¿Por qué Keiko Fujimori debe explicar cuál es su relación con el estadounidense Carlos Díaz-Rosillo?
- Redacción El Salmón

- hace 21 horas
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Hay una relación alrededor de la nueva presidenta del Perú que merece una explicación pública mucho más precisa de la que hemos recibido hasta ahora. Se trata de Carlos Díaz-Rosillo, empresario y académico estadounidense que ocupó un cargo de responsabilidad en la primera administración de Donald Trump y que mantiene desde hace años una relación particularmente cercana con Keiko Fujimori.
El propio Díaz-Rosillo ha reconocido que conversa con ella y que le brinda consejos, aunque durante la campaña aclaró que no era asesor oficial. Después de la elección, sin embargo, comenzó a aparecer públicamente hablando sobre la formación del gobierno, sus prioridades, las relaciones con Estados Unidos y decisiones de la nueva administración.
Ese detalle podría parecer secundario si se tratara simplemente de un amigo de la presidenta. Deja de serlo cuando esa persona tiene una trayectoria directamente vinculada con el poder político estadounidense, acceso privilegiado a quien acaba de asumir la Presidencia y una participación pública cada vez más visible en asuntos de gobierno.
La pregunta, entonces, no es si Díaz-Rosillo tiene derecho a ser amigo de Keiko Fujimori. Por supuesto que lo tiene. La pregunta es qué lugar ocupa realmente en su entorno y hasta dónde llega su influencia.
Una relación que va más allá de una amistad
Hay un dato que hace todavía más interesante esa relación. Durante aproximadamente un año, Keiko Fujimori realizó actividades académicas para el Adam Smith Center for Economic Freedom, institución que dirige Díaz-Rosillo, por las que recibió US$45.000 en honorarios. El propio Díaz-Rosillo reveló la cifra y explicó que correspondía a clases, mentorías y proyectos de investigación. Según dijo, Keiko autorizó que hiciera público el monto.
Eso significa que la persona que encabeza una institución que remuneró a Keiko es, al mismo tiempo, alguien que reconoce mantener con ella una relación de amistad y que la asesora políticamente.
La situación adquiere una dimensión todavía mayor porque el Adam Smith Center ha sido objeto de cuestionamientos por su orientación ideológica y por el uso de recursos públicos de Florida. Una investigación de WLRN y Miami Herald señaló que el centro ha recibido importantes fondos estatales y que mantiene una marcada orientación hacia redes políticas de derecha en América Latina.
El episodio de los F-16
La cuestión deja de ser todavía más abstracta cuando aparece la compra de los F-16. José María Balcázar cuestionó el proceso de adquisición de los aviones de combate estadounidenses y sostuvo que el próximo gobierno debía evaluar la operación. En medio de esa discusión, Díaz-Rosillo defendió la importancia de mantener una relación estrecha con Estados Unidos y advirtió sobre las consecuencias que podría tener revertir la compra.
Su opinión tiene un peso particular porque no estamos hablando de un comentarista extranjero cualquiera. Díaz-Rosillo fue funcionario de la Casa Blanca durante el primer gobierno de Trump y conoce directamente los círculos de poder de Washington.
La compra de aviones militares tampoco es una operación comercial cualquiera. Vincula al Perú durante años con un proveedor en materia de mantenimiento, entrenamiento, tecnología y cooperación militar. Por eso resulta legítimo preguntar qué conversaciones tuvo Díaz-Rosillo con Keiko Fujimori sobre este asunto y qué papel desempeñó en la defensa de la relación con Estados Unidos.
Washington, Beijing y la política exterior de Keiko
Perú mantiene una relación económica fundamental con China y, al mismo tiempo, una relación estratégica con Estados Unidos. La creciente presencia china en el Pacífico, particularmente después de la construcción del puerto de Chancay, hace que la política exterior peruana se desarrolle en un escenario de creciente competencia entre Washington y Beijing.
En ese contexto tampoco es irrelevante la designación de Carlos Espá como canciller. Espá tiene una larga trayectoria profesional vinculada con Estados Unidos y ha señalado que busca fortalecer la relación bilateral. Su nombramiento generó incluso advertencias sobre el posible impacto que podría tener en la relación con China.
Existe una secuencia que merece atención: un exfuncionario de Trump muy cercano a Keiko, una relación económica entre ambos a través del centro que él dirige, su intervención pública en asuntos del futuro gobierno, su defensa de la relación con Estados Unidos y un nuevo canciller con una trayectoria estrechamente vinculada a Washington.
Cada elemento puede tener una explicación independiente. Lo que corresponde preguntar es si existe una lógica común entre ellos.
El poder informal
El problema de fondo no es Carlos Díaz-Rosillo como individuo. Es el poder que puede ejercerse alrededor de una Presidencia sin necesidad de aparecer en un organigrama.
Estados Unidos conoce desde hace mucho tiempo el fenómeno del Kitchen Cabinet: personas cercanas al presidente que, sin ocupar necesariamente cargos oficiales, pueden tener una influencia considerable sobre sus decisiones.
La influencia no desaparece porque no exista un nombramiento. Por eso resulta insuficiente responder que Díaz-Rosillo no es asesor oficial. Si conversa regularmente con la presidenta, la aconseja sobre asuntos políticos, participa públicamente en la explicación de sus decisiones y además dirige una institución que le pagó US$45.000, la ciudadanía tiene derecho a saber cuál es exactamente su papel.
¿Participa en reuniones con integrantes del gobierno? ¿Interviene en asuntos de política exterior? ¿Tiene algún papel en la relación con Washington? ¿Ha participado en conversaciones sobre inversiones estadounidenses? ¿Existe algún vínculo adicional entre él y la presidenta?
El antecedente de Montesinos
La experiencia del fujimorismo hace especialmente relevante esta discusión. Durante el gobierno de Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos construyó desde el Servicio de Inteligencia Nacional una estructura de poder paralela que llegó a controlar o influir sobre las Fuerzas Armadas, el Congreso, el Poder Judicial, los medios de comunicación y buena parte del aparato estatal. Su poder no provenía únicamente del cargo que ocupaba, sino de su acceso directo al presidente y de la red de relaciones que construyó alrededor de él.
Ese antecedente obliga a mirar con atención los círculos de confianza que rodean nuevamente a una Fujimori en el poder, que no necesita un cargo oficial para ejercerlo.
Y en ese punto la relación entre Keiko Fujimori y Carlos Díaz-Rosillo merece una explicación. Cuanto mayor es la confianza y cercanía personal entre una presidenta y alguien que tiene acceso directo a ella, mayor es la necesidad de conocer qué lugar ocupa esa persona en las decisiones del gobierno. La pregunta sigue siendo, por tanto, tan sencilla como incómoda: ¿quién es Carlos Díaz-Rosillo para Keiko Fujimori y qué lugar ocupa realmente en el poder que hoy ejerce en el Perú?










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