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Último juego de espías


Ha muerto a los 84 años Aldrich Ames, el espía estadounidense que infligió el mayor daño a la seguridad de su propio país. Su deceso ocurrió el 5 de enero de 2026 en la prisión federal de Cumberland, Maryland, donde cumplía cadena perpetua.


La lealtad de los espías durante la Guerra Fría era tan maleable como el mismo concepto de patriotismo, y las agencias lo sabían. Todo espía era un arma de doble filo, pero se debía correr el riesgo ante el avance de los enemigos. Estados Unidos y la Unión Soviética invirtieron millones en preparar a hombres y mujeres en la práctica del espionaje, pero también invirtieron en contraespionaje y en comprar las conciencias de quienes quisieran venderse.


Como ejemplo, las historias entrelazadas del recién fallecido Aldrich Ames y del soviético Dmitri Poliakov resultan fascinantes para demostrar hasta qué punto se puede poner en riesgo la seguridad de dos potencias ante las simples emociones humanas, como la ansiedad financiera y la venganza personal.


Aldrich Hazen Ames nació en mayo de 1941 en un pequeño pueblo de Wisconsin. Ames ingresó a la CIA (Central Intelligence Agency) en 1962 por recomendación de su padre, otro agente. Allí hizo trabajos menores y ascendió con lentitud. Pasó por la ‘División de grabaciones’ hasta desempeñarse como oficial y analista. Su primera gran misión fue en Turquía donde tuvo que reclutar agentes soviéticos que informasen a los servicios de los países aliados. En aquella oportunidad se hizo pasar eficazmente por comunista. Por su éxito, y a pesar de sus primeros excesos con el alcohol, fue designado en el área de contrainteligencia en la ‘División soviética/Europa del Este’ en la sede de la CIA en Virginia.


Su vida privada era otro cantar: era hipocondríaco, tuvo un mal matrimonio, su divorcio le generó una presión económica extra y bebía en exceso. Al ser asignado a la embajada de México en 1983 conoció a la colombiana Rosario Casas, quien sería su nueva esposa y le demandaría un nuevo estilo de vida. "A Rosario le encantaba gastar dinero", comentó Sandra Grimes, exagente de la CIA y coautora del libro sobre la captura de Ames, “Círculo de Traición”.


En 1985, Aldrich Ames se presentó en la embajada de la Unión Soviética en Washington para ofrecer secretos estadounidenses a cambio de 50 mil dólares. Ames estaba encargado de acciones de inteligencia en Europa y de la contrainteligencia soviética, por lo que tenía acceso a información sobre la identidad de los agentes de la KGB (Comité para la Seguridad del Estado) que despachaban para la CIA. Ames reveló casi todos los nombres de los informantes en el extranjero. Varios agentes estadounidenses y rusos fueron ubicados y asesinados. 


Ames fue detenido el 21 de febrero de 1994 por el FBI. Ante los tribunales dijo: “estas guerras de espionaje son un espectáculo secundario que no han tenido un impacto real en nuestros intereses de seguridad”. Se estimó que los soviéticos le pagaron entre 2.5 a 4 millones de dólares por la información que proporcionó entre 1985 y 1993. Ames fue sentenciado a cadena perpetua. En una entrevista con “The Washington Post” reveló que actuó motivado por sus problemas económicos.


Una de las identidades de espías más importantes reveladas por Ames en los años 80 fue la de Dmitri Poliakov.


Dmitri Fiodorovich Poliakov nació el 6 de julio de 1921 en la entonces República Socialista de Ucrania. Se enlistó en el ejército y pasó por la escuela de artillería. Tuvo una destacada participación como oficial soviético en la Segunda Guerra Mundial, por lo que fue condecorado. Cuando se desempeñó como oficial de inteligencia, la URSS lo destacó en misiones diplomáticas encubiertas en las Naciones Unidas en Nueva York. En su segunda misión en los EE.UU., (probablemente en 1961) se acercó a agentes del FBI para ofrecerse como espía. Poliakov no solo estaba molesto con los manejos del partido comunista de su país, también guardaba un rencor muy personal. Sus superiores le habían prohibido que tratase a su hijo mayor, que padecía de una enfermedad rara, en los hospitales de Nueva York (los más especializados en esa época). El hijo de Poliakov murió.


“El 13 de marzo de 1962, el FBI informó que Dmitri Poliakov, cuyo nombre en clave era ‘Sombrero de Copa’, había identificado a todos los miembros de la delegación diplomática soviética en Nueva York y en Washington que actuaban como espías para Moscú”, escribió el periodista Tim Wiener. Otro nombre clave de Poliakov era ‘Bourbon’.


Poliakov espió para la CIA por casi 25 años sin ser descubierto, incluso después de jubilarse, y nunca pidió dinero a cambio, tampoco pidió asilo cuando ya se cernían sospechas sobre él. Solo buscó vengarse. Poliakov filtró información sobre decenas de agentes estadounidenses reclutados por la KGB y cientos de espías soviéticos trabajando en Occidente, además de datos sobre tecnología espacial y estrategias nucleares.


Con la información de contrainteligencia que el estadounidense Aldrich Ames había proporcionado a la KGB en los años 80, Dmitri Poliakov fue detenido y llevado a juicio acusado de traición, tras lo cual fue condenado a muerte y ejecutado con un tiro en la cabeza en marzo de 1988.


Sobre Aldrich Ames, muchos consideran que ha muerto uno de los últimos espías de la Guerra Fría. Y otros se preguntan si estas prácticas caducarán por el riesgo que conllevan. Lo cierto es que el mundo del espionaje sigue tan activo como siempre. Lo que puede haber cambiado es la naturaleza de los agentes. Ahora es más probable hallarlos como programas hechos con inteligencia artificial que hackean nuestras comunicaciones o como drones diminutos, que como humanos de gabán, lentes oscuros y maletines de cuero.

 

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