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Por qué el Consejo Noruego de la Paz dijo no a Corina Machado




La decisión del Consejo Noruego de la Paz de no realizar la tradicional procesión con antorchas en Oslo, en el día del Premio Nobel de la Paz, marcó un momento inédito en la historia reciente de este galardón. La cancelación de esta marcha —un símbolo de celebración y solidaridad pacifista— no fue un gesto menor ni diplomático: fue una manifestación explícita de rechazo a la elección de la venezolana María Corina Machado como laureada 2025.


Este rechazo dentro de Noruega —país anfitrión y cuna del premio— revela que la controversia no es solo externa ni política, sino que atraviesa incluso al movimiento pacifista que históricamente ha sostenido las ceremonias y eventos alrededor del Nobel.


El rechazo del movimiento pacifista noruego


El Consejo Noruego de la Paz, que agrupa aproximadamente a 17 organizaciones pacifistas y unos 15 000 activistas, anunció que no celebrará este año la marcha con antorchas hacia el lugar donde se encuentra el galardonado, rompiendo con una tradición de décadas. La razón oficial fue clara: sus miembros sienten que Machado no está en consonancia con los valores fundamentales de paz, diálogo y resolución no violenta de conflictos que ellos promueven.


En su declaración, la entidad señaló que las acciones y la trayectoria política de Machado no reflejan los principios que el premio busca encarnar, especialmente en lo relativo a la no violencia y el fomento de consensos amplios. Esta discordancia con la visión del movimiento pacifista noruego subraya que el rechazo no es anecdótico, sino profundo.


Más allá de la cancelación de la marcha oficial, ciertos colectivos y sectores sociales en Oslo también organizaron protestas públicas contra la entrega del premio, expresando su descontento con la elección de Machado. Estas movilizaciones reflejan un universo social que percibe que otorgar el Nobel de la Paz a una figura de fuerte carácter político —y con vínculos discutidos con actores extranjeros— no encaja con la imagen de pacifismo neutral que se espera de un laureado.


Este rechazo ciudadano no es menor: entre los manifestantes hay grupos que consideran que el premio se ha politizado en favor de posiciones geopolíticas alineadas con potencias occidentales más que con una agenda pacífica universal.


Críticas sustantivas a Machado como figura de paz


El rechazo en Oslo se basa en argumentos que no son meramente formales sino sustantivos y políticos:


Perfil de liderazgo polarizador. Muchos críticos sostienen que Machado no representa una figura de unidad desde una perspectiva pacifista amplia, sino una líder fortemente identificada con la confrontación política y la oposición frontal al régimen de Nicolás Maduro. En contextos tan polarizados, su liderazgo puede profundizar tensiones más que articular soluciones pacíficas que integren a distintos sectores sociales.


Posiciones sobre el uso de “fuerza”. En declaraciones recientes, Machado defendió la necesidad de “fuerza” para liberar a Venezuela de la represión, argumentando que lo contrario implicaría “la paz de los muertos” y respaldando la presión internacional a gobernantes extranjeros. Este tipo de declaraciones alimenta críticas de que su discurso puede justificar tensiones geopolíticas más que promover diálogos no violentos.


Alineamientos estratégicos con actores internacionales. La aceptación de apoyo externo —incluidos sectores políticos alineados con Estados Unidos— lleva a algunos críticos a señalar que su lucha puede estar entrelazada con agendas de intervencionismo, algo que en círculos pacifistas se considera incompatible con la neutralidad y el enfoque de resolución pacífica de conflictos.


Tradición e intención del premio. Para muchos analistas y activistas del movimiento pacifista, el Nobel de la Paz debería premiar a figuras que promuevan diálogo, desarme, reconciliación o métodos no violentos de transformación social. Los críticos sostienen que en contextos de alta polarización, un liderazgo opositor combativo no necesariamente encarna esos criterios de manera inequívoca, incluso si lucha contra un régimen autoritario.


La cancelación de la marcha en Oslo y las protestas contra la entrega del premio a Machado no son episodios marginales: ponen en evidencia una fractura simbólica en torno a qué significa realmente ser un “constructor de paz” en el mundo contemporáneo. La polémica en Noruega sugiere que el galardón, concebido para celebrar iniciativas amplias de reconciliación, se está usando en un contexto donde la política partidaria y los alineamientos geopolíticos pesan tanto como los valores pacifistas tradicionales.


Este debate no solo cuestiona la idoneidad de Machado como merecedora del Nobel de la Paz, sino que también invita a una reflexión más profunda sobre la institucionalización de este premio en un mundo donde las fronteras entre lucha democrática, confrontación política e intereses internacionales son cada vez más difusas.

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