El racismo ordinario en la elección presidencial de 2026
- Mariella Villasante
- hace 20 horas
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Del mismo modo que en las elecciones de 2021, el racismo, el populismo y la extrema violencia verbal han vuelto a caracterizar la elección presidencial de 2026 que todavía no se termina y que se advierte extremadamente incierta. Hace cinco años, las elecciones habían polarizado los votos entre Keiko Fujimori y Pedro Castillo, entre la derecha extrema que sigue utilizando el discurso populista del expresidente dictador Alberto Fujimori (1990-2000), y la izquierda liderada por Vladimir Cerrón que portaba las esperanzas de cambio social de las poblaciones rurales y citadinas del “Perú profundo” (Villasante 2021[1]).
Este año, la hija del dictador ha obtenido 17% de los votos nacionales, porcentaje mísero que representa la base estable de Fuerza Popular, proveniente de los sectores menesterosos y poco educados que siguen creyendo en las fábulas fujimoristas, y/o que esperan seguir lucrando con su adhesión partidaria. Frente a Fujimori se encuentran dos candidatos en balotaje. Por un lado, Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, apoyado por Pedro Castillo desde la cárcel, y por el pueblo rural andino que cree que él puede instaurar los cambios sociales tanto esperados. Y, por otro lado, Rafael López Aliaga, candidato de extrema derecha, empresario enriquecido, portavoz de las élites “blancas” y de los advenedizos de clases medias, que utiliza un discurso de gran violencia verbal, vulgar y obsceno contra sus rivales políticos, pero también contra funcionarios del Estado y otras personalidades nacionales.
En esta breve nota expongo las causas de la reproducción del racismo y sus lazos con el orden democrático desde la antropología social; he analizado este tema en mi libro Violencia política en el Perú (Prefacio de Salomón Lerner, 2024), donde examino también el envilecimiento de la política nacional desde la llegada del dictador Alberto Fujimori.
Las causas de la reproducción del racismo
Recordemos en primer lugar que el racismo es una ideología de clasificación de la especie humana fundada sobre la existencia de “razas”. En antropología, sabemos que las “razas” no existen pues la especie humana es totalmente homogénea; las diferencias culturales y físicas se plasman en la aparición de grupos étnicos con lenguas y costumbres particulares. Ciertos grupos étnicos han construido Estados pre-modernos (Incas, Aztecas, Mayas, Sumerios, Griegos…), y a partir del siglo XIX se han agrupado en el seno de Estados y naciones, en general con sistemas políticos republicanos y democráticos. a partir del siglo XV, algunos países europeos colonizaron territorios en África y en las Américas, sometieron a los pueblos por la violencia militar e impusieron un control territorial y administrativo sobre los grupos étnicos organizados en imperios o en principados.
En nuestro territorio, los españoles controlaron el imperio incaico e impusieron su poderío colonial por la violencia militar, el desprecio y la humillación de las poblaciones originarias de la costa y de la sierra, mientras la selva pudo conservar una relativa autonomía hasta la terrible época de explotación del caucho, a fines del siglo XIX. Los colonizadores instauraron un sistema social y político fundado sobre su propia superioridad “racial”, trataron de impedir el mestizaje prohibiendo las uniones con los “indios”, sancionaron con extrema crueldad las rebeliones —recordemos el descuartizamiento de Túpac Amaru—, y ejercieron la violencia contra los pobladores indígenas sin límites religiosos o morales. Los colonizadores no consideraban que trataban con personas, sino con seres con apariencia humana. Tzvetan Todorov ha explicitado estos temas en su excelente libro La conquista de América. El problema del Otro (1982), que todos los universitarios y escolares deben leer.
¿Qué pasó después de las guerras de independencia, la expulsión de los colonizadores y la instalación de la república del Perú? En el siglo XIX, el gran mestizaje era predominante en los territorios que controlaron los españoles y los criollos, de México a Chile y Argentina. En el Perú, los que no tenían de Inca tenían de Mandinga. Pero ello no impidió la reproducción de las ideologías racistas que consideraban que los “blancos” eran “superiores” a todos los demás peruanos y/o latinoamericanos. El racismo concierne todo el continente americano. En Canadá y Estados Unidos no hubo mestizaje y el racismo se fundó siempre en la “superioridad” de los blancos-europeos sobre las poblaciones originarias, los esclavos africanos y sus descendientes. Los migrantes actuales son considerados como inferiores.
En nuestro país, el mestizaje no ha eliminado el racismo, se ha instalado más bien una jerarquía de mestizos. En efecto, el racismo peruano y latinoamericano es una variante del racismo europeo y ha sido interiorizado por todos nosotros. Nuestra jerarquía social se funda sobre del “color de piel”, la educación, la riqueza y la posición social, todos esos elementos determinan nuestro rango personal y social en el seno de la sociedad; en un extremo se encuentran los “blancos-blanqueados” [que quisieran ser blancos], de las clases altas y medias, y en el otro extremo se sitúan los “indios” pobres, sin cultura, rurales. En la sección intermediaria nos encontramos la inmensa mayoría de peruanos (Villasante 2024: 82-83).
El racismo ha sido reproducido por nuestras clases de élite enriquecidas e instaladas en el poder político, y ha sido aceptado como “modelo válido” por la mayoría de la población. Esta reproducción se explica en primer lugar porque ningún gobierno ha considerado urgente educar al pueblo peruano, desde la escuela primaria hasta la universidad y los institutos técnicos, en los valores republicanos de igualdad social, que son la base ideológica y práctica de la democracia real. El sistema democrático se funda en efecto en la idea de la igualdad de todos los ciudadanos de un Estado-nación que, de manera libre y autónoma, eligen a sus representantes políticos (presidentes, gobernadores, congresistas, alcaldes…). No obstante, esos valores indispensables para modernizar el modo de vida arcaico de nuestro pais de toda América Latina— no figuran en los currículos escolares.
Al no evocar la igualdad social, la educación formal contribuye a la reproducción de la creencia anti-moderna de la jerarquía de “razas”, de las distancias sociales fundadas en la riqueza y en el poder político. Esta situación es patente y hasta caricatural en los colegios privados y en ciertas universidades privadas de Lima donde los alumnos viven creyéndose superiores porque son “blancos”, de familias ricas y poderosas, y se sienten tan ajenos al Perú que tienen el único sueño de partir al extranjero. Pero cuando logran viajar a Estados-Unidos o a Europa se dan cuenta de que ellos son los “cholos” de los Otros, realmente “blancos”.
En segundo lugar, el racismo es reproducido en el marco privado de las familias. En la vida cotidiana, tratar a una empleada doméstica de “serrana”, “chola” o “india” es totalmente banal. Quizá ya no se trata a alguien de ese modo en directo, como era ordinario hasta los años 1990, cuando los insultos racistas no eran considerados tales; pero se sigue aludiendo a esas personas y a otras con invectivas banalizadas en el cerco privado de la familia o las amistades. Se observa también una aspiración a “subir en la escala racial-social” en el marco de la moda difundida desde los años 1990 de los padres de clases medias y pobres de atribuir nombres extranjeros a sus hijos. Probablemente los jóvenes que tienen esos nombres ajenos a nuestras costumbres creen que sus nombres son novedosos, “modernos”; sin embargo, en realidad son el triste reflejo de la alienación ideológica generalizada de las clases medias y pobres que creen que tener un nombre “gringo” es suficiente para ser “gringo/gringa”.
El racismo en las elecciones
Es evidente que el racismo es parte de la estructura social peruana y por ello está siempre presente en los comicios. El envilecimiento de las campañas electorales ha sido introducido por Alberto Fujimori que empleó siempre un lenguaje “popular” violento, coloquial y vulgar para dirigirse directamente al “pueblo”, sin la intermediación de su partido. El abandono del lenguaje político decente se concretizo a través de la “prensa amarilla”, o la “prensa chicha” que banalizaron el racismo, el machismo, la violencia contra las mujeres, contra los homosexuales y contra los “terrucos”, es decir todos los opositores reales o inventados. Carlos Iván Degregori ha expuesto un análisis lucido sobre este tema en su excelente libro La década de la antipolítica (2012: 115-177). Él notaba que los diarios populistas “nos acostumbran al envilecimiento de la vida pública y privada, y nos lo hacen pasar como “moderno” (p. 118); podemos decir lo mismo de los canales de televisión y de los programas de YouTube que siguen la estrategia de comunicación de la extrema derecha que, “sin complejos”, patrocina el racismo y la xenofobia, sobre todo contra los venezolanos.
En los comicios actuales, se ha observado una polarización envilecida entre los votantes según sus regiones, su clase social y su supuesta “raza”. Las élites y las clases medias de Lima parecen haber aportado su voto preferencial a López Aliaga, triste personaje que concentra los peores defectos morales y culturales de la élite “blanca” y enriquecida del país. Él ha llegado a proferir insultos a personalidades progresistas y a periodistas de renombre, e incluso amenazas obscenas de violación al presidente del Jurado Nacional de Elecciones, sin que ello haya suscitado una sanción penal. Lamentable. Es evidente que él adopta la misma estrategia populista de extrema derecha de sus predecesores en América Latina: Jair Bolsonaro (Brasil), Javier Milei (Argentina) y José Antonio Kast (Chile). Esta estrategia es similar a la de Donald Trump, cuya presidencia ha abierto un ciclo terrible de guerras, conflictos, persecución de migrantes y ataques armados a Estados soberanos como Venezuela e Irán.
Los ataques racistas a los peruanos de la sierra están presentes también en estos comicios. Se trata de una “costumbre” antigua en nuestro país. Recordemos que, en el año 2000, cuando Alejandro Toledo subía en las encuestas, la prensa amarilla fujimorista lo atacó con insultos racistas: “Choledo”, “cholo”, “cholo igualado”, “cholo ignorante”; pero también fue tildado de “cachudo, cabro, terruco, loco, venao” (Degregori 2012: 146-147). Por su parte, en uno de sus mítines, López ha pretendido descalificar a los electores “rurales” que han votado por Roberto Sánchez pues según él las actas de votación serían demasiado complicadas para ellos; dicho de otro modo, los “rurales” no deben votar pues son incapaces.

La prensa chicha de otrora tiene una capacidad de comunicación inmensa a través de las redes sociales. Las redes han sido utilizadas por la mayoría de los candidatos para obtener votos a nivel nacional y regional. Como sabemos, los streamers o influencers son legión en nuestro país y también inundan el campo político. Además de los programas de análisis decentes, se difunden programas “chicha”, una nueva forma de “prensa amarilla post-moderna” que expresa el triunfo del individualismo a ultranza y el declive del control social que no toleraba los excesos. El llamado “discurso verdadero”, sin tapujos, que antes estaba circunscrito a la esfera privada se ha afirmado como nueva forma de populismo post-moderno, tanto en los discursos como en internet. Los streamers están convencidos de que pueden usar un discurso directo, sin filtros, sin cobardías y usando a menudo un lenguaje soez y grosero.

Un caso reciente ilustra bien el racismo en las redes sociales. Se trata de Christopher Andrew Puente Viena, alias “Cristo[pher]-rata”, un influencer con miles de seguidores en Kick, TikTok e Instagram que ha incursionado en la política entrevistando a Martín Vizcarra y a César Acuña. El 12 de abril, este joven de 22 años —mestizo de clase media, originario de Chiclayo, sin estudios superiores—, insultó a todos los pobladores del sur andino del Perú declarando: “serranos de m.” ¿Qué le pasa a Cusco? ¿Qué le pasa a Ayacucho? ¿No hay televisión? ¿No hay celular? Rojos de m. Desde ahora yo no voy a consumir mote ni cuy. Hablo con el presidente de China para que les envíe una bomba, son andinos burros.” Christopher Puente pronunció estos improperios desde una posición de derecha, porque considera que el voto del sur andino podría beneficiar al candidato Roberto Sánchez en la contienda electoral.
El joven pensaba quizá que sus ultrajes son parte del “discurso verdadero” que lo ha hecho popular en las redes, diciendo en voz alta lo que muchos piensan en silencio. Ello ilustra su gran ignorancia de las normas morales que deben regir nuestras relaciones sociales, basadas en el respeto y la dignidad, y también expone su ignorancia de las leyes y del código penal peruano que sanciona el racismo. Dándose cuenta de su error, Puente pidió disculpas por sus improperios en su cuenta de X: “Ayer dije cosas ofensivas sobre la gente de la sierra peruana. Estuvo mal y no tiene justificación. (…) a quienes se sintieron afectados, les pido disculpas de verdad”. Sin embargo, ello no es suficiente desde el punto de vista legal.
El 16 de abril, el abogado cusqueño Dennis Llamocca presentó una denuncia penal contra el joven ante la Fiscalía provincial penal especializada en Derechos Humanos e Interculturalidad, por “presunto delito contra la humanidad en la modalidad de discriminación e incitación a la discriminación, tipificado en el Artículo n° 323 del Código penal. Por su parte, el Ministerio de la Cultura ha publicado un comunicado denunciando al autor del delito y exigiendo una sanción (Infobae, 16 abril de 2016[2]). Es evidente que las redes sociales deben ser controladas por un ente regulador nacional, como en otros países, para evitar la circulación de mensajes de odio, de discriminación y de racismo.
Reflexiones finales
• El racismo es un elemento invariable de la estructura social peruana y se reproduce porque los gobiernos no han desarrollado hasta ahora campañas educativas que promuevan la igualdad entre todos los peruanos y también el respeto de los extranjeros instalados en nuestro país. El Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación ha explicitado la importancia del racismo durante la guerra interna y la necesidad de emprender su eliminación. Esta temática debe ser priorizada también en la academia a través de textos analíticos, de trabajos de campo y de actividades culturales.
• En el plano político, la lucha contra el racismo implica la afirmación constante de la igualdad social entre todos los peruanos pues es la condición de base de la democracia. La crisis institucional que vivimos actualmente procede de la guerra interna, de la destrucción de partidos y de la imposición de un régimen autoritario por Alberto Fujimori. Para restaurar nuestro sistema político es pues indispensable afirmar la igualdad social, y reforzar los partidos con programas de centro que son los únicos que podrían concretizar la paz social, la prosperidad y el desarrollo de todos los peruanos.
[1] Villasante 2021, El racismo en las elecciones presidenciales: una República sin ciudadanos en 2021, Revista Ideele n° 298, junio-julio de 2021. https://www.revistaideele.com/2021/06/30/el-racismo-en-las-elecciones- presidenciales-una-republica-sin-ciudadanos-en-2021/
[2] Infobae, 16 abril de 2016, Denuncian penalmente al streamer ‘Cristorata’ por insultos racistas contra electores de Puno, Cusco y Ayacucho, https://www.infobae.com/peru/2026/04/16/denuncian-penalmente-al-streamer-cristorata-por-insultos-racistas-contra-electores-de-puno-cusco-y-ayacucho/





