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Basadre y el nacionalismo republicano


El presente texto de Clásicos del Pensamiento Peruano explora el legado de Jorge Basadre, figura ineludible para comprender la historia y el devenir del Perú. Alejándose de visiones pesimistas y de la historia monumental, el texto analiza cómo Basadre construyó un nacionalismo republicano capaz de integrar el "Perú oficial" con el "Perú profundo". A través de su vasta obra, se revela una propuesta ética y política aún vigente hoy: la promesa de la vida peruana.


Breve biografía intelectual y el sentido de la historia


Nacido en Tacna en 1903, en pleno cautiverio bajo la administración chilena, Jorge Basadre experimentó desde sus primeros años el peso de la fractura territorial y la herida del patriotismo irredento. Esta vivencia de la frontera y de la ocupación forjó en él una sensibilidad particular hacia el Perú, entendiéndolo no como una maquinaria estatal fría, sino como un cuerpo vivo, doliente, pero dotado de una resiliencia incalculable. Su biografía intelectual es inseparable de la evolución institucional del país durante el siglo XX. Formado en las aulas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, fue testigo y protagonista de la Reforma Universitaria y del surgimiento de la Generación del Centenario. Su vocación no se agotó en la erudición de archivo; asumió responsabilidades públicas de enorme calado, siendo el artífice de la reconstrucción de la Biblioteca Nacional tras el catastrófico incendio de 1943 y ocupando, en dos ocasiones, el Ministerio de Educación Pública.


Basadre legó una vasta obra que transitó desde la historia del derecho hasta la monumental Historia de la República del Perú, pero su mayor aporte radica en la formulación de una filosofía de la historia peruana. En un país marcado por asincronías y estratos de tiempo superpuestos, su pensamiento funcionó como una brújula. El estudio de la historia no consiste solo en transmitir datos, sino en legar herramientas de discernimiento a las nuevas generaciones. Basadre entregó, precisamente, una gramática para comprender la república: enseñó a ver el Perú más allá de la anarquía caudillista, identificando en las profundidades sociales las fuerzas de un nacionalismo republicano integrador y democrático. Este ensayo busca, por tanto, identificar las ideas generales y los conceptos más potentes de su obra, transitando por su teoría de la historia, su diagnóstico del estado republicano y su incansable defensa de la promesa nacional.


La teoría de la historia de Basadre


Para comprender cabalmente el andamiaje del pensamiento de Basadre, es indispensable adentrarse en su concepción de la disciplina histórica. Nuestro historiador no comulgaba con el positivismo ingenuo que asume que la historia es una simple recolección pasiva de documentos muertos, ni aceptaba el escepticismo radical que la reduce a pura ficción literaria. En su lúcido ensayo En torno a la teoría de la historia, nos advierte sobre los peligros y las grandezas del oficio histórico en un siglo obsesionado con el progreso técnico y la aniquilación atómica. Para Basadre, el historiador es un mediador dinámico entre el pasado y el presente; la historia es, en sus palabras, una disciplina viva.


La grandeza y la servidumbre de la Historia consiste en que el historiador crea su propio objeto. Los hechos o los procesos históricos son, en buena parte, construcciones (o mejor dicho reconstrucciones) de la Historia misma. No hay verdadera Historia sin hipótesis de trabajo, en un cálculo de probabilidades retrospectivo, del mismo modo como no hay Historia sino en y por la historicidad del historiador (Basadre, 1962, p. 15).


Esta afirmación, profundamente moderna y que anticipa los giros contextuales de autores como Quentin Skinner o Reinhart Koselleck, nos muestra a un Basadre consciente de la "fuerza estructurante" del investigador. El pasado dejó sus huellas dispersas y contradictorias, pero es la aprehensión del historiador —su intuición, su rigor y su empatía— la que las dota de sentido. Es, como él mismo afirmaba de la historia, una "fábrica aérea, impalpable, sutil, hecha con ideas y sentimientos, aunque, en cierto sentido, comparable a la arquitectura, pues necesita basarse, para poder perdurar, en principios técnicos en cuanto a los materiales que la elaboran y necesita, además inspirarse en principios estéticos en cuanto a la construcción misma" (Basadre, 1962, pp. 13-14). 


Bajo este marco epistemológico, la historia en el Perú dejó de ser el relato celebratorio de las élites o el panteón de los héroes militares. Basadre introduce una perspectiva sociológica y totalizadora. En su obra La multitud, la ciudad y el campo en la historia del Perú, desplaza el foco de atención hacia los actores colectivos que habían sido sistemáticamente invisibilizados por la historiografía decimonónica. Sostiene que "la verdadera historia es la historia de la multitud, de esa masa anónima que, con su trabajo, su sufrimiento y sus movilizaciones ha moldeado el destino real del país" (Basadre, 1929, p. 12).


Al reivindicar el papel de la multitud, Basadre democratiza el sujeto histórico, demostrando que la construcción de la república ha sido un esfuerzo colectivo, muchas veces trágico, pero siempre marcado por una voluntad de persistencia. Su teoría de la historia es, en última instancia, una fenomenología de la esperanza nacional; una negación rotunda al determinismo geográfico o racial que condenaba al Perú al atraso perpetuo.

Diagnóstico del Perú republicano


Si la teoría de la historia de Basadre nos provee el método, su análisis sociopolítico de la iniciación republicana nos entrega el diagnóstico más implacable y lúcido de nuestras fracturas estructurales. Basadre analizó la génesis del Estado peruano despojándola de mitos fundacionales. La República no emergió como el corolario de una revolución burguesa madura o como la consolidación de un pacto social inclusivo. Por el contrario, "la República peruana nació bajo el signo del militarismo debido a la ausencia de una clase civil organizada y capaz de asumir el gobierno tras la independencia" (Basadre, 1929-1930, p. 25). La falta de una clase dirigente nacional dio paso a lo que él tipificó como el "militarismo de la victoria", un periodo de anarquía donde los caudillos convirtieron el Estado en un botín personal, fragmentando el poder y retrasando la maduración institucional.


Uno de los conceptos más importantes que elabora Basadre para explicar el fracaso de los proyectos de modernización es el de "empirismo" en la conducción del Estado. El historiador tacneño observó con agudeza que "si algo ha caracterizado a la clase dirigente peruana a lo largo de la República es su profundo empirismo" (Basadre, 1931, p. 45). Este empirismo se tradujo en una gestión de la inmediatez, carente de planificación a largo plazo y de una visión integradora del territorio. La era del guano ejemplifica dolorosamente esta tara: una bonanza económica sin precedentes que se dilapidó en el pago de deudas, el sostenimiento de una burocracia improductiva y el lujo importado de una élite desconectada de las necesidades del país, dejando intactas las estructuras de exclusión social y postergando la industrialización nacional.


Pero quizás el aporte diagnóstico más perdurable de Basadre es su distinción conceptual entre el "Perú oficial" y el "Perú profundo". Este binomio explica la disonancia cognitiva y material que atraviesa nuestra historia.


"Debemos distinguir entre el Perú oficial y el Perú profundo. El primero es el de las leyes, el de los palacios, el de las estadísticas que se elaboran en los ministerios de la capital; es un Perú que a menudo vive en el simulacro y en la retórica de espaldas al país real. El segundo, el Perú profundo, es el de la gente que labra la tierra, el de las tradiciones que persisten a pesar del olvido del Estado, el de la energía vital que fluye en las provincias y en las comunidades" (Basadre, 1931, p. 18).


La tragedia republicana, según Basadre, radica en que "el Perú oficial ha ignorado sistemáticamente al Perú profundo, tratándolo como un obstáculo para el progreso o como una simple reserva de votos en periodos electorales" (Basadre, 1931, p. 20). Este centralismo no es meramente administrativo; es una miopía ontológica. Las provincias y las comunidades andinas y amazónicas han sido tratadas como periferias prescindibles, lo que ha generado una desarticulación territorial que impide la formación de un genuino mercado interno y de una ciudadanía homogénea. Basadre desnuda la ficción jurídica del Estado decimonónico, demostrando que la ley, sin arraigo en la realidad social de las mayorías, se convierte en un instrumento de opresión.


Posibilidad y necesidad de formar una nación


Ante un diagnóstico tan sombrío, en el que se constatan las falencias de la élite, el lastre del militarismo y la exclusión del Perú profundo sería fácil y hasta natural caer en el derrotismo. Sin embargo, la grandeza de su pensamiento radica en su negación absoluta del fatalismo histórico. En su obra capital, Perú: Problema y Posibilidad (1931), establece la premisa fundamental de su nacionalismo republicano. Acepta que "el Perú es un 'problema' porque es un país sin resolver, un país de contrastes violentos donde la modernidad de la costa convive con el feudalismo de la sierra y la inmensidad de la selva" (Basadre, 1931, p. 7). No obstante, asevera con idéntico rigor que el Perú "también es una 'posibilidad' porque nada en la historia está escrito definitivamente. El azar histórico nos ha colocado en una encrucijada, pero la voluntad humana es la que decide el rumbo final" (Basadre, 1931, p. 8).


Para materializar esta posibilidad, Basadre apela a una construcción moral y ética que él bautizó como "la promesa de la vida peruana". Esta noción es el eje gravitacional de su propuesta nacionalista; no un nacionalismo chovinista, agresivo o excluyente, sino un patriotismo integrador y cívico.


"Quienes fundaron la República no lo hicieron solo para cambiar de amos, sino imbuidos de una promesa: la promesa de la vida peruana. Esa promesa consistía en que, al ser libres, los peruanos tendríamos una vida mejor, basada en la justicia, la cultura y el bienestar material" (Basadre, 1947, p. 14).


La formulación de la promesa peruana es un llamado a la superación de la mediocridad y del "empirismo" de la clase dirigente. Formar una nación implica, para Basadre, suturar la herida entre el Perú oficial y el Perú profundo. Esto demanda una descentralización real y efectiva, entendiendo que "la subversión de las provincias que vemos a veces no es falta de patriotismo, sino un reclamo legítimo de justicia y de participación" (Basadre, 1947, p. 32).


Integrar el país requiere infraestructura, pero sobre todo, empatía histórica y reforma educativa. La nación no se decreta desde las altas esferas gubernamentales; se edifica asumiendo la inmensa diversidad geográfica y humana del país como una fortaleza y no como una tara.


Basadre nos enseña que la historia nos ha legado héroes, pensadores y mártires que han intentado dar un sentido de pertenencia a nuestro caos. Rescatar la promesa significa asumir que el país "es un proceso en curso donde cada decisión cuenta" (Basadre, 1947, p. 40), abandonando la mentalidad pasiva del mendigo sentado en un banco de oro para transformarnos en agentes conscientes de nuestro desarrollo. La posibilidad de formar una nación sólida descansa en la madurez de una ciudadanía capaz de gobernar el azar histórico mediante la previsión, la inteligencia y la solidaridad social.


Actualidad del pensamiento de Basadre


Ubicados en las primeras décadas del siglo XXI, atravesando los embates de una contemporaneidad líquida y vulgar, marcada por la inmediatez, la polarización y la fragilidad institucional, la relectura de Jorge Basadre no responde a un simple afán arqueológico, sino a una urgencia vital. Las trampas del presentismo, que teóricos como François Hartog han analizado con agudeza, mantienen a las sociedades atrapadas en un tiempo fragmentado donde la política ha perdido su capacidad de proyectar a largo plazo, limitándose al escándalo diario y a la reacción superficial. Frente a esta parálisis reflexiva, el nacionalismo republicano de Basadre actúa como un antídoto intelectual insustituible.


Desde una lectura acuciosa de la actualidad, es posible percibir que las falencias denunciadas por Basadre hace casi un siglo mantienen una vigencia dolorosa. El "empirismo" de la clase dirigente, la desconexión del Estado respecto a las comunidades originarias y rurales, y la persistencia de un centralismo limeño asfixiante, continúan operando como rémoras para el despliegue pleno de la ciudadanía. El divorcio entre el Perú legal de la institucionalidad y el Perú real de la informalidad y la sobrevivencia es la forma contemporánea de la dialéctica entre el Perú oficial y el profundo.


Sin embargo, la actualidad de Basadre no reside únicamente en su capacidad para radiografiar los males del país, sino en la exigencia ética que impone a los académicos, a los líderes políticos y a la sociedad en su conjunto. Exige no sucumbir a la desesperanza. Recuerda que la "intelligentsia socialmente desvinculada" tiene la misión de actuar como "abogados predestinados de los intereses intelectuales del todo" y de "encender una luz en lo que, sin ellos, acaso sería una noche oscura" (Basadre, 1962, p. 22). Se deben articular conceptos que permitan sincronizar tiempos dispares y cerrar la brecha secular de la desigualdad.


El pensamiento de Jorge Basadre es una invitación sostenida a la sobriedad, a la mesura y al compromiso insobornable con la verdad histórica. Asumir su legado es entender que el Perú sigue siendo una posibilidad, y que la promesa de la vida peruana, lejos de estar sepultada en el fracaso, habita en cada acto de decencia, en cada esfuerzo por educar con rigor y en cada intento genuino por construir una República integradora. Comprender la historia política y social a través del prisma basadrino es, en última instancia, un acto de madurez cívica y un ejercicio irrenunciable de soberanía intelectual.

Bibliografía


Basadre, J. (1929). La multitud, la ciudad y el campo en la historia del Perú. Imprenta Rivas Ber.

Basadre, J. (1929-1930). La Iniciación de la República. Librería Francesa F. y E. Rosay.

Basadre, J. (1931). Perú: Problema y Posibilidad. Librería Francesa Científica y Casa Editorial E. Rosay.

Basadre, J. (1947). La Promesa de la Vida Peruana. Editorial Juan Mejía Baca.

Basadre, J. (1962). En torno a la teoría de la historia. Extraído de Compilación Histórica.


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