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El «nacionalismo cristiano» y la democracia en América Latina




El cristianismo de derecha en América Latina, tanto católico como evangélico, ha tenido un gran impacto sobre el estado de la democracia. La ola de extrema derecha que se cierne sobre la región ha contado con un componente proveniente del cristianismo de derechas, que comenzó manifestándose con el ataque contra el enfoque de género y que actualmente adopta la forma del «nacionalismo cristiano».


El nacionalismo cristiano ha tenido un gran impacto en el mundo evangélico, donde destaca el apoyo a la candidatura de Abelardo de la Espriella en Colombia; y en el campo católico se ha manifestado claramente en el apoyo a la candidatura de Rafael López Aliaga en Perú. En ambos casos se repiten dos ideas fundamentales.


La primera es que los grupos cristianos de derecha —tanto evangélicos como católicos— se presentan como una militancia que lucha contra el mal en el mundo y al interior de las propias iglesias. La segunda es la promesa de hacer a las naciones grandes y prósperas si se sustentan en los valores propugnados por la derecha cristiana, desplazando a la democracia y a los derechos humanos.


Ambas ideas entran en contradicción con el mensaje que emana de los evangelios y de la práctica de Jesús. El pueblo judío en la época de Jesús no aspiraba a la grandeza nacionalista, pues se encontraba bajo el dominio de una potencia extranjera. Su aspiración era la de liberarse del dominio del Imperio Romano.


La actitud del propio Jesús fue la de rechazar la lógica militante para mostrar el amor de Dios a todos. Su proclamación del Reino de Dios no buscó instaurar un poder político que se enfrentara a los poderes imperantes de su época. Su actitud rompió siempre con la lógica militante basada en la dinámica de ganar o perder, para abrazar en cambio la actitud emanada del Reino, fundada en la dinámica del dar y recibir.


Las pretensiones del nacionalismo cristiano actual se basan, por el contrario, en una lógica militante y en la dinámica de ganar o perder. Como bien lo señaló James Talarico, el nacionalismo cristiano no es una expresión del cristianismo, sino un movimiento político que utiliza el cristianismo para lograr sus objetivos partidarios.



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