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El "creador de riquezas" que le hace compañía a Keiko: quién es Damián Valenzuela Mayer



El fujimorismo vuelve a Palacio de Gobierno con el mismo libreto de siempre: discurso de mano dura, promesas de orden y, detrás del telón, un círculo íntimo cada vez más difícil de explicar. Uno de los nombres que empieza a repetirse junto a la presidenta Keiko Fujimori no pertenece a ningún ministerio ni a la cúpula de Fuerza Popular, sino a un empresario argentino que se hace llamar en redes sociales "creador de riquezas": Damián Alejandro Valenzuela Mayer, de 51 años.


Spa, butaca reservada y una presidenta que no explica nada


Según reveló el semanario Hildebrandt en sus trece, Valenzuela Mayer sostiene desde hace un año una relación muy cercana con la mandataria, al punto de compartir con ella sesiones de spa y tratamientos de belleza en el local limeño "Tomyko". No es un conocido casual: la publicación lo ubica dentro del círculo más cerrado de la campaña de Fuerza Popular, con asiento especial en el Congreso durante la ceremonia de asunción del 28 de julio y, horas después, en la juramentación del gabinete en Palacio de Gobierno.


Mientras el país discutía el aumento de la remuneración mínima y la crisis de combustibles que ya amenazaba la "luna de miel" de su gobierno, Keiko Fujimori encontraba tiempo para el spa con un empresario extranjero sin cargo público, sin vocería institucional y, hasta donde se sabe, sin ningún vínculo formal y transparente con el Estado peruano que justifique semejante cercanía. Es exactamente el tipo de opacidad que Fuerza Popular prometió dejar atrás después de una década entera bajo investigación por lavado de activos y aportes de campaña no declarados. La memoria es corta, pero no tanto.


De Tucumán a Brickell Avenue: el negocio de "crear riqueza"


Valenzuela Mayer nació en Argentina en 1975, se formó como abogado y desde los años noventa construyó Latin America Invest (LAI), un holding de gestión patrimonial que dice operar en más de una decena de países —Estados Unidos, España, Perú, Chile, Uruguay, Paraguay, Argentina, Bolivia, Panamá, Hong Kong, Islas Vírgenes Británicas, México y Mozambique— y que en su propia publicidad afirma administrar miles de millones de dólares para más de mil clientes de alto patrimonio.


La sede operativa figura en el 444 de Brickell Avenue, en Miami, la misma avenida donde conviven bancos de primer nivel y también, con demasiada frecuencia, vehículos financieros que terminan siendo puro humo. Valenzuela cultiva desde hace años la estampa del empresario global: fue recibido por el rey Felipe VI en el Palacio de la Zarzuela en 2020, se presenta indistintamente como "presidente" o "CEO" de LAI según la ocasión, y circula por medios de negocios de Miami y España opinando sobre tasas de interés y el "contexto latinoamericano" con la seguridad de quien nunca ha tenido que rendirle cuentas a nadie.


Ese perfil —reconocimientos, fotos con jefes de Estado, entrevistas de televisión sobre coyuntura económica— es el manual clásico del operador de esquemas de inversión no regulados: la visibilidad social funciona como aval frente a inversionistas que no tienen forma sencilla de comprobar si la firma está realmente supervisada por algún regulador financiero.


Hildebrandt en sus trece describió a Valenzuela Mayer como un empresario sentenciado por estafas millonarias, con antecedentes judiciales en Estados Unidos, Argentina y Uruguay. La presidenta de la República ha elegido pasar sus ratos de relax junto a un hombre señalado por estafar, mientras ese mismo hombre ocupa asientos reservados en los actos más solemnes del Estado.


La pregunta que Palacio de Gobierno debe responder


Lo que queda pendiente es una exigencia política elemental. ¿Quién invitó a Valenzuela Mayer a la juramentación del gabinete? ¿Qué tipo de negocios, si los hay, mantiene o pretende mantener con el Estado peruano o con figuras de su entorno? ¿Sabía la presidenta, al compartir spa y tratamientos de belleza con él, de los antecedentes que la prensa ya había documentado?


Keiko Fujimori no debe una explicación de cortesía. La debe porque asumió la presidencia prometiendo transparencia después de una década de escándalos de financiamiento ilegal que la tuvieron presa preventivamente en más de una ocasión. Si algo ha demostrado el fujimorismo en el poder es que la opacidad no es un accidente: es el modo en que opera. La cercanía con Valenzuela Mayer, hasta que el Gobierno diga lo contrario, es una pieza más de ese patrón.

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