Las contradicciones del antifujimorismo
- Raúl Rosales León

- hace 16 horas
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“No se puede luchar eficazmente contra el adversario desde el rechazo visceral… Nunca odies al enemigo que afecta tus sentidos”. La frase, atribuida a Michael Corleone en El Padrino III, aparece en la contraportada de Sin odiar al enemigo. El ascenso de la ultraderecha latinoamericana (Taurus, 2026), el reciente libro de Juan Carlos Ubilluz, presentado en la Librería El Virrey y publicado en el contexto de la segunda vuelta electoral peruana. Más allá de su origen cinematográfico, la cita encierra una advertencia política que atraviesa buena parte de la obra: la dificultad de comprender al adversario cuando el rechazo moral sustituye al análisis. A partir de esta reflexión, analizaré algunos puntos de fuga y contradicciones del movimiento antifujimorista, planteando como hipótesis que su rechazo visceral al fujimorismo puede llevarlo, en determinados momentos, a entrar en tensión con los principios democráticos que afirma defender.
La pregunta de cajón para desarrollar el artículo es ¿Qué es el antifujimorismo? En la diversa literatura se puede señalar que es un movimiento heterogéneo que se estructura en base a una dicotomía política: dictadura-fujimorismo vs democracia-antifujimorismo. En ese sentido, lo contrario al fujimorismo está asociado a defender valores democráticos y anti-autoritarios (Goñez & Cueto 2022), el antifujimorismo se definía como el apoyo al sistema democrático, es decir, como sinónimo de demócrata (Meléndez 2014, Vergara 2021).
La línea divisoria entre fujimoristas y antifujimoristas es histórica. Tiene larga data, precisamente desde el año 1992, en que se produjo el denominado “autogolpe” de Fujimori del 05 de Abril que quebró el orden constitucional vigente (Vignolo 2018), con el apoyo del Ejército y que intervino el Poder Judicial (Pighi Bel 2021). Todo el poder quedó concentrado en el Ejecutivo, convertido a partir de ese día en Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional. Lo más impresionante fue el apoyo de la opinión pública, que según los sondeos bordeo el 80% en todos los estratos económicos de todo el país (Degregori 2012). Por consiguiente, el antifujimorismo surge en el Perú como rechazo a los seguidores fujimoristas quienes, luego de diez años de gobierno (1990-2000), seguían defendiendo al líder del partido, Alberto Fujimori, por haber librado al Perú del terrorismo y haberlo sacado de la peor crisis económica y social que se vivió a fines de la década de los 80 (Sifuentes 2022).
En las tres últimas elecciones el fujimorismo liderado por Keiko Fujmori fue derrotada en la Segunda Vuelta Electoral por Ollanta Humala (2011), Pedro Pablo Kuczynski (2016) y Pedro Castillo (2021). El antifujimorismo levantó la bandera de lucha por la democracia frente al peligro comprobado de la cultura política autoritaria del partido Fuerza Popular. La hija del dictador siempre fue el mal mayor. Esa mochila histórica del autogolpe del 05 de Abril de 1992 fue un ancla que disminuyó las posibilidades de un triunfo electoral de Keiko Fujimori. Y se suma a dicha mochila la corrupción, los vladivideos y la vulneración a los derechos humanos como fueron las masacres del Grupo Colina que ejecutaron extrajudicialmente a personas en Barrios Altos y La Cantuta. Ahora se evidencian nuevas perlas como son las leyes pro crimen y la toma de las instituciones del Estado (Tribunal Constitucional, Junta Nacional de Justicia, Defensoría del Pueblo y el Ministerio Público) para favorecer el pacto mafioso del Congreso de la República liderado por el fujimorismo.
De los tres Presidentes de la República que el movimiento antifujimorista apoyó para derrotar a Keiko Fujimori, fue Pedro Castillo quien traicionó a la democracia el 07 de Diciembre del 2022 en que mediante un mensaje a la Nación enunció la disolución temporal del Congreso de la República y la instauración de un gobierno de emergencia excepcional y la reorganización del sistema judicial. Pero las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional del Perú no acataron las órdenes presidenciales, siendo Pedro Castillo arrestado cuando se dirigía a la embajada de México. En esa misma fecha al medio día, la Defensoría del Pueblo liderado por Eliana Revollar se pronunció ante la crisis política: “Luego de varios años de democracia, el Perú se enfrenta a un quiebre constitucional que no tiene otra denominación que un golpe de Estado. Los hechos de los cuales somos testigos, por parte del Gobierno de Pedro Castillo, ya no solo socavan la institucionalidad: directamente destruyen todo espacio de democracia” (Defensoría del Pueblo 2022). Actualmente, el ex presidente Pedro Castillo está condenado a 11 años y medio de prisión por los cargos de rebelión y conspiración por intentar sin éxito disolver el Congreso (BBC 2025).
Lo que llamó la atención en el juicio del ex Presidente Pedro Castillo fue su defensa legal, el abogado Eduardo Pachas, quien negó que se haya dado un intento de golpe de Estado, sino que solo se trató de “una proclama de un líder de izquierda” (La República 2025). Es decir, la lectura del mensaje a la Nación del 7 de Diciembre del 2022 para disolver el Congreso de la República sin el apoyo de las Fuerzas Armadas no puede considerarse un golpe de Estado. Esta argumentación legal se encuentra en un contexto donde existe la mayoritaria percepción que no hubo un golpe de Estado de Pedro Castillo. En febrero del 2023, IPSOS compartió los resultados de un estudio de opinión que evidenció que el 51% de las personas creen que el Congreso hizo un golpe de estado contra Pedro Castillo; en cambio, el 43% cree que Castillo intentó hacer un golpe de estado (IPSOS 2023). Esta percepción del ex Presidente como víctima fue clave para los resultados electorales del pasado de 12 de Abril.
Los dos partidos políticos que pasaron a la Segunda Vuelta Electoral son Fuerza Popular (Keiko Fujimori) y Juntos por el Perú (Roberto Sánchez). La estrategia de campaña electoral de Juntos por el Perú consistió que el postulante se definió como el “candidato presidencial Castillista”. Entre las promesas de campaña se encuentra la liberación de Pedro Castillo considerado como una víctima de un “complot golpista” para recuperar el Gobierno “para el pueblo” y crear una nueva Constitución (CCN Español 2026). Según Paulo Vilca con respecto a la voluntad antidemocrática de Pedro Castillo en su mensaje presidencial, los grupos de una izquierda emergente y regional consideran que dicha medida como la acción desesperada de un maestro rural acorralado por sus enemigos políticos, más que un intento serio de instaurar un régimen autoritario (La República 2026).
Esta visión regional sobre Pedro Castillo como víctima y no como un autoritario se comparte en Lima en el movimiento antifujimorista que organiza en redes sociales una marcha nacional ¡Keiko No Va! acompañado con la consigna ¡Fujimorismo Nunca Más! Por cuarta vez el antifujimorismo votará por el candidato que compite contra Keiko Fujimori, es decir, el voto es por Roberto Sánchez de Juntos por el Perú. Aquí es donde existe un punto de fuga de contradicción porque el voto antifujimorista que lucha por la democracia reivindica al golpista Pedro Castillo. Si bien el mal mayor sigue siendo Keiko Fujimori, como dice una frase coloquial “los pecados de los otros no me hacen santo”. El candidato del sombrero de Juntos por el Perú no es ajeno a la cultura de la tolerancia al autoritarismo porque tener como figuras políticas a Pedro Castillo y Antauro Humala no garantiza la democracia porque ambos en la práctica la vulneraron.
Desde el antifujimorismo se defiende la idea que no se puede comparar el golpe de Estado de Alberto Fujimori y el intento de golpe de Estado de Pedro Castillo. No son lo mismo. No son iguales porque uno usó tanques para cerrar el Congreso de la República y el otro solo leyó una proclama, pero no usó armas. Frente a este tipo de razonamiento, es necesario indicar que la voluntad autoritaria de ambos ex presidentes es comparable. Fue evidente dicha voluntad en el año 1992 y 2022 cuando los mandatarios leyeron una proclama con el objetivo de concentrar el poder en el Ejecutivo y reestructurar el sistema de justicia. Esta voluntad autoritaria no es democrática. Entonces la consigna ¡Fujimorismo Nunca Más! en la Segunda Vuelta Electoral por cuarta vez consecutiva no es por la defensa de la democracia porque se está votando por el dictador del sombrero. Se reproduce una tolerancia al autoritarismo porque es preferible un dictador de baja intensidad con apellido Castillo que otro de alta intensidad con apellido Fujimori.
Algo en común entre los fujimoristas y los antifujimoristas en disputa es la negación a la figura autoritaria de sus líderes políticos. Keiko Fujimori en una entrevista con Jaime Bayly manifestó que “No te voy a aceptar que tildes a mi padre de dictador” (Voces 2021). Lo mismo ocurre desde el antifujimorismo cuando Anahí Durand, figura política de Juntos por el Perú, en una entrevista con Jaime Chincha manifestó: "No llegó a ser un dictador, lo que intentó fue hacer un golpe, un dictador es alguien que desarrolla su dictadura” (Canal N 2023). Para el fujimorismo y el antifujimorismo el autoritario es el otro para invisibilizar la voluntad autócrata de sus líderes políticos. Este es el caso del fujimorista Miki Torres, quien confirmó que sacaron a Pedro Castillo, pero también reconoció el papel del ex Presidente del sombrero: “Y claro, por supuesto, no hay que quitarle el mérito, él también puso su granito de arena” (Infobae 2026). Parafraseando el pasaje bíblico se puede señalar que Miki Torres es capaz de ver la arena autoritaria en el ojo ajeno, pero no la roca autoritaria en el propio.
Otro factor en común entre el fujimorismo y el antifujimorismo es su oposición al voto viciado porque ocasionaría el triunfo de su rival político. Apoyando al fujimorismo se encuentra Aldo Mariátegui: “No entiendo a quienes manifiestan que votarían en blanco o viciado en una segunda vuelta Keiko y Sánchez. Es una posición absolutamente irracional, infantil e irresponsable porque se tiene muchísimo que perder, tanto a nivel personal (empleo, negocios, propiedades, trabajo) como de país, si gana Sánchez (Perú 21). Y desde el antifujimorismo está Claudia Cisneros quien manifestó: “Que carajos con ese voto viciado activo, pasivo no me jodan por favor. Esa es una posición de ventaja para la heredera del mal…no es momento de ser cobardes no es momento de hacerse el compungido, el que ambas alternativas son igual de peligrosas y no es momento de abandonar al Perú” (Waika 2026). Como se puede apreciar para ambos bandos políticos el voto viciado es perjudicial para el Perú
Desde mi lugar de enunciación como un antifujimorista de la vieja escuela porque desde joven construí mi sentido de ciudadanía en contra del golpe de Estado del 5 de Abril, estoy en contra de todo aquello que implique intentar o quebrar el orden constitucional. En ese sentido, es complicado votar por el mal menor porque tiene en su mochila el golpe de Estado del 7 de Diciembre. Por ese motivo, en el marco de la libertad y la igualdad cuestiono a las fuerzas políticas que impulsan el antiderecho al voto viciado. Si para el fujimorismo y antifujimorismo votar viciado es irracional, irresponsable, tibio y cobarde, discrepo radicalmente con ambas posiciones. El voto viciado también es acción ciudadana porque es una forma legítima de ejercer el derecho al sufragio. Según Beatriz Boza en relación al voto viciado como una forma de manifestar la disconformidad de las candidaturas: “Hay una voluntad que se exterioriza en señal de protesta o desacuerdo. Significa que ninguno de los candidatos satisface las pretensiones del elector” (Themis 1985).
Finalmente, para esta Segunda Vuelta Electoral no existe el escenario de la clásica lucha política entre dictadura vs democracia, sino que existe una nueva lucha entre las reivindicaciones de las dictaduras de alta intensidad (Alberto Fujimori) y de baja intensidad (Pedro Castillo) que chantajean a la ciudadanía que optará por el voto viciado. No es democrático obligar a alguien que vote en contra de su voluntad y principios bajo el argumento que el voto viciado perjudica al Perú. No me extraña nada que el fujimorismo lo promueva, pero sí del antifujimorismo porque entra en contradicción en su lucha por la democracia.
Bibliografía
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