La estrategia del segundo fujimorato
- Luis Calcina
- hace 9 horas
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El segundo fujimorato empieza por todo lo alto. Logró capturar las estructuras centrales del poder político concentradas en Poder Ejecutivo y el Congreso de la República y a partir de ahí secuestrar las instituciones claves como el Tribunal Constitucional (TC), La Junta Nacional de Justicia (JNJ), La Defensoría del Pueblo (DP), la Fiscalía de la Nación y está en proceso -a través de la JNJ-, la captura del Poder Judicial.
En este escenario ¿el fujimorato va a capturar todo el aparato del Estado para quedarse solo cinco años? Lo más probable es que no, por eso necesita legitimarse ¿Cuál sería entonces la estrategia?
Crisis política. Nuestra crisis política es una crisis inducida por el fujimorismo producto de los resultados adversos en las tres últimas elecciones presidenciales. Su estrategia consistió en controlar el Congreso, sea directamente o mediante coaliciones a fin de crear las condiciones para su retorno.
Su legitimación necesita estabilidad política y paz social, algo que un ejecutivo disminuido no le puede proporcionar. Para ello necesita mayoría en el Congreso y si bien ahora controla el 50% del Senado (si sumamos a Renovación Popular), eso no le garantiza la estabilidad que necesita, por lo que no tendría reparos en negociar prebendas, cargos públicos, ministerios e impunidad -algo que sabe hacer bien- para generar transfuguismos y traiciones dentro de las bancadas minoritarias.
Una coalición con “tibios” y tránsfugas se acomoda a sus necesidades y como Keiko “nunca ha gobernado”, esta ficticia imagen de “amplia concertación” le permitirá mostrar la figura de una estadista convocante que logra estabilidad política aun cuando esta estabilidad tome forma de un autoritarismo.
Destruir la economía para “sanearla”. Durante los últimos dos años, gracias a la iniciativa de gasto que el TC regaló al Congreso, el fujimorismo se concentró en petardear la economía. Según el Consejo Fiscal, la decisión del Parlamento de otorgar bonos y exoneraciones tributarias nos llevan a un debilitamiento fiscal de 77 mil millones de soles (6 % del PBI) y le dificulta al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) elaborar el presupuesto público del 2027, producto del déficit generado.
Con este antecedente necesitará dar muestras de seriedad fiscal, por lo que disminuirá (o bloqueará) el uso de la iniciativa de gasto congresal que tanto impulsó, para utilizarla cuando la necesite. Además, su permanencia requiere un crecimiento mayor al 3.5.% anual, por lo que es posible que, para promover la inversión no tendrá reparos en entregar el país a empresarios inescrupulosos y en precarizar más el empleo.
Su modelo económico se sostendrá en el crónico mercantilismo y alta concentración de la riqueza mientras que se intensificará la narrativa del emprendedurismo y el “hágase usted mismo” como una forma de adormecimiento social.
Populismo a escala masiva. La nueva normalidad política y aparente estabilidad macroeconómica serán bastiones sobre los que se legitimará el segundo fujimorato, pero esto no es suficiente para manipular a la población. Para ello necesitará impulsar una gestión altamente populista mediante bonos de ayuda, masivas construcciones de pequeña escala (puentes, caminos, aulas, postas, locales comunales, lozas deportivas, entre otros) así como contar con subprefectos altamente politizados que generen una masa crítica agradecida por los favores del gobierno y dispuesta a votar por ella para los siguientes cinco años.
El fujimorato no tendría reparos en bloquear y quebrar a cualquier gobierno local o regional que no se alinee a sus intereses, por lo que será común verlos desfilar por Palacio de Gobierno para lograr el presupuesto que necesitan.
Vocación autoritaria. El segundo fujimorato logró la captura y e l control de las Fuerzas Armadas, todo indica mediante un sistema de prebendas o favores (a través de leyes). Les proporcionó amnistía (Ley 32419), “doble sueldo” (Ley 19846), pensiones equivalentes al 100% de su remuneración (Ley 32561), bonos vitalicios (Ley 32577) y ahora la ley de impunidad. A esto se suma el festín de millones de dólares que se ejecutarían sin control alguno por tratarse de la defensa nacional: 1500 millones para modernizar la Base Naval del Callao y 3500 millones para la compra de aviones F-16 para la Fuerza Aérea.
Lo que se viene en este modelo autoritario no solo es el gatillo fácil y la impunidad para los miembros de las FFAA, sino a toda la maquinaria estatal destinada al disciplinamiento de la disidencia: persecución política, destituciones, denuncias fiscales, encarcelamiento y eliminación de opositores, algo que ya viene ocurriendo. Solo neutralizando cualquier forma de oposición podrá mostrar signos de estabilidad.
Esta legitimidad requiere de un marco legal estable hecho a su medida por lo que las reformas constitucionales continuarían, pero necesita además el retiro del país de la Organización de Estados Americanos (OEA) para generar el marco de impunidad suficiente que le permita moverse a discreción.
La corrupción como colofón. La ahora presidenta Fujimori llevó en su lista al Congreso hasta 28 candidatos sentenciados por diversos delitos,10 de los cuales lograron un escaño, además, su partido y entorno cuenta con un historial de denuncias y acusaciones fiscales, las cuales fueron archivadas por el TC, que no es lo mismo que declararlos inocentes.
Si atendemos a la promesa de “gobernar como su padre”, podríamos suponer entonces que la corrupción podría ser la característica más relevante de su gobierno. La red de “incondicionales” que la rodea sería complicada de manejar, por lo que más probable es que, si bien ya no tendremos vladivideos, si tendremos más chats de La Botica.
Salvo su tenacidad y el afán de venganza que parece animarla, Fujimori no tiene los galardones para gobernar, no ha mostrado capacidad intelectual notable, ni condiciones de estadista, ni el liderazgo que el país necesita. Otros, los que no se ven, son los que terminarán gobernando en las sombras y serán ellos los que la enrumbarán al mismo destino que tuvo su padre: el autodestierro, la cárcel y la extinción del neo fujimorato, esperemos que esta vez sea para siempre.





