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El megoperativo contra el Comando Vermelho: De la "guerra" a la masacre en Río de Janeiro


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Lo que parecía ser un megaoperativo dirigido contra el cartel de las drogas Comando Vermelho, ejecutado el último martes 28 de octubre, en dos favelas de Río de Janeiro, Brasil, en la que - según el Gobernador de esa ciudad - se aplicó "tecnología" e "inteligencia" y el despliegue de 2,500 efectivos de la Policía Civil y Militar, se ha trocado en una masacre dantesca: de 64 muertos registrados el 28 de octubre ha pasado, según la Defensoría Pública de esa ciudad, a 132 al día siguiente. Es posible que la cifra sea mayor.


Por el número de víctimas letales aún preliminar, todo indica que no hubo inteligencia (la cual apunta a las cabezas y jefes de una organización criminal), pero si la tecnologia para provocar una de las masacres más horrendas en Brasil, en nombre del combate contra uno de los carteles de las drogas más importantes y sanguinarios de este país. Nadie va a creer que, exceptuando los cuatro policías muertos en la operación, más de 127 muertos sean jefes o soldados del Comando Vermelho, que controla la droga peruana que sale por Madre de Dios y Ucayali.


En ese sentido, es absolutamente injustificable un megaoperativo que provocó una masacre en la que, sin duda alguna, la mayoría no eran miembros del Comando Vermelho en nombre del combate al crimen organizado, cuyos cuerpos fueron colocados en las calles por los residentes de las favelas de Alemao y Penha, los blancos del megaoperativo diseñado y dirigido por el gobernador de Río de Janeiro sin el apoyo del gobierno federal. Es decir, del presidente Lula.


¿Asesinar de manera indiscriminada a residentes de dos favelas de Río de Janeiro como si todos fueran miembros del Comando Vermelho es una nueva estrategia de lucha contra el crimen organizado? Por supuesto que no. Es creer, como lo viene haciendo la administración Donald Trump en el Caribe, que explotando con bombas pequeñas embarcaciones supuestamente con drogas y sus ocupantes es combatir al crimen organizado del narcotráfico.


Esa no es una estrategia para controlar, pues no es posible acabar y/o derrotar una industria criminal que obedece a la oferta y demanda como la cocaína y otras drogas. En el caso específico de Brasil, nos referimos a la pasta, cocaína, marihuana y otras sustancias psicoactivas. Combatir una economía criminal requiere, en primer lugar, inteligencia financiera, es decir, golpear donde más les duele: los narco-dólares, sus bienes y empresas y, en segundo lugar, desarticulando los carteles y organizaciones internacionales.


Visto de esta manera, en Brasil hay dos estrategias en abierta pugna: la primera, la del gobernador de Río de Janeiro, que consiste en la represión y el asesinato masivo y, la segunda, la del gobierno federal, apuntando a los eslabones altos de la cadena de exportación y distribución (el Comando Vermelho) y la cadena empresarial, a través de la fiscalización financiera del lavado de activos y la incautación de grandes alijos de cocaína. Son, pues, dos estrategias que no tienen punto de encuentro, ni complementación.


Lo cierto es que ambas estrategias, hasta el momento, no dan resultados. El megaoperativo diseñado y ordenado por el gobernador de Río de Janeiro, Cláudio Castro, se inscribe en la línea de la ultraderecha brasileña que encarna el reo Jair Bolsonaro alineado a las orientaciones de Trump. Es una estrategia represiva y sanguinaria a la cual, en verdad, no le interesa el control efectivo del narcotráfico.


La masacre de 132 residentes de las favelas, al igual que las anteriores, no significa necesariamente un golpe decisivo al Comando Vermelho. Eso sí, es un durísimo golpe a los residentes pobres y sin presencia estatal de las favelas que hoy lloran a sus víctimas. Igualmente, la estrategia de Lula, de controlar el ingreso de las drogas por la frontera o vía aérea de Bolivia, Paraguay y Peru, no está dando resultados.

 

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