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Make América Lose Again




A pesar de algunos lugares comunes de la prensa internacional para describir el suceso de la Cumbre de Pekín, tales como la banalidad, la obsecuencia de Trump ante Xi Jinping que por cierto, no recibió en el aeropuerto a Trump y su convoy de empresarios tecnológicos poseedores de alrededor del 45% del PIB del país y la consabida falta de estrategia que enmascara con mentiras populistas, dicha cumbre sí representa un punto de inflexión al respecto de la actual crisis de Estados Unidos en Medio Oriente y a su pérdida de liderazgo en el escenario internacional. Se sabe también que la guerra se juega en los cuellos de botella de las cadenas de suministros y esto justifica la visita de los ocho empresarios que lo acompañaron a Pekín.


La pérdida de influencia de Estados Unidos ante China es un hecho, desarrollado en un artículo de Henrietta Levine para Foreign Affairs el 13 de mayo del año en curso, una crisis que las políticas de Trump no han hecho sino precipitar sin retorno, puesto que las condiciones ahora son trazadas por China. Aunque Trump viajó a China para obtener apoyo en el Estrecho de Ormuz, la agenda de China era diferente. No solo no le dieron relevancia a la visita de Trump en la prensa China, sino que el pedido de Marco Rubio al respecto de Irán, recibió poca atención. La posición de China al respecto de Irán, con quien sostiene una alianza sui generis, fue totalmente subordinada al tema de Taiwan.


Si bien Trump afirmó públicamente tras la cumbre que Xi se comprometió a “no llevar armas a Irán, y que el país no debe tener armas nucleares”, para luego declarar que “no le pidió ningún favor a Xi en relación con Irán”, el comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, no dedicó una sola palabra al asunto de Irán.


Días después China publicó un comunicado oficial sobre el asunto Irán, en el cual afirma que la guerra con Irán ha causado graves daños y pérdidas en la región, y que de manera sumaria, apuesta por la vía del diálogo y de la distención, enunciando la necesidad de alcanzar un acuerdo en torno a la cuestión nuclear iraní, la reapertura de las rutas marítimas lo antes posible, la estabilización de las cadenas de suministros a escala global, conminando a un alto al fuego integral y duradero en breve, para sentar las bases de la construcción de una arquitectura sostenible de seguridad para la región.


La grave situación de los Estados Unidos en Irán, quedó en evidencia antes de la Cumbre, cuando Trump pidió ayuda a sus aliados europeos y estos se la negaron ostensiblemente. En Estados Unidos ya se sabe quiénes perdieron la guerra contra Irán. Trump no ha logrado ninguno de sus objetivos; no solo sigue en vigor el mismo régimen iraní, sino que Irán conserva el 90% de su capacidad misilística, todavía posee uranio enriquecido, y el Estrecho de Ormuz que estaba abierto antes de la guerra, ahora está cerrado y administrado por Irán. 


Ante la palabrería pública de Trump y su falta de veracidad, China publicó, tras la Cumbre de Pekín un comunicado con cuatro condiciones, entre las cuales conmina a Estados Unidos a guardar cautela con respecto a Taiwan a fin de evitar un conflicto bélico. A estas alturas queda claro quién corta el bacalao en el nuevo horizonte multipolar.


Musculatura industrial militar de China y de Estados Unidos


La obsecuencia de Trump cuenta con buenas razones, pues no solo esta última invasión ha diezmado su capacidad militar ostensiblemente, sino que según una entrevista a John Culver, ex analista de la CIA, reconocido como una de las máximas autoridades mundiales en el ejército chino, China cuenta con un astillero que fabrica más barcos que todos los astilleros norteamericanos juntos, y que cada año despliega una flota marítima con suficientes barcos para replicar a toda la marina francesa. En cuanto a producción de municiones avanzadas están adelantados en órdenes de magnitud a los Estados Unidos, y en cuanto a infraestructura militar, superan con creces a los ejércitos norteamericanos en todas las áreas excepto en submarinos. 


Afirma Culver: “Si son ciertos los informes que indican que gastamos una enorme parte de nuestra capacidad de ataque de largo alcance y de defensa antimisiles del teatro en la guerra contra Irán, entonces no tenemos ni cerca el inventario que necesitaríamos para una guerra contra China”.


La amenaza contra Taiwan – e indirectamente para Estados Unidos-, señala Culver es que si Taiwan es atacada masivamente, la isla desaparecería como productor de semiconductores. Habida cuenta de que Taiwan actualmente suministra el 90% de chips del mercado global. El efecto de escalada bélica sería exponencialmente mayor al del Estrecho de Ormuz, extendiendo el problema a las costas del noreste asiático, el estrecho de Taiwan y el mar de China Meridional, afectando también a Japón y a Corea del sur. 


Esto tendría un impacto inevitable en las empresas de Inteligencia Artificial, que componen un porcentaje sustancial del PIB de Estados Unidos. En suma, el impacto del bloqueo del Estrecho de Ormuz, sería insignificante al lado de una crisis que China espera evitar, pero que está aún en ciernes, y cuyas consecuencias globales son difíciles de estimar. Aún hoy, China es el principal socio comercial de Taiwan. Ahora se entiende el dilema de Tucídides empleado por Xi Jinping en esta cumbre ante su homólogo estadounidense. Tucídides, padre del realismo político, quien planteó este dilema en el contexto de la guerra del Peloponeso, hace 2,500 años.


El riesgo por parte de Estados Unidos al respecto de perder su lugar hegemónico contra un rival emergente, ocasiona tensión geopolítica y guerra. La destrucción del mundo conocido, podría ser un costo a estimar por parte de Los Estados Unidos, aun sabiendo que tienen a un lunático a la cabeza.



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