Cuando el MINSA se convierte en una escuela para principiantes
- Antonio Quispe

- hace 11 minutos
- 5 min de lectura

Desconocimiento e improvisación en salud pública.
Hay entrevistas que sirven para explicar una política pública. Otras sirven para anunciar reformas. Y algunas, lamentablemente, terminan revelando que quien acaba de asumir la conducción de uno de los sectores más complejos del Estado todavía está tratando de entender cómo funciona.
Eso es precisamente lo preocupante de la reciente entrevista del flamante ministro de Salud en Latina, Luis Williams Dyer Fernández.
Escucharla completa deja una sensación difícil de ignorar: el nuevo titular del MINSA recién está descubriendo el sector, cuáles son sus problemas, procesos y responsables, cosas que debería haber conocido mucho antes de asumir el cargo. Y esto no es un asunto menor.
El Ministerio de Salud no puede convertirse en una escuela para aprender salud pública desde cero.
Así que en el presente artículo permítanme revisar sus más insufribles declaraciones:
“Ya estoy entendiendo cómo es el proceso de compra de medicamentos”
Empecemos por una de las declaraciones más sorprendentes. Un ministro, evidentemente, no tiene que realizar personalmente las compras de medicamentos. Para eso existen funcionarios, unidades especializadas, procedimientos administrativos y equipos técnicos.
Pero quien acepta conducir el sector sí debería comprender cómo funciona una de las cadenas más críticas del sistema sanitario: programación de necesidades, adquisición, abastecimiento, distribución y disponibilidad de medicamentos.
Porque detrás de esos procesos administrativos hay pacientes. Cuando falla la cadena de suministro, el resultado no es simplemente un indicador rojo en un tablero: son personas que llegan a un establecimiento y no encuentran el medicamento que necesitan.
Por eso resulta preocupante escuchar a un ministro decir que recién está “entendiendo” el proceso.
“No hay data”
Esta probablemente sea una de las afirmaciones que mejor resume el problema. No. El problema del MINSA no es que “no haya data”.
El sistema sanitario peruano produce enormes volúmenes de información mediante múltiples plataformas, registros administrativos y sistemas de vigilancia.
Tenemos HIS, SINADEF, NOTI, REUNIS, información de SUSALUD y muchas otras fuentes.
¿Tenemos problemas? Por supuesto.
Tenemos fragmentación. Tenemos problemas de calidad. Tenemos sistemas que no conversan adecuadamente entre ellos. Tenemos duplicidades. Tenemos problemas de oportunidad. Y, probablemente lo más importante, todavía tenemos enormes dificultades para transformar datos en información y esa información en decisiones.
Pero eso es radicalmente distinto a decir que “no hay data”. El diagnóstico importa porque si uno diagnostica incorrectamente el problema, inevitablemente diseñará incorrectamente la solución.
“Descubrimos que en el proceso de atención… ni siquiera tenemos una supervisión o un call center”
La palabra que llama la atención aquí es “descubrimos”. El Estado peruano ya cuenta con mecanismos de supervisión, canales de atención al ciudadano y una Superintendencia Nacional de Salud con competencias explícitas para proteger los derechos de los usuarios.
¿Funcionan perfectamente? No.
¿Necesitan fortalecerse? Sin ninguna duda.
Pero una cosa es identificar que los mecanismos existentes son insuficientes y plantear cómo mejorarlos, y otra muy diferente es hablar como si acabáramos de descubrir que el sistema necesita supervisión.
Antes de reinventar el sistema sanitario hay que conocer el sistema sanitario.
“¿Por qué no le mandan los resultados de laboratorio por WhatsApp?”
Esta frase quizá parezca atractiva desde el sentido común: si todos utilizamos WhatsApp, ¿por qué no enviar simplemente los resultados por ahí?
Porque la transformación digital en salud es bastante más compleja. Los datos relacionados con la salud son información sensible y están sujetos a obligaciones específicas de confidencialidad y protección. La propia SUSALUD recuerda que la información sobre diagnóstico, tratamiento y condición médica requiere protección especial y no puede divulgarse libremente.
Claro que debemos conseguir que un paciente pueda acceder rápidamente a sus resultados.
Pero necesitamos hacerlo mediante soluciones que garanticen autenticación, seguridad, trazabilidad, confidencialidad e interoperabilidad.
Salud digital no significa simplemente “mandarlo por WhatsApp”. Significa construir una arquitectura digital que permita que la información correcta llegue a la persona correcta, en el momento correcto y de manera segura.
“¿Por qué no hemos invertido millones en la transformación digital del MINSA?”
Aquí nuevamente aparece el problema de partir de un diagnóstico equivocado. El Perú no está comenzando su transformación digital sanitaria en 2026. Durante años se han desarrollado sistemas de información, telesalud, historia clínica electrónica, repositorios y diferentes herramientas digitales.
Podemos —y debemos— discutir cuánto se ha invertido, qué resultados se han conseguido y cuánto dinero se ha desperdiciado en sistemas fragmentados.
Precisamente ahí está el verdadero problema.
No necesitamos comportarnos como si antes no hubiera existido nada. Necesitamos evaluar críticamente lo construido, identificar lo que funciona, eliminar redundancias y conseguir interoperabilidad real.
Cada nuevo ministro que pretende refundar el MINSA desde cero contribuye paradójicamente al mismo problema que dice querer solucionar.
Y ahora tendremos una “torre de control”
El ministro también anunció que implementará una especie de “torre de control” para supervisar el MINSA. Esta ideota —porque de una idea grandota se trata— solo puede ocurrírsele a alguien que confunde el Ministerio de Salud con una estación de serenazgo, y no a alguien idóneo para fungir como ministro de Salud.
El MINSA genera indicadores, tableros y sistemas de monitoreo por docenas; literalmente, le sobran. El problema fundamental no es inventar otra pantalla donde aparezcan números de colores.
El desafío es mucho menos glamoroso: integrar la información, definir los KPI y sus respectivos accionables, establecer responsabilidades y conseguir que la información produzca decisiones basadas en la mejor evidencia disponible.
Y eso no se consigue con una “torre de control”. Eso solo es un despilfarro de dinero cuando, según el propio ministro, el dinero falta.
“¿Por qué no ponemos un administrador a administrar hospitales?”
Porque un hospital no es una empresa cualquiera. Por supuesto que se necesitan administradores en el MINSA y los tiene, son los expertos en gestión de la salud y los experto en administración de la salud, cosa que el ministro ignora.
Gestionar un hospital significa mucho más que administrar recursos. Implica comprender las complejidad de las redes integradas de salud, flujos asistenciales, calidad de atención, seguridad del paciente, gestión clínica, epidemiología hospitalaria, recursos humanos sanitarios, referencia y contrarreferencia, financiamiento y otros múltiples procesos que son extraordinariamente especializados.
La pregunta correcta, por tanto, no es si necesitamos médicos o administradores. Convertir esta discusión en una falsa dicotomía entre médicos y administradores simplemente demuestra que todavía no hemos entendido el problema.
Y finalmente: “No hay dinero”
Sí, el Perú necesita invertir más y mejor en salud. Pero repetir que “no hay dinero” tampoco constituye un diagnóstico suficiente.
En nuestro sistema conviven brechas de financiamiento con problemas de ejecución, asignaciones ineficientes, fragmentación, compras deficientes y enormes dificultades para transformar presupuesto en servicios efectivos.
La pregunta relevante no es solamente cuánto gastamos. Es qué resultados sanitarios obtenemos por cada sol que gastamos. Porque conseguir más presupuesto para continuar haciendo mal las mismas cosas tampoco solucionará nuestros problemas.
El verdadero problema
Podríamos discutir cada frase aisladamente y probablemente encontraríamos alguna interpretación benevolente para varias de ellas. Pero cuando las colocamos juntas aparece un patrón mucho más preocupante: desconocimiento del sistema acompañado de improvisación en las soluciones.
“No hay data”.
“Mandemos los resultados por WhatsApp”.
“Hagamos una torre de control”.
“Pongamos administradores”.
“No hay dinero”.
Parecen respuestas sencillas para problemas extraordinariamente complejos. Y precisamente ahí está el peligro.
La salud pública no necesita ocurrencias. Necesita diagnóstico, evidencia, institucionalidad, capacidad técnica y gestión.
El Perú tiene enormes problemas sanitarios. Tenemos establecimientos con brechas críticas, pacientes esperando atención, medicamentos que no llegan oportunamente, sistemas de información fragmentados, profesionales trabajando en condiciones difíciles y desigualdades territoriales que seguimos sin resolver.
Nada de esto acaba de aparecer. Ha sido estudiado, documentado y discutido durante años.
Por eso un ministro no necesita llegar al MINSA para “descubrir” el sistema. Necesita llegar sabiendo qué sistema va a conducir.
Puede desconocer detalles operativos —sería absurdo exigir lo contrario—, pero debe comprender su arquitectura, sus instituciones, sus principales procesos, sus problemas estructurales y la evidencia disponible para enfrentarlos.
Porque existe una diferencia enorme entre llegar a un ministerio, escuchar a los técnicos y aprender los detalles necesarios para gobernar y llegar al ministerio para recién empezar a entender qué es lo que se está gobernando.
Y en salud pública esa diferencia importa. Muchísimo. Porque aquí los errores daprendizaje no se pagan solamente con puntos en las encuestas. Se pagan con la vida y la salud de las víctimas de su incompetencia...










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