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La Proposición 40 en las elecciones de medio término en California: en la dirección correcta

hace 13 horas
5 min de lectura



“La Proposición 40 ofrece la primera oportunidad para que la ciudadanía comience a frenar el poder de los multimillonarios. No es relevante solo para los californianos. Si el estado que alberga a algunos de los multimillonarios más poderosos del país vota para gravar su patrimonio, impulsará un movimiento para gravar a las personas de patrimonio ultra alto en otros estados, y eventualmente a nivel federal y en otros países. Cuando los californianos acudan a las urnas, su voto bien podría llegar a verse como un punto de inflexión en la batalla entre democracia y oligarquía”.


Así concluye la carta firmada por Daron Acemoglu, Abhijit Banerjee, Peter Diamond, Esther Duflo, Paul Krugman y Joseph Stiglitz, seis premios Nobel de economía en apoyo a la Proposición 40, una iniciativa que el estado de California, con la mayor concentración de billionaires, votará el 3 de noviembre sobre los activos de casi 250 dueños de fortunas con más de mil millones de dólares. 


Como sabemos, cada vez que se habla de «redistribución» de la riqueza en algún debate público en Estados Unidos, se demoniza el término por considerarlo «antiamericano», exhibiendo una fealdad moral por parte de los ricos que ya había sido advertida décadas atrás.


Pero en esta particular era de posdemocracia, o más bien de democracias vaciadas en favor de los intereses de los más ricos, las fortunas crecen exponencialmente año tras año. No solo se inhibe la conversación pública sobre la redistribución de la riqueza, sino que se construyen relatos que envenenan el debate público con mentiras.


Eso es lo que hacen estos billionaires en distintos países latinoamericanos: invierten enormes sumas de dinero para evitar aparecer como actores políticos, operan a través de sus plataformas digitales y, al mismo tiempo, financian células políticas y operadores canallas como Cerimedo.

Así contribuyen a generar vacíos legales que les permiten seguir al margen de la ley y acelerar el crecimiento irrefrenable de sus fortunas, un proceso que, claramente, no está desvinculado de las economías reales de los territorios que ocupan.


No se trata, pues, de cuánto les costaría un aporte del 5 % al fisco para mejorar la salud pública, teniendo en cuenta que sería el primer intento de gravar sus activos, pues actualmente aportan apenas el 0,02 % de lo que perciben al año. El asunto de fondo es que no se consideran parte de la misma sociedad en la que los demás nos jugamos la subsistencia.


Este robinhoodismo conservador, que los seis firmantes de la carta presentan como «la dirección correcta», es percibido por ellos como un límite concreto a su poder ilimitado. Todo ello ocurre en desmedro de una participación ciudadana cada vez más endeble en los asuntos de interés general, mientras el lobbismo se convierte en el gran protagonista de los aparatos centrales de gobierno.


Para eso, ya sabemos cuán efectivas pueden ser las herramientas de poder digital que ostentan para imponer su agenda de manera encubierta. Sus narrativas apelan siempre a la «amenaza» contra el patrimonio de las clases medias y bajas, insignificante en proporción al suyo.


Como en la película de Vittorio De Sica, Ladrón de bicicletas, el ladrón se mezcla con la muchedumbre y grita «¡al ladrón, al ladrón!». Es un truco infalible cuando se dispone de la capacidad mediática para construir bulos y difundirlos masivamente, desviando la atención del votante promedio mediante teorías del complot. El objetivo es que este termine creyendo que el impuesto no solo afectará a los ricos, sino que en realidad apunta a sus propios ahorros y jubilaciones, mientras políticos y aseguradoras se enriquecen. Esa es la narrativa que se financia mediante campañas orquestadas por sus agentes para influir en los sectores más susceptibles a la desinformación.


Por esto, a la par que aparece esta Proposición 40 para gravar de manera extraordinaria sus activos con una taza única de 5% con el fin de complementar los recortes realizados por Trump en salud pública y educación, los ultra ricos han echado a andar una estrategia con múltiples frentes, que ya nos es familiar en América Latina, para manipular el voto de sectores medios y bajos, mientras asistimos a la mayor concentración de riqueza en dos siglos, esta vez gatillada por el advenimiento de la IA. 


Silicon Valley está en California, y no debería sorprendernos que cuatro personas —Mark Zuckerberg, Jensen Huang, Larry Page y Sergey Brin— concentren por sí solas alrededor del 40 % de toda la riqueza acumulada por los billionaires californianos. Entre ellos, solo Brin ha invertido 100 millones de dólares de los 250 millones destinados exclusivamente a publicidad, lo que convertiría esta campaña en la más costosa de la historia de Estados Unidos.


Aunque lograron cooptar al gobernador demócrata Gavin Newsom, quien aspira a la presidencia, no pudieron impedir que la iniciativa de la Proposición 40 llegara a las próximas elecciones de California, respaldada por más de un millón de firmas. Ante ese escenario, promovieron las proposiciones 41 y 42, que se publicitan como alternativas para neutralizar la primera. Sus títulos aluden a la auditoría del Gobierno californiano y a la protección del patrimonio de la clase media frente a posibles gravámenes. Sin embargo, la letra pequeña dejaría sin efecto el impuesto a los más ricos que plantea la Proposición 40.


Una de las estrategias consiste en fabricar, mediante anuncios publicitarios, una imagen de polarización dentro del gremio médico. Personajes con batas blancas, estetoscopios y apariencia de ciudadanos comunes aseguran que «los estudios demuestran que estas medidas desmantelarían la salud pública y entregarían los fondos a las aseguradoras». Sin embargo, el sistema de salud pública ya ha sufrido fuertes recortes bajo la Administración Trump. Precisamente ante ese escenario, los profesores de derecho tributario Brian Galle, de UC Berkeley; David Gamage, de la Universidad de Missouri; y Darien Shanske, de UC Davis, junto con el economista Emmanuel Saez, de UC Berkeley, redactaron la Proposición 40, presentada por el sindicato SEIU United Healthcare Workers West.


Según El País, el Instituto de Políticas Públicas de California (PPIC) encontró en una encuesta publicada esa semana que el 52 % de los votantes apoyaba la medida, frente al 46 % que se oponía a ella. La campaña publicitaria ha intensificado la disputa en torno a la iniciativa. Aunque el margen de indecisos se sitúa en el 12 %, el sondeo también señala que quienes más han leído sobre la enmienda tienden a oponerse a ella. Este dato plantea interrogantes sobre el papel de la información disponible y de las campañas publicitarias en la formación de la opinión pública.


La carta de los seis premios Nobel de Economía afirma, además: «Lo que permitirá a California prosperar no es permitir que un puñado de multimillonarios viva libre de impuestos, sino realizar una inversión pública adecuada en salud, educación e infraestructura; estos son los motores clave del crecimiento económico y resulta justo pedir a los ultrarricos que contribuyan».


La iniciativa se sometería a votación el próximo 3 de noviembre, durante las elecciones de medio término en Estados Unidos. En esos mismos comicios se elegiría a los 52 representantes de California en la Cámara de Representantes federal.

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