El principio del mundo, una gran novela
- Alonso Núñez del Prado Simons

- hace 7 días
- 3 Min. de lectura

Me dio pena terminar de leer ‘El principio del mundo’ de Jeremías Gamboa, porque la he apreciado en cada una de sus páginas a pesar de que es muy cuestionadora y por momentos resulta masoquista empatizar con el protagonista. Considero con sinceridad que Jeremías Gamboa ha escrito la mayor de sus novelas y una de las grandes de la literatura peruana.
Las obras de arte te emocionan, te tocan fibras hondas y eso lo logra Gamboa porque ha escrito todas sus líneas con las entrañas. Ha puesto en ellas incluso su corazón. La he leído como una confesión, como un autosacrificio en beneficio del arte.
Por otro lado, está muy bien escrita y el intercalado de diálogos es quizá su mayor logro formal. Alguien podría decir que su extensión (casi mil páginas) es un problema, pero la verdad es que hay que leerla para encontrarle explicación. Es una pena que Mario Vargas Llosa no haya vivido para disfrutarla. Creo que le hubiera encantado.
La literatura, la gran literatura, es siempre crítica y cuestionadora de la realidad y en ‘El principio del mundo’ encontramos un retrato aterrador del Perú, pero a su vez muy verdadero. Nuestro inveterado racismo, el resentimiento resultante, el dolor que causa y las marcas que deja, emergen en la novela escritas con sangre.
También el frustrante analfabetismo, la discriminación de la mujer y las marcas psicológicas que dejan los ancestros. No puedo dejar de mencionar las dolorosas consecuencias del terrorismo que sufre Manuel y toda su familia, ni la tentación de suicidio que se manifiestan en él y en su madre a consecuencia de su sensación de no aceptación y rechazo. Ambas frente a la inmensidad del mar. Asimismo, los problemas de identificación con el Perú de los habitantes de los pueblos andinos que vienen a Lima.
El dolor que produce el rechazo social, los problemas derivados de la falta de pertenencia, de arraigo. El problema de no ser aquí, ni tampoco de allá que viven los que emigran a otros países o incluso dentro del propio Perú, están expuestos descarnadamente y hacen que nos sintamos profundamente cuestionados.
Hay también aspectos positivos y que quizá son el leitmotiv principal de la novela. El homenaje a los padres –en este caso a la madre– que sacrifican todo para que sus hijos no tengan que sufrir como ellos, que entregan sus vidas para que sus descendientes tengan las posibilidades que les negamos con un sistema social injusto que los aparta y les hace casi imposible salir adelante.
La novela de Gamboa es también un ejemplo de cómo la educación y la fidelidad a la vocación pueden servir de vehículo para contrarrestar todas las carencias de nuestra organización social. Sin embargo, está diestramente expuesta la miseria de la educación pública y los efectos resultantes en nuestra sociedad, sin que desde hace muchos años nos atrevamos a recuperarla.
La amistad, sobre todo la nacida en los primeros años y que no está contaminada por los intereses posteriores, es otro tópico que aparece en el personaje de Sábino Zárate. La vocación sincera y desinteresada por la enseñanza está en Marina Montemayor, una señora de situación acomodada, que dedica algunos años de su vida a una sección de alumnos de un colegio estatal. Consigue la admiración y el agradecimiento de todos ellos.
Lars es un personaje secundario, que puede ser visto como el ejemplo de que crecer en un hogar con dinero, no garantiza nada si no está acompañado de amor y cariño, que suelen ser más importantes. Manuel, el protagonista, comprueba que Lars la pasa mucho peor que él a pesar de haber sido educado en los mejores colegios y vivido en una mansión.
Las gozosas visitas a los museos en Nueva York a los que a los que Manuel les dedica días enteros y las columnas que escribió antes en su trabajo en Lima sobre diversos pintores, hacen del arte –por el que el protagonista siente una intensa inclinación– uno de los espacios más preciados.
Creo que la mejor forma de terminar este breve comentario es recomendando leer ‘El principio del mundo’. Estoy seguro de que me lo van a agradecer.










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