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Pedro Gual y el pensamiento reaccionario en el Perú



El estudio de las derechas intelectuales en el Perú del siglo XIX constituye una tarea pendiente para comprender la complejidad de nuestra formación republicana. En ese contexto, la figura de Pedro Gual y Pujadas emerge como el eje de una resistencia ultramontana que buscó blindar la unidad católica frente al secularismo. Este artículo pretende dar a conocer su pensamiento como una respuesta integral ante el liberalismo y el naciente positivismo civilista, subrayando sus tensiones y contradicciones. Asimismo, busca ampliar las características particulares de nuestro debate intelectual.


El pensamiento reaccionario y ultramontano: coordenadas teóricas


El pensamiento reaccionario o ultramontano en el siglo XIX no debe entenderse simplemente como un residuo nostálgico del orden teocrático, sino como una respuesta orgánica, intelectualmente articulada y militante frente al avance de la modernidad secularizadora. El término "reaccionario" designa a aquel sector político que se rebeló contra los principios de la Revolución Francesa y el liberalismo ilustrado, buscando restaurar la preeminencia de la autoridad divina sobre la voluntad humana.


Por su parte, el ultramontanismo representa la corriente que centraliza la autoridad doctrinal y política en la figura del Papa, rechazando cualquier forma de regalismo o iglesia nacional subordinada al Estado. Como bien se ha señalado desde la historia intelectual contemporánea, este pensamiento sostenía -en la voz de uno de los reaccionarios más representativos, que "el liberalismo es el pecado de nuestro siglo, es la rebelión de la criatura contra su Creador, es el grito de 'No serviré' lanzado por Lucifer" (Schumacher, 1897, p. 2).


En el Perú, esta visión se tradujo en una defensa cerrada de la unidad católica como cimiento de la nación, interpretando que cualquier fisura en la fe representaba una amenaza directa a la estabilidad social y política de la República, un "caos de la demonocracia" frente al orden teocrático deseado (Schumacher, 1897, p. 4).


Una vida al servicio de la ortodoxia: apuntes biográficos


La figura que encarnó esta resistencia con mayor sistematicidad tras la desaparición de Bartolomé Herrera fue Pedro Gual y Pujadas. Nacido en Canet de Mar, España, el 26 de febrero de 1813, Gual se formó en la Orden Franciscana en una España convulsa por la exclaustración de 1835, experiencia que marcó su profundo rechazo a las políticas desamortizadoras del liberalismo (Cuesta, 2000, p. 343). Tras concluir sus estudios en Italia, donde se imbuyó de la apologética neoescolástica de Perrone y Balmes, arribó al Perú en septiembre de 1845 (Cuesta, 2000, p. 344).


Su labor en el país no se limitó al púlpito; fue educador, teólogo y el gran estratega de la reacción católica en un momento en que el Perú transitaba de un liberalismo doctrinario hacia el positivismo técnico del civilismo. Situado en la intersección de la tradición y la crítica moderna, Gual funcionó como un «muro de contención» ideológico. Para él, la autonomía absoluta del sujeto no era un avance, sino la «deificación del hombre por el hombre», un fenómeno que tachó de fanatismo irracional (Gual, 1875); manteniendo así la vigencia del pensamiento escolástico frente a las nuevas corrientes de su tiempo (Cuesta, 2000).


El rigor de la reacción: "La herejía de la libertad" y la sombra de Schumacher


Hacia la década de 1870, el escenario intelectual peruano se vio sacudido por la aparición de textos que pretendían emancipar la conciencia ciudadana de la tutela eclesiástica. En respuesta al escrito del liberal, Ricardo Osores -El Credo de la Libertad-, Gual publicó en 1875 su obra más visceral: La herejía de la libertad. Este texto no es solo una defensa dogmática, sino una impugnación total a la modernidad liberal, a la que describe como una "propaganda diabólica, que no es otra cosa, que maquinaciones infernales viejísimas" (Gual, 1875, p. 5).


Para Gual, la libertad entendida por los modernos no es un atributo de la voluntad orientada al bien, sino un ídolo que conduce a la anarquía moral. Su retórica alcanza cumbres de intolerancia cuando exclama: "¡Abajo los ídolos del liberalismo! Los peruanos, católicos, no queremos la diosa-razón, estúpida en el cholo, fea y manca en el moreno, ñata y babosa en el chino, y tan loca en el Cercado" (Gual, 1875, p. 27). Esta obra se posiciona en una línea de intransigencia que solo encuentra parangón en el pensamiento del obispo Pedro Schumacher, quien afirmaría que "la democracia, tal como la entienden los modernos, no es sino la 'Demonocracia', el reino de Satanás" (Schumacher, 1897, p. 3).


La negación de la subjetividad moderna


El análisis de La herejía de la libertad revela un autor que combate al liberalismo como una "impostura metafísica". Gual interpreta que el liberalismo ha pretendido elevar al hombre al rango de la divinidad bajo el "modesto dictado de semidios" (Gual, 1875, p. 3), rompiendo los vínculos de la moral católica. Su crítica se extiende a las instituciones del saber, a las que acusa de ser focos de esta "locura" que pretende "destrozar los hierros que atan el pensamiento" (Gual, 1875, p. 3).


El autor argumenta que el Estado tiene la obligación legal de proteger la religión exclusiva, citando el Artículo 4° de la Constitución para interpelar al Gobierno: "¿Los liberales están sujetos, sí o no, a estas y demás leyes de la República?" (Gual, 1875, p. 27). Esta apelación al brazo secular para reprimir la disidencia religiosa constituye el núcleo de su pensamiento: la ley civil debe ser un instrumento de coacción al servicio de la Verdad revelada, negando de plano cualquier noción de autonomía individual o tolerancia civil.


La lid intelectual contra el regalismo de Vigil


La relevancia de Gual como pensador reaccionario se cimentó en su prolongada y áspera disputa intelectual con Francisco de Paula González Vigil. El conflicto era, en el fondo, una lucha por el origen del poder: mientras Vigil sostenía que la soberanía no dependía de una verdad trascendental, sino de la voluntad de la nación (Vigil, 1970), Gual respondía con su obra El equilibrio entre las dos potestades (1852).


En este escenario, Gual asumió el rol de “ejecutor teológicode las disposiciones del Papa Pío IX. A través del breve Multiplices inter, el Pontífice ya había condenado a Vigil por intentar «destruir la constitución de la Iglesia» (Pío IX, 1851). Para Gual, la propuesta de Vigil de subordinar el poder de la Iglesia al Estado no era un simple ajuste político, sino el primer paso hacia el ateísmo social. Bajo esta premisa, Gual se dedicó a combatir frontalmente el liberalismo secular, viéndolo como una amenaza directa al orden moral y espiritual de la sociedad.


El relevo de Herrera y la muralla ante el positivismo


Tras la muerte de Bartolomé Herrera en 1864, Gual asumió el liderazgo del sector conservador, dotándolo de una base dogmática y romanista que Herrera, más enfocado en el providencialismo político, no había desarrollado con tal densidad teológica. Es fundamental contextualizar la obra de Gual como una muralla frente al naciente positivismo que encarnaba el Partido Civil. Para Gual, el positivismo era una forma aún más insidiosa de "fanatismo liberal" porque pretendía sustituir la Revelación por la observación empírica. En su refutación a las corrientes positivistas, Gual defendió que "la fe no degrada, ennoblece a la razón, sacándola de su baja esfera" (Gual, como se citó en Cuesta, 2000, p. 330).


Ante el optimismo civilista que veía en el ferrocarril y la técnica el motor del progreso, Gual advertía que una modernización sin tutela religiosa era una marcha hacia el abismo moral. Su pensamiento se movió "de una postura agresiva a posiciones más temperadas" (Cuesta, 2000, p. 471), pero siempre manteniendo el "milagro de la unidad en cuestiones de moral y dogmática" (Gual, como se citó en Cuesta, 2000, p. 336) bajo la égida absoluta del Papa, rechazando cualquier posibilidad de diálogo con la ciencia empírica si esta no se supeditaba a la teología.


Dogmatismo y rechazo a la libertad de conciencia


Las ideas fundamentales de Gual pueden sintetizarse en la defensa del origen divino de la potestad eclesiástica y el rechazo absoluto a la libertad de conciencia. Para él, la Iglesia es una sociedad perfecta e independiente que no recibe sus derechos del Estado. En este sentido, interpretaba que "la mezcla de lo sagrado con lo profano en el gobierno solo trae confusión y ruina" (Vigil, 1862, p. 145), pero desde una óptica que buscaba la hegemonía eclesiástica sobre la esfera pública.


Gual sostenía que la "soberanía de la inteligencia" mencionada por Herrera debía estar subordinada a la Verdad católica, pues "el hombre, a través de su alma, queda ligado por esa ley a conformar sus actos interiores" (Gual, como se citó en Cuesta, 2000, p. 329). Esta postura anulaba la libertad individual al considerar que el pensamiento no podía ser independiente de los dogmas establecidos por la jerarquía.


El proyecto nacional como estructura de exclusión


La interpretación de estas ideas revela un proyecto de nación jerárquico donde el ciudadano es un fiel súbdito. Gual veía en la pluralidad religiosa la semilla de la disolución social. Por ello, su reacción contra personajes como Luigi de Sanctis no era meramente teológica, sino una defensa política de la "India cristiana" contra el "cientificismo ateo" (Cuesta, 2000, p. 346). Para Gual, el culto público era la única herramienta para moralizar a un pueblo que el liberalismo dejaría a merced de sus "pasiones más bajas" (Schumacher, 1897, p. 3).


Sin embargo, esta visión se fundamentaba en una lógica de exclusión radical: la Verdad no puede tolerar el error, y el Estado debe ser el perseguidor de la "mentira" doctrinal. Su pensamiento, por tanto, negaba la posibilidad de una sociedad plural, proponiendo en su lugar una homogeneidad forzada bajo la bota de la ortodoxia.


Hegemonía ultramontana y control social


Al analizar la madurez de su pensamiento, se observa que Gual se convirtió en el pensador reaccionario más influyente del Perú por su capacidad de conectar la dogmática romana con el control social. A diferencia de otros conservadores, Gual produjo una obra vasta que buscaba regular hasta los aspectos más íntimos de la vida civil, como el matrimonio. En su debate con Vigil, latía la discusión sobre si el ser humano era dueño de su propia conciencia (Cuesta, 2002, p. 443).


Mientras Vigil clamaba que "la fe que nace del mandato es hipocresía" (Vigil, 1970), Gual respondía que la libertad fuera de la Iglesia es una "herética e inmoral" seducción que destruye el orden social (Gual, 1875, p. 18). Esta obstinación por el control doctrinal evidencia un miedo profundo a la diversidad de pensamiento y a la incertidumbre propia de los regímenes democráticos.


Una mirada crítica al legado de Gual


La obra de Pedro Gual representa el apogeo de una mentalidad que, so pretexto de defender la "Verdad", cimentó las bases de un autoritarismo doctrinal que obstaculizó la maduración de la ciudadanía en el Perú. Si bien su rigor dialéctico es innegable, su proyecto político era intrínsecamente excluyente y teñido de prejuicios raciales y de clase que afloran en sus ataques al "cholo" o al "chino" que osaban usar la razón.


Gual no solo se opuso al liberalismo, sino a la idea misma de que el ser humano pueda construir su destino sin una tutela eclesiástica asfixiante. Su legado, lejos de ser un modelo de virtud cívica, es el testimonio de una resistencia dogmática que prefirió el orden del calabozo espiritual a la libertad del disenso. Mirar a Gual hoy implica reconocer la persistencia de una raíz autoritaria en el pensamiento peruano que todavía, en ciertos sectores, sigue viendo en la pluralidad una "herejía" que debe ser extirpada.


Referencias bibliográficas


Córdova, H. (2012). Un manuscrito inédito, La relijión natural, de un gran decimonónico, Francisco de Paula González Vigil. Desde el Sur, 4(2), 85-94.

Cuesta, M. R. (2000). La teología apologética de Pedro Gual y Pujadas [Extracto de Tesis Doctoral]. Universidad de Navarra.

Cuesta, M. R. (2002). Las relaciones Estado-Iglesia en el Perú republicano: la polémica Vigil-Gual. Anuario de Historia de la Iglesia, (11), 435-443.

González Vigil, F. (1970). Antología del pensamiento político liberal peruano. En Pensamiento Político Peruano (Tomo III). Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Gual, P. (1852). El equilibrio entre las dos potestades, o sea, los derechos de la Iglesia y del Estado. Imprenta de José Masías.

Gual, P. (1875). La herejía de la libertad. Tipografía de "La Sociedad".

Gutiérrez Sánchez, T. J. (2016). Las ideas filosóficas de Francisco de Paula González Vigil [Tesis de Maestría]. Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Pío IX (1851). Letras Apostólicas contra la obra de Francisco de Paula González Vigil (Breve Multiplices inter). Imprenta de J. M. Masías.

Schumacher, P. (1897). ¿Teocracia o Demonocracia? ¿Cristo o Lucifer?. Imprenta y Librería de San Pedro.


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