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La DBA




Marx –el cuco de la peor derecha política– decía con acierto en ‘El 18 de Brumario de Luis Bonaparte’ que “la historia ocurre primero como tragedia y luego se repite como farsa”. Tragedia porque no debería haber pasado y farsa porque no aprendimos de nuestros errores. Esta frase viene al pelo frente a los resultados de la primera vuelta electoral en las recientes elecciones del 12 de abril de 2026 en el Perú. El 2021 fue la tragedia, la de 2026 es la farsa. La derecha bruta y achorada o DBA –como la bautizó Juan Carlos Tafur– hace honor una vez más a su apelativo. 


Salvo durante el período de Velasco, la derecha ha gobernado nuestro país con poco acierto, pero prefiere creer que es la izquierda la culpable de todos los descalabros que vivimos. Para ellos Toledo, Humala e incluso Kucynski, además de Vizcarra han sido gobiernos de izquierda. Además, quieren achacarle a ésta los años posteriores al intento de golpe de Castillo cuando es a todas luces obvio que gobernó el ‘Pacto corrupto’ que además de Fuerza Popular y Renovación Popular incluyó a la peor izquierda que es la de Cerrón y del propio Castillo. Con franqueza, no me atrevería ni siquiera a llamarlos de izquierda, salvo para ridiculizarla.


Como alguna vez he dicho, nuestra derecha ‘pierde las elecciones, pero gobierna’. Aprendieron desde el virreinato y hoy tenemos una clase dirigente profundamente cortesana que puede estar insultando y hablando mal de un candidato, pero asistirá con su mejor cara y vestido al besamanos una vez que ha sido elegido. Y por supuesto tratará de hacer negocios con ese gobierno. Soy testigo de cómo se las ingenia la clase empresarial para influir, (sería mejor decir mangonear) a los gobiernos de turno para que se haga lo que quiere que incluye que no se haga lo que no quiere. Se ha acostumbrado a llegar e influir en el Poder Ejecutivo y también en el Legislativo, cuando no en las instituciones autónomas y en todos los ámbitos de poder. 


Por eso es por lo que prefiere que no sea obligatorio que se cumplan los planes de gobierno, ya que eso limitaría su ámbito de influencia. Así ha logrado que discutamos los planes de gobierno durante los períodos electorales y los olvidemos una vez que el gobierno es elegido. Casi sin excepciones, el discurso del presidente del consejo de ministros frente al Congreso cuando asume funciones tiene poco que ver con el Plan de Gobierno que el partido presentó para las elecciones. Porque él jamás participó en su preparación, como tampoco el propio presidente. Se pierde así un instrumento de planificación y que además legitimaría la actuación de cualquier gobierno.


¿Hay algún gobierno de derecha del que nos podamos ufanar los peruanos? Me temo que no, pero habrá algunos que sostengan que fue el de Fujimori. Los viejos incluirán al de Leguía. Ambos signados por la corrupción, pero eso es lo que le gusta a nuestro empresariado. Por supuesto, acusarán a los funcionarios públicos de corruptos ‘olvidando’ que son ellos los principales culpables. Nos hemos acostumbrado a eso: para hacer negocios con el estado ‘hay que aceitar la máquina’. Durante muchos años lo hemos aceptado como irremediable. Recién algunos han reaccionado frente al escándalo de Odebrecht. Y no hay que olvidar que en ese caso quien levantó la alfombra fue un juez en los Estados Unidos y no nosotros que jamás lo hubiéramos hecho. En todo caso, ya se pasó la página y una vez más ‘borrón y cuenta nueva’. Nuestra miseria moral pasa una vez más al olvido. Hasta la próxima.


¿Por qué hemos tenido los resultados de primera vuelta que casi repiten lo ocurrido el 2021? La respuesta de la DBA es que porque una manga de resentidos, desadaptados y carentes de educación no saben votar. A pesar de que muchos académicos lo dijeron ya en esa época, prefieren cerrar los ojos. Los votos por la extrema izquierda de Castillo y Sánchez son votos de protesta. Son votos de personas que la están pasando mal, a los que no les llega el supuesto chorreo del sistema. ¿Y saben por qué? Entre otras razones, por la corrupción imperante. Es aquí cuando la clase dirigente culpa a la clase política. Y no están equivocados. Nuestra clase política es un desastre, pero que sigue contando con la aprobación del empresariado y la DBA. Estos últimos tres años lo hacen evidente. El ‘Pacto mafioso’ se dedicó a destrozar nuestra institucionalidad y tomar control de esta con el aplauso de buena parte del empresariado y por supuesto de la DBA. En su narrativa sólo se las han arrebatado a los caviares. La verdad es que han aplaudido al ‘Pacto mafioso’, porque lo sienten afín y cercano a sus intereses. 


No aprenden que la receta para el desarrollo en resumen es:


  1. Crecimiento económico, pero con institucionalidad. Esto último está en el olvido. Peor aún se está destrozando la poco que queda. 

  2. La institucionalidad tiene que poner énfasis en la salud y la educación. 

  3. Tenemos que lograr que el acceso a la salud sea universal. Hasta el último de los peruanos debe acceder a las vacunas y a una atención decente en los nosocomios públicos. 

  4. El analfabetismo debe desaparecer, pero además mejorar ostensiblemente la comprensión lectora y el razonamiento matemático de nuestros niños y jóvenes. La educación pública gratuita incluida la universitaria debe ser un derecho de todos nuestros compatriotas, pero además su calidad debe ser tan buena o mejor que la privada. 

  5. Esto debería llevarnos a desarrollar la innovación tecnológica que ha permitido el gran crecimiento de las economías asiáticas, mientras nosotros seguimos exportando materias primas. 

  6. Hay otro aspecto al que hay que ponerle mucho énfasis: la profesionalización de la burocracia y la carrera pública. Eso nos permitirá trabajar con planes de largo plazo sin que los cambios de gobierno, de ministros y personal afecten las políticas públicas.  


Si diseñáramos un plan para construir lo antes descrito fijando plazos y presupuestos es posible que en algunos años podamos ingresar a la OCDE. Y dejemos de tener los sobresaltos que ocasionan elecciones como la que estamos viviendo.


Lamentablemente, la DBA ha olvidado que el apanado que la mayor parte de los medios le hizo a Castillo durante su gobierno solo sirvió para levantarle la popularidad. Los últimos meses, antes de su intento de golpe, su aprobación creció como resultado de su victimización. Muchos peruanos se sintieron menospreciados identificándose con el profesor y eso se vio reflejado en las encuestas. El efecto ha sido de tal magnitud que hoy Sánchez ha llegado a segunda vuelta poniéndose el sombrero de Castillo.


Y como la DBA vuelve hacer honor a su nombre ahora está apanando a Sánchez y no me llamaría la atención que eso incremente sus votantes y resulte ganando la segunda vuelta.

Claro que otra vez los culpables serán los caviares que votan en blanco y no ellos mismos con su miopía histórica y que se ha convertido en ceguera en los últimos tiempos.


Nunca he encontrado explicación racional para que una persona se sienta con derecho a cuestionar el voto de otro. Uno puede mostrarse en desacuerdo y quizá tratar de persuadirlo, pero el voto es personal y cada uno decide libremente sobre éste. Eso es democracia. Sin embargo, hay gente convencida que tiene derecho a insultar a su vecino porque no vota como a él le parece. Me temo que en algunos todavía hay rezagos del latifundista que obligaba a sus yanaconas a votar por el candidato de su preferencia.


Detrás de este proceder de la DBA está el fundamentalismo, cuya mayor muestra ha sido López Aliaga. Se sienten dueños de la verdad. No les cabe duda de que ellos están en lo cierto y los otros están equivocados. Cuanta razón tenía Vargas Llosa cuando decía que nuestra clase dirigente es ignorante… porque no lee.


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