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La nueva Alemania bélica, el mayor rearme desde Hitler



Ochenta años después de la derrota del nazismo, el gobierno de Friedrich Merz impulsa el programa militar más ambicioso de la historia de la República Federal, desmontando muchos de los límites políticos y presupuestarios establecidos tras la posguerra. Lo pagan trabajadores, pensionistas y estudiantes; lo capitalizan gigantes armamentísticos y financieros como Rheinmetall y BlackRock.


La clase dominante alemana avanza así en un proceso de rearme masivo sustentado en nuevos presupuestos, reformas legales y una transformación acelerada de la política militar del país, en medio de un clima internacional marcado por la guerra y la confrontación entre potencias.


Esta realidad queda reflejada en los presupuestos, leyes y estrategias militares del gobierno de Friedrich Merz. Lo que comenzó con un fondo especial de 100.000 millones de euros para la Bundeswehr terminó convirtiéndose en una transformación estructural de la política militar alemana.


Para entender la magnitud del giro, conviene recordar el punto de partida. Aprovechando la caída de la URSS y el llamado "dividendo de la paz", el ejército alemán vivió una transformación drástica: el servicio militar obligatorio se suspendió en 2011, el personal militar se redujo de 370.000 efectivos a mediados de los noventa a casi 178.000 en 2014, y el gasto en defensa cayó del 2,5% a menos del 1,5% del PIB. Durante décadas, Alemania construyó su identidad de posguerra precisamente sobre ese rechazo al militarismo.


Ese modelo acaba de ser dinamitado. Con una velocidad que habría parecido impensable hace apenas cinco años, Berlín ha enterrado el pacifismo constitutivo de la República Federal y ha abrazado la lógica de la potencia militar. La Unión Europea, el Reino Unido y otros miembros europeos de la OTAN han emprendido una militarización masiva cuya velocidad y ambición no tienen precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, y Alemania encabeza esa carrera.


Los números del rearme


El gasto en defensa alcanzará los 108.200 millones de euros en 2026, el presupuesto militar más alto en la historia de la República Federal, compuesto por 82.690 millones del presupuesto ordinario de defensa y 25.510 millones adicionales procedentes del fondo especial de la Bundeswehr.  Y eso es solo el inicio de una escalada planificada con precisión. Para 2029, el presupuesto de defensa ascenderá a más de 150.000 millones de euros. Si se añaden los gastos de guerra "relacionados con las infraestructuras" de los ministerios de Transporte, Investigación y Economía, alrededor del 5% del producto interior bruto de Alemania se destinará a fines militares, unos 215.000 millones de euros al año.


En 2030 se prevé que el presupuesto militar supere los 218.000 millones incluyendo todos los fondos extrapresupuestarios. El presupuesto total del Estado para 2026 asciende a 524.000 millones de euros, con un endeudamiento de 180.000 millones solo superado por los niveles pandémicos.


La financiación de todo esto requirió una maniobra constitucional de primera magnitud: el gobierno ha eximido permanentemente el rearme del tope de endeudamiento consagrado en la Constitución, liberando créditos de guerra por un total de un billón de euros. Tras la expiración del fondo especial de 100.000 millones aprobado en 2022, el Gobierno puso a disposición otro billón de euros creando un fondo especial de 500.000 millones para infraestructuras, lo que supone una reestructuración militar sin precedentes de la sociedad en su conjunto.


Según documentos internos, las inversiones previstas por el ejército alemán en los sectores terrestre, aéreo, marítimo, espacial y cibernético ascienden a un total de 377.000 millones de euros, e incluyen, además de nuevos tanques, sistemas de artillería y aviones de combate, enjambres de drones, satélites espaciales y misiles de largo alcance.


Solo la compra de 20 cazas Eurofighter costará entre 4.000 y 5.000 millones de euros. Los 3.000 blindados Boxer de KNDS y Rheinmetall supondrán otros 10.000 millones, mientras que los 3.500 vehículos Patria finlandeses sumarán 7.000 millones más. El Ministerio de Defensa planea también la adquisición de más sistemas antiaéreos IRIS-T y cientos de unidades del sistema antidrones SkyRanger. 


Pero la adquisición más inquietante desde el punto de vista geopolítico es otra. La Bundeswehr planea adquirir 400 misiles de crucero Tomahawk con un alcance de más de 2.000 kilómetros. Estos misiles pueden alcanzar el corazón del territorio ruso: la distancia entre Berlín y Moscú es de apenas 1.600 kilómetros. Alemania se prepara así para operaciones ofensivas que formarían parte de una devastadora tercera guerra mundial. 


La nueva doctrina militar alemana lo confirma en papel. El documento estratégico lo formula sin rodeos: para maximizar de inmediato la capacidad de defensa, se dejan atrás las tareas y estructuras de un ejército en tiempos de paz." El ministro de Defensa Pistorius y el inspector general Breuer presentaron el 22 de abril de 2026 la "Concepción global de la defensa militar", 71 años después de la refundación de las Fuerzas Armadas alemanas tras la posguerra.


La militarización de la sociedad


El rearme alemán no se limita al presupuesto o a la industria militar: también avanza sobre la vida cotidiana. En los últimos años, una creciente militarización se ha extendido a escuelas, universidades y espacios públicos. La Bundeswehr ha incrementado de forma notable sus campañas de reclutamiento y su presencia en centros educativos, mientras la propaganda militar aparece cada vez más normalizada en la publicidad y el transporte público.


Los datos muestran este avance. Las visitas de la Bundeswehr a escuelas y universidades se han más que duplicado desde 2020, según cifras del propio Ministerio de Defensa alemán. Organizaciones pacifistas y sectores de izquierda denuncian que esta expansión busca normalizar la lógica militar entre los jóvenes y han impulsado campañas para declarar algunos centros educativos como “escuelas sin Bundeswehr”.


También ha crecido la polémica por el reclutamiento de menores de edad. Alemania permite el ingreso voluntario de jóvenes de 17 años a las fuerzas armadas, una práctica cuestionada por organizaciones como Terre des Hommes y otros grupos de derechos humanos, que consideran incompatible esta política con el espíritu de la Convención sobre los Derechos del Niño.


Al mismo tiempo, las universidades son empujadas cada vez más hacia proyectos vinculados a defensa y seguridad, mientras las protestas estudiantiles contra la guerra han enfrentado una fuerte represión policial en distintos campus europeos, incluida Alemania.


La propia dirigencia política alemana expresa abiertamente este cambio de clima. El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, declaró al diario Handelsblatt que las escuelas deberían preparar a los estudiantes para escenarios de crisis y guerra, proponiendo incorporar módulos especiales de “preparación ante crisis” dentro de la jornada escolar.


El retorno del servicio militar


Después de 55 años de suspensión, el reclutamiento regresa. A partir de 2026, todos los varones mayores de 18 años están sujetos al registro obligatorio y al examen médico, y tan pronto como el número de "voluntarios" sea insuficiente, también se enfrentarán al llamado obligatorio al ejército.


El objetivo numérico es claro: el plan alemán contempla pasar de los actuales 185.000 soldados en activo a cifras que, sumando fuerzas activas y reservistas, podrían acercarse o superar los 460.000 efectivos en las próximas décadas, con un énfasis especial en reforzar las reservas como elemento central de la defensa nacional. 


Sin embargo, la propaganda no ha logrado convencer a los jóvenes. A pesar de años de incesante propaganda bélica en escuelas y universidades, las encuestas de opinión muestran que solo alrededor del 16% de los jóvenes estaría dispuesto a tomar las armas por Alemania en caso de guerra. Por eso se reintroduce el servicio militar obligatorio: los jóvenes deben ser sometidos a disciplina militar para romper esta oposición.


La factura social


Mientras el Estado se endeuda sin límite para comprar misiles, impone austeridad draconiana en los servicios públicos. La regla es sencilla y brutal: el programa de militarización masiva se financia con recortes drásticos a la educación, la salud, las pensiones y las prestaciones por desempleo. Literalmente: se está sacando dinero de los bolsillos de los trabajadores para dárselo a fabricantes de armas como Rheinmetall. Como decían los predecesores de Merz, este programa es "cañones en lugar de mantequilla".


Las cifras son demoledoras: Merz y sus socios del SPD han acordado un drástico plan de recorte estructural que podría reducir hasta 40.000 millones de euros en el sistema de salud pública hasta el año 2030, equivalente a más del 40% del PIB de Luxemburgo. El gran pacto de austeridad, bautizado por el Ejecutivo como el "Otoño de las Reformas", establece una transferencia directa de recursos desde la protección social hacia el fortalecimiento de la Bundeswehr.


Las medidas concretas son una lista de agravios acumulados sobre la clase trabajadora: fin de la gratuidad sanitaria para cónyuges no cotizantes, que deberán aportar al menos el 2,5% de los ingresos del titular asegurado. Las pensiones dejan de garantizar el nivel de vida previo a la jubilación y pasan a ser una mera "cobertura básica para la vejez", en el cambio más significativo desde la Agenda 2010 de Schröder.


Los sindicatos han respondido con dureza. El bloque sindical formado por el DGB, IG Metall y Ver.di ha denunciado que los trabajadores ya están pagando la factura del rearme con la pérdida abrupta de derechos sociales y la posible reducción del subsidio por enfermedad. Para estas organizaciones, el Gobierno utiliza la "amenaza rusa" como coartada para ejecutar un recorte social sin precedentes que degrada la calidad de la asistencia sanitaria en un momento de debilidad económica crítica, con un crecimiento del PIB estancado en el 0,5%.


Los ganadores: Rheinmetall, BlackRock y el complejo militar-industrial


Hay quienes no sufren los recortes sociales, sino que se benefician directamente del rearme. Las acciones de Rheinmetall, principal empresa armamentística alemana, pasaron de unos 850 dólares en marzo de 2025 a 1.460 en abril de 2026, un aumento cercano al 70%. El crecimiento también alcanza a Krauss-Maffei Wegmann, fabricante de los tanques Leopard; Hensoldt AG, especializada en radares y sensores; y ThyssenKrupp Marine Systems, dedicada a la construcción naval militar. Rheinmetall elevó sus ingresos un 36% en 2024 hasta los 9.750 millones de euros, obtuvo beneficios récord de 1.480 millones y acumuló pedidos por 55.000 millones. Para 2026 se proyectan ingresos cercanos a los 14.000 millones de euros.


La expansión es de tal magnitud que incluso medios financieros empiezan a cuestionarla. Rheinmetall planea multiplicar sus ingresos hasta alcanzar 50.000 millones de euros al final de la década, con beneficios anuales que podrían rondar los 10.000 millones. Al mismo tiempo, la empresa prevé producir 1,5 millones de proyectiles de artillería al año para 2027, superando la capacidad combinada de gran parte de la industria estadounidense. Según diversos análisis, Rheinmetall es además la principal beneficiaria del plan alemán de rearme de 377.000 millones de euros.


Detrás de esta economía de guerra aparecen también grandes actores financieros. BlackRock posee participaciones en las principales compañías armamentísticas occidentales, entre ellas Rheinmetall, Airbus, Lockheed Martin, Raytheon y Northrop Grumman.


La firma, donde Friedrich Merz trabajó antes de regresar a la política, figura ahora entre las beneficiarias indirectas del rearme impulsado por su gobierno. Mientras tanto, grandes empresas alemanas como BMW, Mercedes, Volkswagen y BASF continúan trasladando inversiones hacia Estados Unidos atraídas por incentivos fiscales y menores costos energéticos. El contraste expone una paradoja evidente: el capital alemán se muestra plenamente comprometido con el negocio militar, pero mucho menos con la preservación del empleo y la industria dentro del propio país.


La respuesta social al rearme alemán no se hizo esperar. El 8 de mayo de 2026, aniversario de la derrota del nazismo, unos 45.000 estudiantes se movilizaron en más de 150 ciudades contra la guerra y el militarismo, en una protesta cargada de simbolismo histórico. A las marchas también se sumaron trabajadores de hospitales públicos en huelga, vinculando las demandas sociales con el rechazo al gasto militar.


Las protestas ya venían creciendo desde 2025, cuando decenas de miles de jóvenes marcharon contra el posible retorno del servicio militar obligatorio. En paralelo, organizaciones pacifistas, grupos de izquierda y colectivos como “Padres contra el servicio militar obligatorio” impulsaron movilizaciones en decenas de ciudades bajo consignas contra la guerra y la militarización de la sociedad.


Tras solo un año en el cargo, Merz es actualmente el jefe de gobierno menos popular de Alemania desde que existen registros, con un índice de aprobación de apenas el 16%, el valor más bajo jamás registrado para un canciller alemán.


El pueblo alemán, por tanto, no respalda entusiastamente este giro histórico. Lo sufre. Lo paga. Y una parte creciente de él sale a las calles a decirlo, el 8 de mayo, el día en que sus abuelos celebraron que la maquinaria bélica alemana quedó vencida para siempre.


La historia no se repite mecánicamente. Merz no es Hitler, la Alemania de 2026 no es la de 1933, y el contexto geopolítico tiene sus propias particularidades. Pero hay una lección que la historia sí enseña con claridad: los programas de rearme masivo no nacen en el vacío. Nacen cuando las clases dominantes necesitan desviar la atención de las contradicciones internas, cuando las corporaciones necesitan nuevos mercados garantizados por el Estado, y cuando el miedo puede ser instrumentalizado para que los de abajo paguen los proyectos de los de arriba.


Como en los años treinta, bajo la presión de una crisis mundial y de rivalidades interimperialistas, todos los recursos sociales están siendo movilizados para la guerra. 


Texto elaborado con fuentes verificadas: WSWS, Pressenza, El Salto, Izquierda Diario, La Izquierda Diario, Diario Socialista, Argentinisches Tageblatt, Infobae, Xataka y otros medios.


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