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El inesperado final

12 sept
1 min de lectura


La tarde avanzaba lentamente y nadie parecía tener prisa. En la plaza, un hombre leía el periódico sentado en una banca, mientras una mujer perseguía a un perro que había decidido escapar con una bolsa de pan. Los árboles se movían apenas con el viento y, en una esquina, alguien tocaba una melodía que nadie reconocía. Todo parecía completamente normal, como si aquel día no tuviera nada especial que ofrecer.


Al otro lado de la ciudad, un tren llegaba a la estación con varios minutos de retraso. Los pasajeros bajaron, revisaron sus teléfonos y caminaron hacia la salida. Entre ellos iba un anciano con una maleta azul, una niña con un globo amarillo y un joven que llevaba una planta pequeña entre las manos. Nadie se fijó demasiado en ellos. Cada uno siguió su camino sin imaginar que, de alguna manera, sus historias terminarían cruzándose.

Mientras tanto, comenzó a llover. Primero fueron unas gotas tímidas y luego una lluvia intensa que obligó a todos a buscar refugio. El hombre del periódico corrió hacia una cafetería, la mujer finalmente recuperó su bolsa de pan y el músico guardó apresuradamente su instrumento. En pocos minutos, la plaza quedó casi vacía. Solo permaneció allí el perro, sentado tranquilamente bajo la lluvia, mirando hacia el cielo.


Y entonces ocurrió algo completamente inesperado: el perro levantó una pata, sacó un pequeño reloj de bolsillo y miró la hora. Después suspiró, se puso de pie y dijo: «Llegamos tarde otra vez». Nadie pudo explicar lo sucedido, porque para ese momento la ciudad entera se había convertido en una enorme pecera y todos los peces estaban esperando el próximo autobús.

 
 
 

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