Matatías, López Aliaga y la teología sistemática
- Carla Sagastegui Heredia

- 19 dic 2025
- 7 Min. de lectura
I
En el siglo XIX, la creación de un estado moderno puso en debate en el mundo entero si debía separarse o no de sus Iglesias. Algunos no lo hicieron. La religión de Inglaterra es la Anglicana, por ejemplo. En el caso peruano se trataba de separarnos o no de la Iglesia católica.
Los defensores de la unión, conocidos como ultramontanos, sostenían que formaba parte de la identidad de la joven república peruana. Sus detractores prestaban atención a sus vínculos con los principales grupos de poder y al uso y abuso que daban de ellos. Desde finales del siglo XIX hubo temporadas de profundo anticlericalismo (basta recordar el anticatolicismo de Manuel González Prada y las revistas de humor como Fray K-bezón), alternados con momentos de feliz convivencia, como en los tiempos del presidente Augusto B. Leguía.
Pero cuando emergieron los partidos de masas y un sinnúmero de revoluciones en el mundo entero, la Iglesia católica encontró en la encíclica de León XIII Rerum Novarum (1891) una alternativa a la lucha de clases. Desde ese momento, la doctrina social de la Iglesia se comprendió como la encargada de reconocer derechos humanos a los marginados. Buen ejemplo fue el papel que cumplió Víctor Andrés Belaúnde durante la elaboración de la Constitución de 1933, concentrado en la defensa de los derechos y el reconocimiento de la ciudadanía tanto para la población indígena como para la mujer, siempre y cuando, como es tradición, no entrara en conflicto con su intransigente modelo de familia.
El protagonismo de los ultramontanos tuvo su sede en Arequipa. Consiguieron llegar a la presidencia de la República con José Luis Bustamante y Rivero (1945-1948) y posteriormente apoyaron a Fernando Belaúnde (1963-1968).
A lo largo de esos años, la preocupación por la pobreza, la desigualdad social y la violencia hizo que el arzobispo Angelo Roncalli, quien había salvado la vida de judíos en Turquía, al ser ordenado papa como Juan XXIII, estableciese el compromiso de la Iglesia con los perseguidos y los más pobres, una forma de releer cómo Jesucristo lo vivió en su propio cuerpo. El impacto en América Latina del Concilio al que convocó para conseguirlo fue determinante en la década de 1970. Éramos un continente que tenía a la mitad o más de la población viviendo en terrible pobreza, marginación y abandono. Lleno de guerrillas y dictaduras.
En el Perú, en algunas haciendas se había llegado hasta la semiesclavitud. Fue entonces que los jóvenes católicos organizados en la Unión Nacional de Estudiantes Católicos se unieron al Movimiento Sacerdotal de ONIS (Organismo Nacional de Investigación y Acción Social) en manos del padre Gustavo Gutiérrez y se adhirieron a la Teología de la Liberación, que llevó a su versión más extrema a la doctrina social.
II
Otro resultado del Concilio fue el crecimiento de sus opositores, concentrados en lo que sería después la prelatura personal conocida como Opus Dei en España. En el Perú empezaron sus obras con la formación técnica de población rural en Cañete para la agroexportación y luego, con la libertad de poder organizarse en cualquier territorio, continuaron con la Universidad de Piura. Continuando con el apoyo de Juan Pablo II, en medio del doloroso conflicto armado, de la guerra entre el Estado Peruano y Sendero Luminoso, Juan Luis Cipriani del Opus Dei fue nombrado arzobispo de Ayacucho. Familias desesperadas por sus desaparecidos, cuando llegaban a la oficina del Arzobispado encontraban un cartel que decía "Aquí no se reciben reclamos sobre derechos humanos". Convencido de que los desaparecidos eran subversivos, acompañaba al presidente Alberto Fujimori por los viajes en Ayacucho en helicóptero. Poco después pasó a ser Arzobispo de Lima y Cardenal del Perú.
Fujimori no había empezado con el apoyo católico, pues este se había concentrado en el movimiento Libertad, que albergaba los planes de los más grandes grupos económicos del Perú. Al sorprendente rector, lo había apoyado el Evangelicalismo que entró al Congreso que poco después él mismo cerraría. El movimiento evangélico es una corriente religiosa estadounidense considerada una rama del protestantismo, que está presente en el Perú desde los albores del siglo XX, pero cuyo crecimiento desde su arribo al Congreso peruano ha sido exponencial. Hoy la pastora Milagros Jáuregui de Araujo es su mayor productora de legislación contra los derechos de las niñas, niños, adolescentes y mujeres del Perú.
III
No podemos negar que son más los templos evangélicos que las iglesias católicas. Por donde vayamos, los encontramos, algunos incluso sedes de iglesias extranjeras. Actualmente se discute si la quinta o incluso la cuarta parte de nuestra población ya guarda fidelidad a sus creencias, las cuales están sustentadas únicamente por la Biblia.
A diferencia de la Iglesia católica y su larga tradición teológica y filosófica, la doctrina evangélica se sostiene en la libertad de su pastor para tomar citas de la Biblia y sustentar cualquier postura política y social. Fue un sistema creado por el pastor Louis Berkhof en los años 30 y que cada vez tiene más impacto político. Un ejemplo es cuando Dios salvó de la muerte a Donald Trump.
Siguiendo la tradición bíblica, agradecido, el presidente de Estados Unidos apenas llegó cambió la Oficina de la Fe de la Casa Blanca, que antes estaba destinada al apoyo de las obras sociales de las asociaciones religiosas, y la puso a la defensa de los derechos de los cristianos, tal como los reyes bíblicos convertidos. Su titular es Paula White, fundadora de la Teología de la Prosperidad, asesora espiritual y mediática desde su primer gobierno.
Meses después de ser elegido, ocurrió otro atentado sacrificial. En esta ocasión, contra su aliado Charlie Kirk, campeón de debates escolares e involucrado en su campaña electoral. Kirk había desarrollado un discurso que llevaba a la apoteosis la Teología sistémica de Berkhof, postura religiosa que tiene como premisa que la Biblia es un texto que contiene la verdad en todos los sentidos y de todas las cosas que puede abarcar: históricos, proféticos, sociales, éticos, científicos.
Todo aquello que no coincida con las citas ubicadas por el creyente —sin duda elegido— está equivocado. Y como los derechos civiles no se encuentran como tales en la Biblia, se considera que atentan contra el cristianismo, contra sus ideas de pueblos (razas) elegidos y el modelo de familia y mujer.
IV
Hace poco, el Jurado Electoral Especial de Lima Este I ordenó a Rafael López Aliaga, numerario del Opus Dei y egresado de la Universidad de Piura, no invocar temas religiosos durante su campaña electoral, cosa que sí había hecho. Los vínculos del candidato y ex alcalde de Lima con la religión no se reducen a su manifiesta y tortuosa devoción.
Ocurre que, en el año 2020, la Asociación San Juan Bautista, vinculada al Sodalicio (sociedad apostólica ya suprimida por el Vaticano por los casos de violencia sexual y tráfico de tierras), transfirió en fideicomiso 36 inmuebles a Acres Sociedad Titulizadora, empresa fundada por López Aliaga e investigada por lavado de activos en el caso Panama Papers.
Una vez en la Municipalidad, condecoró, entre muchos conservadores, a Juan Luis Cipriani, el primer cardenal de la historia del Opus Dei, a pesar de haber sido exiliado del Perú, prohibido de llevar símbolos cardenalicios y hacer declaraciones públicas por el Papa Francisco I. Al mismo tiempo, contrató a su hermano Javier Cipriani en empresas municipales vinculadas a obras de infraestructura.
Toda esta información se encuentra en las redes, pero al candidato le resulta indiferente. Para él, el negacionismo y el discurso religioso van de la mano en la escena electoral. En una entrevista en el canal Willax TV (cuyo dueño está investigado por lavado de activos), respondió López Aliaga al Jurado Especial: “Voy a seguir hablando de Dios. Yo voy a ser como los Macabeos. Lee el Antiguo Testamento. Está Matatías, gran personaje, y Judas Macabeo. Voy a rebelarme”. Cabe resaltar que Matatías asesinó a un griego por realizar una ofrenda a su propia divinidad, y su hijo Judas fue conocido por diseccionar a sus vencidos. Tal es un buen ejemplo de la Teología sistémica que el catolicismo usa también.
En el Perú, hasta el año pasado, el 64% se identificaba con la fe católica, sobre todo entre personas de más de 40 años, pero la Conferencia Episcopal considera que sólo el 10% mantiene los rituales y creencias de manera intensa, como los numerarios del Opus Dei. A estos aproximadamente 3 millones de votantes, si sumamos la población que se reconoce evangélica (IEP, 2024), podemos considerar que casi la tercera parte de la población electoral toma decisiones ciudadanas desde una perspectiva bíblica. Y que, muy probablemente, la quinta parte sólo haya dedicado su labor lectora a fragmentos seleccionados de la Biblia, a la manera sistemática antes descrita.
Cada vez hay más escuelas evangélicas, muchas de ellas informales. En algunas iglesias que han hecho público su modelo curricular, se puede ver que la historia se enseña desde la Biblia como un conjunto de acontecimientos que muestran la lucha entre Dios y Satanás. Los tiempos históricos, protagonizados por reyes y profetas presentados de forma mítica, son los únicos que se aprenden.
Los jóvenes que votarán en estas elecciones y que sólo leyeron la Biblia sabrán de la historia del Perú a través de relatos de películas que favorecen versiones negacionistas, de patrióticos videos de TikTok y de las efemérides que sus profesores hayan decidido celebrar. Hay universidades licenciadas que enseñan creacionismo. Hace poco, Sunedu quitó la licencia a la Universidad Seminario Evangélico de Lima porque no cumplía ni con el más mínimo estándar de calidad educativa. Ofrecía carreras como Psicología y Educación Primaria sin docentes siquiera titulados.
Aunque actualmente no da clases, a través de su Oficina de Extensión y Proyección Social continúan ofreciendo cursos sobre la Biblia, demonología, la familia y demás aspectos relacionados con su fe. Sus docentes y egresados probablemente fueron los primeros en comprender el mensaje de López Aliaga. Dios los cría, y el resultado es el storytelling bíblico de la derecha y sus saberes políticos contemporáneos.













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