La hora de la verdad
- Alonso Núñez del Prado Simons

- 27 jun
- 3 min de lectura

Como reiteradamente he manifestado en público, yo voté viciado en la segunda vuelta, porque no era partidario de escoger el mal menor como algunos pretendían que hiciera. Hay personas que creen ser dueñas de la verdad (fundamentalistas) y quieren imponer su manera de pensar a los demás. Me he negado a escoger y tengo que aceptar la decisión de la mayoría. Ya tuve que hacerlo con el resultado de la primera vuelta.
De manera sorprendente, por lo menos para mí, el fujimorismo está regreso. La clase dirigente, el empresariado y todos sus ayayeros, ha conseguido que gane la elección. Por un margen muy estrecho, pero eso no cuenta, aunque sí debería importar a la hora de gobernar. Es necesario que Keiko Fujimori gobierne para todos y no solo para los que votaron por ella, sobre todo si es consciente de lo exigua que fue su votación en primera vuelta.
El proceso electoral ya quedó en el pasado. Nos toca enfrentar la realidad de una candidata electa y quiero creer que hará un buen trabajo, que estuve equivocado y será capaz de hacer un gobierno para todos, beneficiando en especial a los más necesitados.
Ganar una elección es solo el primer paso. Gobernar y hacerlo bien es mucho más difícil. Me imagino que la señora Fujimori lo sabe y le deseo la mejor de las suertes. Espero que sepa rodearse y no caiga en las tentaciones en casi siempre caen los que acceden al poder. Hay que tener presente que el poder corrompe y esa es una regla que casi no tiene excepciones. Son muy pocos los capaces de sobreponerse a esa capacidad corruptora.
Aunque es importante que incorpore algunas adecuaciones para lograr gobernabilidad, en mi opinión, tiene que poner énfasis en cumplir su plan de gobierno (validado por el resultado electoral) y no permitir que sus ministros y los poderes de facto le impongan una agenda diferente. Con seguridad intentarán hacerlo. Siempre lo han hecho. Si trabaja a partir de su plan tendrá objetivos claros y no tendrá que estar reaccionando a la coyuntura, cosa que por otro lado es inevitable.
Es indispensable recordar que más importante es la institucionalidad que el crecimiento económico. La institucionalidad trae consigo el crecimiento económico, pero no al revés. En consecuencia, debería tratar de reconstruir la institucionalidad que su padre desmontó.
Por otro lado, debe evitar cometer excesos. Estos suelen ser la razón de que al final de su período los gobernantes traten de quedarse (directa o indirectamente) para evitar sanciones.
Dentro de los muchos problemas que tendrá que enfrentar está el de un sistema de sobrepeso del Congreso que ella misma ha creado cuando lo controlaba. Ojalá que no opte por la solución montesinista de su padre de comprar congresistas y aprenda a gobernar en democracia. Es decir, dialogando y haciendo concesiones a los otros sectores. No le va a ser fácil, pero no es imposible. Esperemos que busque las asesorías adecuadas.
En la construcción de su partido, Keiko Fujimori ha preferido a los fieles sobre los capaces. No le gustan los que piensan por sí mismos. Fuerza Popular es casi una monarquía. El ideal sería que convoque a profesionales jóvenes. A los más preparados y les dé cierto grado de libertad. Así podrían desarrollar sus programas, previamente conversados, y, por supuesto, dentro los límites de su plan de gobierno.
Como ha pasado a través de la historia del Perú, los grupos de poder que la han apoyado durante el proceso electoral tratarán de cobrar la factura. Tendría que hacerles entender que, a todos los peruanos, especialmente a ellos, nos interesa un país viable y predecible en el que cada cinco años no estemos asustados frente a las alternativas a elegir.
Mi posición de esperar lo mejor a pesar de los antecedentes, no puede hacerme ciego frente a los riesgos que sin duda tenemos al frente. Es posible que en su afán controlar la criminalidad cometa excesos. Cosa que también puede ocurrir frente a la protesta ciudadana. Las leyes que se están aprobando al final del período parlamentario hacen pensar que el riesgo represivo existe. Y el problema es que puede resultar entrando en una espiral de la que después no encuentre manera de salir. Lamentablemente, los derechos humanos no parecen tener importancia para ella. Sin embargo, siempre es posible que algunos buenos asesores la aconsejen como corresponde.










Comentarios