguntas y la voz se te hace hierba, manantial...
Respondo:
Descenderé a tus labios almendrados
allí mi soledad brincará
me detendré luego en las comisuras llanas del arco de cupido
y esperaré exhausto
una sonrisa
un gemido
una palabra.
Me preguntas y la noche te susurra al oído y sonries.
Respondo:
Deberé ascender lentamente sobre los flancos de tu espalda
mis brazos, cual eximios gigantes, hurgarán sobre tu vientre
el secreto que guardas entre ese mar brumoso
y ese indómito universo
esa canción líquida
tus pasos, tu voz, tu nombre...
Me preguntas y en tus oídos oyes gritar al silencio.
Respondo:
Sigiloso, invadiré lentamente
el territorio vedado y misterioso de tus senos
deslizaré mis manos por el contorno
de sus avenidas
sus jirones
su llanto.
Me preguntas, amor, cómo he de acariciar tu cuerpo
cuando al fin puedas habitar estas paredes blancas
/de mi habitación.
Respondo:
Posaré mis manos sobre tu ignea piel
sobre tu vientre inquieto
tus brazos
tu boca
tus senos
tu sexo reducido a un gemido
tu cabello surcando la alta noche.
He de acariciar tu cuerpo ceñido a mi copioso llanto.
He de recorrer tu vientre anclado a mi herida.
He de deslizarme entre tu larga cabellera y tu sexo
en el centro mismo de tu pecho
y todo lo que mi mano toque será creado.
Me preguntas, amor, cómo he de acariciarte.
Concluyo:
He de habitar tu cuerpo con mis labios
he de fundirme en tu sonrisa
he de extraviarme entre tus brazos
despojada de tu copiosa indumentaria
recostada sobre esta turgente cama
cómplice
amiga
y camarada.
Bombardearon Siria, amor
Bombardearon Siria, amor
¿es otro pretexto más de aquellos que dicen defender la libertad
y luego impregnan nuestras manos de odio
envenenan nuestros ríos
imponen sus normas, sus leyes, hipotecan nuestra libertad?
Te imagino ahora leyendo el periódico
afirmando con la cabeza
porque la libertad es la bandera, que a sudor, sangre y muerte
y también a ciegas, debe defenderse
porque la democracia es «del» y «para» el pueblo
porque todos somos iguales
aunque en el fondo, amor, la democracia sea solo eso
una conjunción inexacta de cinco vocales y cinco consonantes
/también inexactas
aunque en el fondo la democracia, amor, olvide las lágrimas
los rostros enjutos
las manos callosas
solo que su olvido ornamenta las calles de color carmesí
estruja el dolor en público y las dilata después, a solas, en el
/comedor
y eso es así, porque es necesario y es necesario
porque... es mejor no hablar de eso.
Bombardearon Siria, amor
leo las noticias y no estás ahora atada a mis brazos
veo entonces la televisión
aquellas imágenes con las que debes estar tú también moqueando
¿qué pretexto ahora guio el ataque?, ¿qué intenciones?
cuando Irak fue devastada el desarme de armas de destrucción
/masiva fue el pretexto
los resultados: democracia, petróleo, terror, militarismo, poder y
/más poder
cuando Afganistán fue devastada, el pretexto — esta vez— fue
/combatir el terrorismo
y los resultados se sumaron en millones de dólares y más
/democracia, más petróleo
y mucho más terror.
Amor mío,
al caer la tarde
debes estar ya sonriendo en la cama de algún hotel
de un pueblo también olvidado
ignorando las comas y los puntos
el uso correcto de la B o la V, de la Z o la S
igual, los campesinos entenderán el mensaje
mientras tanto
en el horizonte
yo he de estar dibujando tu cuerpo sobre la arena
te he de estar poseyendo
te he de estar libertando de tus ataduras
«soy tuya», dirás entonces
para luego, ya exhausta
deshacerte de mis brazos
mi calor
mi sudor sobre tu cuerpo.
Unidad en el amor: el hombre mata, señores
Sucede que el hombre mata, señores
sucede que me detengo en el viejo y abandonado barrio
—del que un día hui—
sucede que la noche espía
hurga sobre el olvido
observa cuánto no observamos
cuánto callamos
sucede que no es fácil asentir con la cabeza
y olvidar la sangre el hambre
la muerte.
¿Cómo no entender así a este cielo agrio
y a esta luna gris?
¿cómo no huir de la noche
del olvido?
El hombre mata, señores
también maté en alguna ocasión
la risa desgajada de una fémina
su llanto pretérito
sus brazos
su cuerpo
su indomable vientre sobre el mío.
Sucede que el viento se desliza sobre mis manos
sucede que las preguntas no tienen ya respuestas
sucede que a pesar de todo
entre el hambre y la guerra
amo las noches atado a sus brazos
a su calor invadiendo cada poro de mi cuerpo
a sus piernas
a sus senos
rígidos y erectos.
Sucede que para amarla debo habitar el olvido
no a las calles
no a la muerte
sucede que el silencio se hace acre
debo ignorar entonces el almíbar que exhala de su interior
su cuerpo desnudo sobre el mío
su llanto
sus quejidos después del llanto.
Sucede que ella se avecina como una tormenta
continua y desmandada
sucede que mis manos recorren su cuerpo
la desprenden de cuanto lleva encima
—debo entonces olvidar a estos hombres de verde
y su extrana y, sin embargo, habitual reflexión
a estos atarantados «padres de la patria»
y su irritante sapiencia
a estos seres y su necia ambición por el poder—
sucede que la noche desciende sobre la ciudad
debo entonces amarla en secreto
en estado de total y profunda amnesia.
Sucede que la muerte silba intempestivamente
y las bombas recorren cada recoveco de este aljibe lugar
sucede que la noche invade nuestra alcoba
la impregna de hiel, cal y azufre
debo olvidar entonces ese silencio acre
ese estado de inacción
debo olvidar
el recodo de esta cama
la periferia del placer y la gloria carnal.
Sucede que es ella quien hurga en mis recuerdos
me desprende de las sábanas
toma de mis manos
y alza en hombros mi voz, su voz
nuestra voz.
Sucede que el hombre mata, señores
de manera que uno olvida
—en la huida—
untarle un tanto de sonrisa a las rocas
al llanto
a la noche
a su ausencia.
Poemas del libro: Escrito bajo la soledad de tu ausencia (Editorial Apogeo, 2022).
Joel Lenner Castañeda Dueñas (Huancavelica, 1982). Es ganador del XXXII Premio Nacional de Poesía Horacio Zeballos Gámez 2025, con el libro Aklla Tika y Asto Huaraca. Ha publicado los poemarios Yo, el otro yo y demás poemas (2011), Manual del olvido y otros poemas (2012), (I)rreverencias (2017) y Escrito bajo la soledad de tu ausencia (2022). El 2026 publicó la novela A metro y medio de ti. Es cofundador del Círculo Literario María Emilia Cornejo CLIMEC (2003), Generación 0 (2005), la revista de arte al servicio del pueblo El Tacto de la Araña (2006) y la Asociación de Escritores Huancavelicanos AEH (2018).










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