José Jerí, una cerilla y un bidón de gasolina
- Vania Portugal Larco
- 11 oct
- 4 Min. de lectura
Segundo tiempo de la saga peruana contra el oprobio del pacto congresal

Amanecimos sin presidenta, pero sin euforia, pálidos, pero serenos los ciudadanos acostumbrados, por qué no decirlo, a los discursos desconectados y por eso mismo hirientes y anodinos de Dina Boluarte, vestida ya no del amarillo inkacola exultante del infausto día en que asumiera la banda presidencial, sino esta vez de blanco, como una novia sin altar, a la que le apagaron el micrófono por segunda vez, después de su participación en el hemiciclo de la ONU, mientras se despedía enunciando logros falaces.
Antes tuvimos que soportar una vez más, un proceso de vacancia exprés, no sin el profundo asco del desfile de oradores que no saben hablar, pero que se atribuyen a sí mismos importancia histórica y verbo flamígero, explicando la “incapacidad moral” de la presidenta que les sirvió en bandeja la abolición de la Ley contra el crimen organizado, la amnistía a los “héroes” asesinos de civiles en las protestas del estallido peruano de 2022 y 2023; la cómplice de la comida envenenada a los niños del programa social Qali Warma, la misma que pedía a cambio prebendas como desaparecer inhabilitando sus funciones para operarse la cara, relojes rolex, joyas Cartier a cambio de licitaciones millonarias a los nuevos señores feudales de las regiones.
Nos dejó una Constitución parchada como un Frankenstein, sin independencia de poderes, sin Defensoría del Pueblo, con un PJ plagado de luchas intestinas, tras negociado de expedientes judiciales para los trolls de la derecha, representados en bancadas como Avanza país, Renovación Popular (ex Solidaridad Nacional) y Fuerza popular, el partido de Fujimori, además de una policía que solo aparece reunida para reprimir adolescentes en marchas o proteger a un candidato del mismo pacto, que fue recibido en Puno con piedras y huevos, después de haber pedido “bala” para esos “terrucos”, bala que no tardó en enlutar a cincuenta familias.
Esta vez los amos le bajaron a Dina el dedo neroniano con la prisa que solo se exhibe en plena campaña electoral, en un clima de escalada de muertos por sicariato, que se cobra la vida de choferes de transporte público y ahora también de los músicos de una banda de Cumbia llamada Agua Marina, que se presentaron la noche anterior en el círculo militar y que mientras tocaban alrededor de la una de la madrugada, recibieron una ráfaga de metralleta que dejó a cuatro heridos graves, por la misma causa que los transportistas: la extorsión de bandas criminales.
La prisa de la vacancia, de cara a las elecciones generales del próximo año, se convirtió en un despliegue de pantomimas que ya no burlan a nadie, puesto que dicho Congreso cuenta con la misma aprobación nula que la presidenta que antes defendieron con ahínco y completo desenfado, la única consigna es la que aparece en el Gatopardo: cambiarlo todo para que nada cambie. Solo que nadie les cree, que nadie nunca les creyó, pero que ahora el truco no les funciona, el conejo que sacan de una chistera para suplantar a Dina es un agresor sexual, denunciado por violación y por enriquecimiento ilícito que data de su entrada en el Congreso del hampa, usando el incontestable epíteto de César Hildebrandt.
El discurso de José Jerí, ofrece vagamente disculpas al pueblo, y apela a la memoria de Miguel Grau por la efeméride del Combate de Angamos un día antes, y nada tan patético como escuchar su nombre en boca de un inescrupuloso oportunista, que salió de la nada y sin respaldo electoral, denunciado por violación, desobediente del fallo de un juez que le indicaba tratamiento psicológico para contener sus impulsos sexuales, pero que además recibió coimas exorbitantes con las cuales compró casas, carro y departamento en la playa al contado, desde que llegó al Congreso como accesitario de Vizcarra. Luego de su discurso, se abrazó con sus patrocinadores, los patrones de Dina Boluarte a quienes servirá como un lacayo, intentando “hacer la suya” de todas maneras, listo para aprovechar la cresta de su ola.
Se equivoca este psicópata con maneras de bonobo, si piensa que se librará del oprobio de las mujeres, pues nada nos agrede tanto como esta transición siniestra a más de lo mismo, en un país francamente herido y sin soluciones viables a la violencia en la cual estos parlamentarios empoderados nos han sumido de manera irremediable, mientras continúen ellos usurpando el poder sin respaldo popular. ¿Deberíamos alegrarnos? yo pienso que no hay alegría sincera en ningún lugar donde se sepa que es por este pacto de impunidad, que la muerte aún nos respira en la nuca.
Una corriente de rabia transformadora, como un río subterráneo, merece encontrar nuevos causes políticos y articulados, para llevar a cabo las reformas que necesitamos los peruanos y peruanas para vivir en paz, para frenar el avance de las mafias criminales y de estados dentro del Estado, para volver a tener leyes imparciales y justicia distributiva. No se trata de quemar el Congreso, sino la carpintería de la parchada constitución para volver a abrir las puertas del futuro.








