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López Aliaga y EMMSA permitieron que limeños consuman cebolla contaminada con orines



Denuncias de insalubridad, desorden y presuntas irregularidades en mercados mayoristas bajo gestión municipal de Lima.


Durante años presentado como el emblema de la modernización del comercio mayorista en Lima, el sistema de mercados administrados o supervisados por la Empresa Municipal de Mercados S.A. (EMMSA), por encargo de la Municipalidad Metropolitana de Lima atraviesa hoy una crisis profunda. Denuncias reiteradas de comerciantes, trabajadores y usuarios apuntan a un deterioro acelerado de las condiciones sanitarias, al desorden interno y a presuntas prácticas irregulares que afectan directamente la salud pública y la transparencia de la gestión.


El Gran Mercado Mayorista de Santa Anita, administrado por la Empresa Municipal de Mercados S.A. (EMMSA), concentra el núcleo de estas acusaciones. Un recinto concebido para superar el caos de La Parada habría terminado reproduciendo —y en algunos casos normalizando— las mismas prácticas que se prometió erradicar: ocupación informal de espacios, pérdida de control administrativo y una alarmante degradación sanitaria.


Cebollas sobre el suelo, orines y riesgo directo para la salud


La denuncia más grave tiene que ver con el manejo de alimentos. Según testimonios recogidos en el propio mercado, productos como cebollas y hortalizas son clasificados y almacenados directamente sobre el piso, sin tarimas ni protección alguna. Lo crítico es el entorno: durante la madrugada, esas mismas áreas son utilizadas de manera reiterada como urinarios improvisados por estibadores, carretilleros y comerciantes, pese a que existen servicios higiénicos operativos dentro del recinto.


El resultado es grave: alimentos que luego llegan a miles de hogares limeños habrían estado en contacto directo con orines, polvo, suciedad y residuos orgánicos. No se trata de un hecho aislado ni excepcional, sino de una práctica descrita como cotidiana, visible y tolerada por la ausencia de fiscalización efectiva, dispuesta por la nueva Gerente de Orden y Control, para no afectar la candidatura del exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga.


La gravedad aumenta si se considera que estos productos se consumen mayoritariamente crudos, en ensaladas, ceviches y salsas. No hay cocción que elimine bacterias, parásitos o patógenos potenciales. La cadena de riesgo sanitario comienza en el suelo del mercado y termina en la mesa de los consumidores.


El riesgo no es hipotético ni menor. Muchas de estas hortalizas se consumen crudas o con una limpieza superficial, retirando apenas la capa externa antes de llevarlas a la mesa. Dado que se ha constatado que en esas mismas zonas del mercado las personas orinan de manera recurrente, los alimentos almacenados sobre el suelo quedan expuestos de forma directa a orina humana, proveniente de personas con infecciones o enfermedades. Lo que aparece como una falla administrativa se convierte así en un problema concreto de salud pública que no termina en el mercado, sino que llega sin controles a los consumidores.


Especialistas en salud pública coinciden en que estas prácticas vulneran de manera frontal los principios más elementales de inocuidad alimentaria. Sin embargo, hasta ahora no se conocen operativos sanitarios permanentes, sanciones ejemplares ni informes públicos que expliquen por qué esta situación persiste.




Santa Anita como nueva La Parada


El deterioro no es solo sanitario. El desorden interno recuerda cada vez más a la antigua “La Parada”. Áreas destinadas al tránsito y al estacionamiento habrían sido ocupadas y parceladas informalmente. Espacios comunes se alquilan de facto, se bloquean rutas internas y se restringe el desplazamiento de personas y vehículos, afectando la seguridad y la operatividad del mercado.


Según los denunciantes, este escenario no podría sostenerse sin la pasividad —o complicidad— de fiscalizadores de EMMSA que, lejos de imponer el orden, habrían optado por mirar hacia otro lado tras presuntos pagos irregulares. No existen reportes claros sobre cuántas intervenciones se han realizado ni cuántos procedimientos sancionadores están abiertos.


“Tierra Prometida”: poder sin elección y millones sin rendición


El mercado conocido como Tierra Prometida, surgido tras el traslado desde La Parada, concentra otro foco crítico. Una denominada “Comisión Ejecutiva” habría asumido la representación de más de 2,700 comerciantes sin haber sido elegida mediante un proceso universal, transparente y verificable. Pese a ello, concentra decisiones administrativas clave y ejerce control sobre recursos y espacios.


Las denuncias señalan que esta instancia habría recaudado alrededor de 12 millones de soles por diversos conceptos, sin una rendición de cuentas clara. Se suma el incumplimiento del contrato de arrendamiento con EMMSA, la ausencia de contratos individuales, la falta de un reglamento interno y la presunta reventa de puestos a terceros no empadronados.

Se trata de hechos que podrían configurar graves irregularidades administrativas y eventualmente ilícitos penales. Las denuncias ya han sido puestas en conocimiento de las autoridades competentes y se encuentran bajo evaluación.


Adicionalmente, no se ejecuta el Laudo Arbitral ganado por EMMSA en julio 2025, que dispone la resolución de contrato y la devolución del terreno al ámbito municipal, pero con la complicidad de los Gerentes de EMMSA, actualmente los dirigentes de la “Comisión Ejecutiva”, están exigiendo a los comerciantes pagos entre 5 mil y 20 mil, supuestamente para construir el mercado provisional. Surgen así interrogantes sobre la viabilidad del proyecto anunciado y sobre si EMMSA estaría permitiendo un nuevo perjuicio económico a los comerciantes



Gestión errática y abandono institucional


El panorama se completa con una constante rotación de funcionarios municipales encargados de la gestión de mercados, lo que evidencia la ausencia de una política sostenida, de equipos técnicos estables y de una estrategia clara. A ello se suma la permanencia de funcionarios cuestionados en EsSalud, situación que debilita cualquier intento de reforma real. En este contexto, recientemente renunciaron el Gerente de Mercados y el Subgerente de Inocuidad y Medio Ambiente, luego de la difusión de videos en redes sociales en los que se observa la presencia de roedores sobre los productos y escenas de consumo de alcohol dentro de un pabellón del mercado. Sin embargo, las responsabilidades no parecen alcanzar a los niveles superiores de la administración: la Gerente General de EMMSA, Bertilda Ramírez Ramírez, continúa en el cargo, señalada como cercana al entorno político de Roxana Rocha, candidata al Congreso por Renovación Popular.


Las consecuencias son visibles: caída de visitantes, inseguridad, robos recurrentes y una creciente desconfianza ciudadana. Mercados que debían garantizar abastecimiento seguro y ordenado hoy generan temor y rechazo.


Las demandas son concretas: intervención directa de la Municipalidad de Lima, fiscalización sanitaria permanente, revisión integral de contratos, transparencia en la gestión de EMMSA y restitución de mecanismos democráticos de representación de los comerciantes. También se exige que se expliquen públicamente las razones por las cuales, pese a causales evidentes, no se han aplicado medidas correctivas severas.


Mientras tanto, miles de limeños continúan consumiendo alimentos cuya cadena de higiene comienza —según las denuncias documentadas— en pisos utilizados de manera reiterada como urinarios. Lo que pudo tratarse como un problema de gestión interna se ha convertido en un asunto de salud pública que compromete a la Municipalidad de Lima y a la responsabilidad política de la gestión de Rafael López Aliaga, bajo cuyo mandato se nombraron a los actuales funcionarios y se definió el modelo de control de EMMSA, hoy continuado por autoridades de su mismo partido. Las preguntas sobre fiscalización, control y capacidad de gobierno siguen abiertas y exigen una respuesta inmediata.

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