El Papa viene y Movistar lo trae

El Papa como vitrina corporativa: Movistar, los millones del Estado y el negocio del prestigio.
El Gobierno ha destinado S/ 63,2 millones de recursos públicos a la visita de León XIV y ha autorizado convenios de auspicio con empresas privadas. Movistar, que concentra el 58,9 % de los reclamos del servicio móvil y atraviesa un proceso de reestructuración financiera, será auspiciador oficial. ¿Qué aporta la compañía, qué obtiene a cambio y bajo qué condiciones se ha establecido esta asociación?
La visita del papa León XIV al Perú no solo moviliza a la Iglesia católica y a miles de fieles. También ha abierto una oportunidad de posicionamiento para las grandes empresas. Movistar será auspiciador oficial del acontecimiento, una condición que le permitirá asociar su marca con la llegada del pontífice y con una celebración que cuenta con el respaldo del Estado. La operación merece atención por una razón que va más allá de la presencia de publicidad en un acontecimiento religioso: el Gobierno ha comprometido decenas de millones de soles de recursos públicos para organizarlo y ha habilitado expresamente la participación de patrocinadores privados.
El 5 de septiembre, el Gobierno autorizó una transferencia de S/ 63,2 millones a favor del Ministerio de Relaciones Exteriores para financiar los gastos relacionados con la visita papal. Los recursos proceden de la Reserva de Contingencia del Ministerio de Economía y Finanzas y corresponden a fondos públicos.
La visita fue declarada de interés nacional mediante la Resolución Suprema 132-2026-RE, publicada el 25 de agosto. La norma también habilitó la aplicación de un procedimiento especial de contratación para atender las necesidades del acontecimiento. Posteriormente, Cancillería designó a un funcionario responsable y le delegó la facultad de suscribir convenios de gestión, colaboración, cooperación y auspicio con entidades públicas y privadas, nacionales y extranjeras.
Una empresa con cuentas pendientes ante sus usuarios
El caso de Movistar resulta particularmente llamativo cuando se examina su desempeño en el mercado peruano. Según el Organismo Supervisor de Inversión Privada en Telecomunicaciones (OSIPTEL), durante 2025 se registraron aproximadamente 752.000 reclamos por el servicio público móvil. De ese total, 442.454 correspondieron a Movistar: el 58,9 %. En otras palabras, casi seis de cada diez reclamos del sector fueron dirigidos contra la compañía.
El problema no se limita al volumen de quejas. En el segundo semestre de 2025, Movistar obtuvo una calificación de 14 puntos en el ranking de desempeño de atención de reclamos elaborado por OSIPTEL, por debajo de la valla mínima de 15. Claro obtuvo 18,1 y Entel, 15,4. El organismo regulador identificó debilidades de Movistar en los indicadores de incidencia de reclamos y motivación de las resoluciones.
La reestructuración financiera detrás de la marca
Movistar es la marca comercial de Integratel Perú, la antigua Telefónica del Perú, que atraviesa un proceso de reestructuración financiera y operativa.
En mayo de 2025, Indecopi declaró el inicio de un procedimiento concursal ordinario solicitado por la propia empresa. Este mecanismo permite ordenar el reconocimiento y tratamiento de las obligaciones frente a sus acreedores y establecer las condiciones para una eventual reestructuración.
La dimensión de sus problemas financieros es considerable. Según información publicada por Gestión en febrero de 2026, Integratel cerró 2025 con pérdidas netas de S/ 1.729 millones. Aunque reportó ahorros y una mejora de sus resultados operativos, continuaba dentro del procedimiento concursal y enfrentaba una importante carga de obligaciones financieras.
¿Qué recibe Movistar por su auspicio?
La compañía ha anunciado que reforzará la conectividad en seis regiones y desplegará infraestructura tecnológica en 17 sedes oficiales. Entre sus compromisos figuran enlaces dedicados de hasta 2 Gbps, respaldo energético y servicios para la comitiva papal, las salas de prensa y las transmisiones oficiales del Instituto Nacional de Radio y Televisión del Perú.
Son prestaciones que pueden resultar necesarias para garantizar la cobertura de un acontecimiento internacional. Sin embargo, el anuncio empresarial no responde a las preguntas centrales sobre el acuerdo.
¿Cuál es el valor económico de los servicios que proporcionará Integratel? ¿Se trata de una donación de infraestructura, de servicios prestados sin costo o de una colaboración que incluye otras condiciones? ¿La empresa obtiene exclusividad como proveedor de telecomunicaciones? ¿Puede utilizar la denominación de auspiciador oficial en sus campañas publicitarias? ¿Tiene autorización para incorporar la imagen del Papa o elementos de la visita a sus comunicaciones comerciales?
El patrocinio no consiste únicamente en proporcionar conectividad. También implica un reconocimiento público que puede convertirse en un activo comercial. Una marca que aparece asociada al Papa obtiene una visibilidad y una legitimidad simbólica que difícilmente podría conseguir mediante una campaña publicitaria convencional.
Por eso es indispensable conocer el convenio suscrito entre Movistar y Cancillería, así como la valorización de los servicios comprometidos y los derechos que se conceden a la empresa. Hasta ahora, la información difundida públicamente permite conocer el despliegue tecnológico anunciado, pero no reconstruir el conjunto de obligaciones y beneficios establecidos en el acuerdo.
El antecedente de Francisco y la comercialización de la imagen papal
La participación de empresas privadas en visitas papales no es una novedad. En enero de 1999, durante la visita de Juan Pablo II a México, 26 compañías financiaron parte de la estancia del pontífice. Entre ellas figuraban Bimbo y Hewlett-Packard. La polémica alcanzó especial intensidad cuando la imagen del Papa apareció en 90 millones de bolsas de papas fritas de la marca Sabritas, acompañadas de estampas y medallitas coleccionables. El episodio provocó cuestionamientos por la utilización comercial de una figura religiosa que, al mismo tiempo, denunciaba el consumismo y la avidez material.
Cuando Francisco llegó al Perú en enero de 2018, General Motors donó a la Iglesia católica tres camionetas Chevrolet adaptadas como papamóviles y prestó otros 30 vehículos para trasladar a la comitiva. La compañía tuvo una importante exposición mediática, con presentaciones públicas, fotografías y declaraciones de sus ejecutivos. Pero hay una diferencia que conviene subrayar: General Motors realizó una donación de vehículos y prestó unidades para la logística de la visita; no fue presentada como patrocinadora oficial de todo el acontecimiento. En el caso de León XIV, Movistar aparece expresamente como "auspiciador oficial de la visita", una condición que trasciende la entrega puntual de bienes o servicios y convierte a la empresa en una marca asociada institucionalmente al acontecimiento. La diferencia entre donar y patrocinar no es semántica: una donación supone entregar un bien o servicio sin que ello implique necesariamente derechos publicitarios; un auspicio o patrocinio puede incluir reconocimiento de marca, visibilidad y beneficios de posicionamiento comercial.
Hay, además, otro asunto que merece atención. El Comercio y Canal N, ambos pertenecientes al Grupo El Comercio, han destacado en sus titulares la condición de Movistar como auspiciador oficial de la visita papal. No es irrelevante que Movistar sea también anunciante del grupo. ¿Estamos ante cobertura periodística o ante una forma de publicidad encubierta? La transparencia exige que los medios distingan claramente la información periodística de los contenidos patrocinados y que hagan públicos los eventuales acuerdos comerciales.
La fe, el Estado y el prestigio empresarial
El problema de fondo no es que una empresa contribuya a garantizar las comunicaciones de una visita papal. Tampoco que una institución religiosa reciba colaboración técnica. El problema aparece cuando un acontecimiento de interés nacional, organizado con recursos públicos y respaldado por instituciones del Estado, se convierte también en una plataforma de posicionamiento para intereses corporativos sin que se conozcan con suficiente transparencia las condiciones de esa participación.
Movistar no es una institución filantrópica. Es una empresa privada que busca rentabilidad, clientes y posicionamiento en el mercado. Su participación en la visita papal debe entenderse también desde esos intereses. El prestigio de la figura del Papa, la repercusión internacional del acontecimiento y la legitimidad que proporciona su asociación con instituciones públicas constituyen un valor para cualquier marca.
La visita de León XIV puede ser un acontecimiento importante para millones de creyentes y una oportunidad para el encuentro de la sociedad peruana. Pero no debería convertirse en una operación de relaciones públicas en la que las empresas obtienen reconocimiento institucional mientras los ciudadanos desconocen qué aportan realmente y qué reciben a cambio.
Si el Estado destina S/ 63,2 millones de recursos públicos a la organización de la visita, tiene la obligación de transparentar el uso de ese dinero. Y si además incorpora a empresas privadas como auspiciadoras oficiales, debe hacer públicos los términos de esa colaboración.
La fe no necesita convertirse en una vitrina comercial. Y el prestigio de una visita papal no debería servir como certificado de buena conducta empresarial.











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