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Cierre de Ormuz: todo lo que debes saber de la crisis energética que se avecina




Han pasado casi diez días desde que Irán anunció el cierre del Estrecho de Ormuz, una decisión que ha paralizado una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta y ha desencadenado una cadena de efectos en el mercado energético, el comercio marítimo y la estabilidad económica internacional.


El anuncio fue realizado a inicios de marzo por mandos de la Guardia Revolucionaria iraní, que advirtieron que el estrecho quedaba cerrado al tránsito de buques mientras continúe la escalada militar en la región. Desde entonces, el tráfico marítimo se ha reducido de forma drástica y numerosas compañías petroleras y navieras han suspendido sus operaciones en la zona por razones de seguridad.


La crisis ha colocado nuevamente a ese estrecho corredor marítimo —que separa Irán de Omán— en el centro de la geopolítica global.

La arteria energética del planeta


El Estrecho de Ormuz es uno de los puntos más estratégicos del sistema energético mundial. En condiciones normales, por esa estrecha vía marítima circulan cada día entre 17 y 20 millones de barriles de petróleo, lo que equivale aproximadamente a una quinta parte del consumo global. En otras palabras, una proporción enorme del petróleo que utilizan las economías del planeta debe atravesar ese paso para llegar a los mercados internacionales.

La mayor parte de ese petróleo proviene de los grandes productores del Golfo Pérsico, entre ellos Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Catar e Irán. Estos países exportan su crudo hacia Asia, Europa y otras regiones del mundo utilizando esta ruta marítima, que funciona como una especie de puerta de salida del Golfo hacia los océanos.


Por el estrecho no solo circula petróleo. También pasa una parte importante del comercio mundial de gas natural licuado, especialmente el que exporta Catar, uno de los principales proveedores de gas del planeta. Debido a esta concentración de recursos energéticos en una ruta tan estrecha, cualquier interrupción del tránsito tiene efectos inmediatos en el mercado mundial.


Cuando el estrecho se cierra o se vuelve demasiado peligroso para la navegación, millones de barriles de petróleo que normalmente se exportarían quedan atrapados dentro del Golfo Pérsico. Esa interrupción reduce la oferta disponible en los mercados internacionales y genera fuertes tensiones en los precios de la energía.

Una caída abrupta del tráfico marítimo


En los días posteriores al anuncio iraní, el tráfico marítimo por el estrecho se redujo de manera abrupta. Empresas de monitoreo marítimo reportaron que el número de petroleros que atravesaban la zona cayó a una fracción del flujo habitual.


Las razones son principalmente tres:


·         amenazas militares contra buques que intenten cruzar

·         ataques y hostigamiento a embarcaciones en la zona

·         incremento extremo del costo de los seguros marítimos


Para las compañías navieras, navegar por una zona donde existe riesgo de ataques con misiles o drones se ha vuelto una operación demasiado peligrosa y costosa.


Impacto inmediato en el mercado petrolero


El cierre del estrecho provocó una reacción casi instantánea en los mercados energéticos. Los precios del petróleo comenzaron a subir ante el temor de una interrupción prolongada del suministro desde el Golfo.


Los analistas advierten que el efecto psicológico del cierre es casi tan importante como el impacto físico en el suministro. Incluso si parte del petróleo logra salir por rutas alternativas, la incertidumbre sobre el flujo energético genera especulación y volatilidad en los mercados.

Para muchos países importadores de energía, esto significa el riesgo de enfrentar un nuevo periodo de combustibles caros y presiones inflacionarias.

Un riesgo para la economía mundial


El petróleo es uno de los pilares del sistema económico global. Cuando su precio sube de manera brusca, el impacto se transmite rápidamente a múltiples sectores. Entre las consecuencias más inmediatas se encuentran:


  • Aumento del costo del transporte.El combustible es uno de los principales gastos de las aerolíneas, navieras y empresas de transporte terrestre.


  • Incremento del precio de los alimentos. La agricultura depende de combustibles y fertilizantes derivados del gas y del petróleo.


  • Mayor presión inflacionaria. Los costos energéticos se trasladan a prácticamente toda la cadena productiva.


Los economistas advierten que si la crisis en el estrecho se prolonga durante semanas o meses, podría desencadenar una desaceleración económica global.


Los países más vulnerables


El impacto del cierre del estrecho no afecta a todos los países de la misma manera. Las economías más expuestas son aquellas que dependen en gran medida del petróleo que sale del Golfo Pérsico. Entre ellas se encuentran Japón, Corea del Sur, India y China, naciones que importan grandes volúmenes de crudo desde esa región para sostener su actividad industrial, su transporte y su producción energética.


En algunos de estos países, más de la mitad del petróleo que consumen proviene precisamente de los productores del Golfo. Por esa razón, cualquier interrupción en esa ruta marítima puede afectar de manera inmediata su abastecimiento energético y provocar aumentos en los costos del combustible y de la producción.


Ante ese escenario, varios gobiernos han comenzado a evaluar el uso de sus reservas estratégicas de petróleo. Estas reservas son depósitos de emergencia que los países mantienen para enfrentar situaciones de crisis, como guerras, bloqueos marítimos o interrupciones repentinas en el suministro internacional de energía.


Algunos productores del Golfo cuentan con infraestructuras alternativas para exportar parte de su petróleo sin pasar por el estrecho. Arabia Saudita, por ejemplo, posee oleoductos que conectan sus campos petroleros con puertos en el Mar Rojo.


Sin embargo, esas rutas tienen una capacidad limitada y no pueden sustituir completamente el volumen que normalmente atraviesa el estrecho.


Un punto frágil del sistema global


El Estrecho de Ormuz tiene apenas unos 33 kilómetros en su punto más estrecho. Los carriles de navegación utilizados por los petroleros son aún más reducidos.

Ese pequeño pasaje marítimo conecta las mayores reservas de hidrocarburos del planeta con los mercados internacionales.


Por eso, cada vez que la tensión militar alcanza esa zona, el impacto no se limita al Medio Oriente. Se siente en las bolsas, en los precios de la energía y, finalmente, en el costo de vida en países a miles de kilómetros de distancia.


Ahora, con el cierre entrando en su segunda semana, la pregunta central para los mercados y los gobiernos es cuánto tiempo podrá permanecer bloqueado uno de los puntos más estratégicos del comercio mundial.


Consecuencias para Perú


Para Perú, las consecuencias del cierre del Estrecho de Ormuz se sentirían principalmente a través del aumento del precio internacional del petróleo. Aunque el país no depende directamente del crudo que sale del Golfo Pérsico, el mercado petrolero es global y cualquier interrupción en esa región impacta en los precios que pagan todos los importadores.


Perú es un importador neto de combustibles y obtiene buena parte del petróleo y derivados que consume desde países como Estados Unidos, Ecuador, Brasil y Colombia. Cuando el precio internacional del crudo sube, ese incremento se traslada rápidamente al costo de las importaciones de diésel, gasolina y otros combustibles que ingresan al país. En consecuencia, un conflicto que interrumpa el flujo de petróleo en Ormuz terminaría reflejándose en Perú en combustibles más caros, mayores costos de transporte y presiones adicionales sobre la inflación y el costo de vida.

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