Augusto Salazar Bondy y la filosofía de la liberación
- Ricardo Falla Carrillo

- hace 5 días
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Augusto Salazar Bondy es un referente obligado del pensamiento peruano y latinoamericano del último siglo. El notable filósofo, no se refugió en la neutralidad del aislamiento académico; por el contrario, convirtió su labor en una indagación permanente sobre las ataduras históricas y materiales que condicionan el pensar en las periferias del mundo.
Al cruzar los rigores de la fenomenología, la agudeza del marxismo y la precisión de la filosofía analítica, el filósofo limeño estructuró un diagnóstico descarnado en torno a las categorías entrelazadas del subdesarrollo y la dominación. Su transición hacia la filosofía de la liberación no fue un giro fortuito, sino la respuesta consciente a una urgencia: la de trenzar el concepto con la praxis transformadora de la sociedad, bajo la premisa de que un pensamiento verdaderamente genuino exige, como condición primera, quebrar la dependencia económica y cultural.
Este artículo recorre las estaciones de esa biografía intelectual, disecciona la anatomía de su diagnóstico sobre la inautenticidad colectiva y examina el pulso dialéctico entre dominación y emancipación. Asimismo, reconstruye el debate metodológico que sostuvo con Leopoldo Zea y evidencia su propuesta teórica terminó inaugurando el movimiento de la filosofía de la liberación en el continente.
Trayectoria e itinerario de una biografía intelectual
Augusto Salazar Bondy nació en Lima el 8 de diciembre de 1925 y falleció en la misma ciudad el 6 de febrero de 1974. Su formación superior se inició en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde cursó estudios entre 1945 y 1947. Posteriormente, se trasladó a México para continuar su formación en la Universidad Nacional Autónoma de México y en el Colegio de México entre 1948 y 1950. En este periodo recibió el influjo de los estudios sobre la historia de las ideas en el continente, impulsados por José Gaos y por la obra temprana de Leopoldo Zea, específicamente su texto Dos etapas del pensamiento en Hispanoamérica (1949). Bajo la dirección de Gaos, redactó su tesis de bachillerato titulada Las ideas del saber, la naturaleza y Dios en el pensamiento de Hipólito Unánue, obteniendo el grado en San Marcos en julio de 1950.
Su estancia intelectual europea incluyó París en 1951, donde asistió a los cursos de Jean Wahl y Jean Hyppolite en la École Normale Supérieure, así como al seminario de Gaston Bachelard en la Sorbona. En 1952 continuó sus estudios en la Universidad de Múnich, vinculándose con las lecciones de Romano Guardini. A su retorno al Perú, se graduó como Doctor en Filosofía en 1953 con la tesis Ensayo sobre la distinción entre el ser irreal y el ser ideal.
Su incorporación a la docencia en la Universidad de San Marcos se produjo en 1954. Ese mismo año publicó su primer texto de aliento histórico: La filosofía en el Perú. Panorama histórico (1954). Paralelamente a su labor académica, Salazar Bondy contribuyó en 1956 a la fundación del Movimiento Social Progresista. En 1958, se publicó su tesis doctoral bajo el título Irrealidad e idealidad (1958). Durante la década de 1960, su interés osciló entre el rigor de los sistemas normativos y la preocupación por las ideas contemporáneas, lo que se plasmó en su ensayo Tendencias contemporáneas de la filosofía moral británica (1961).
La madurez de su pensamiento historiográfico se consolidó con la publicación de su obra Historia de las ideas en el Perú contemporáneo (1965). A partir de este momento, su reflexión se volcó hacia el problema de la autenticidad de la cultura hispanoamericana. Este giro analítico dio origen a sus textos más difundidos a nivel continental: ¿Existe una filosofía de nuestra América? (1969) y la recopilación de ensayos Entre Escila y Caribdis (1969). En sus últimos años, combinó la conceptualización analítica de los valores en Para una filosofía del valor (1971) con el diagnóstico de la sujeción intelectual en Filosofía y alienación ideológica (1971). Comprometido con la Reforma de la Educación peruana durante la década de 1970, su fallecimiento ocurrió el 6 de febrero de 1974, interrumpiendo la culminación de la Antropología de la dominación. No obstante, sus reflexiones finales se conservaron en la obra dialogada Bartolomé o de la dominación (1974) y en el volumen póstumo La educación del hombre nuevo (1975).
La cultura de la dominación: alienación, inautenticidad e hibridismo
El núcleo teórico de la propuesta de Salazar Bondy exige una delimitación de la categoría de cultura. Distanciándose de las acepciones estrictamente humanísticas o estéticas, adoptó un enfoque neutral de carácter antropológico. Para el pensador limeño, la cultura es "un sistema de valores, símbolos y actitudes con que un grupo humano responde a las solicitudes y conflictos que provienen del mundo y la existencia". Bajo esta definición, no es posible evaluar un producto cultural de manera aislada a las condiciones materiales e históricas del grupo social que lo segrega. Si la existencia social de una comunidad se encuentra afectada por la subordinación y la falta de autonomía, sus manifestaciones culturales reflejarán necesariamente esas mismas condiciones estructurales.
De este diagnóstico se desprende la caracterización de la realidad peruana como una "cultura de la dominación". Salazar Bondy identificó que el rasgo definitorio de esta fisonomía espiritual no es la organicidad, sino el hibridismo y la desintegración. En el territorio nacional no coexiste una comunidad cultural unificada, sino un pluralismo de culturas dispares, fragmentadas y recíprocamente excluyentes que carecen de una norma fundamental o de un principio integrador. Este tejido social dislocado fomenta la proliferación de conductas marcadas por la inautenticidad y el mimetismo imitativo. La inautenticidad es conceptualizada como "la manera de ser humana o la conducta en que la acción no corresponde al principio reconocido o validado por el sujeto". El sujeto imita patrones exógenos que no guardan relación con sus necesidades históricas concretas, adoptando soluciones ficticias y superficiales.
Esta dinámica institucionaliza la alienación a escala colectiva. En el plano filosófico-antropológico, la alienación es definida como "la condición de un individuo o grupo humano que ha perdido su ser propio o lo ha degradado por vivir según modos y formas de existencia inferiores o ajenas a su plena realización". Para soportar esta desposesión existencial, las sociedades dominadas recurren a lo que Jorge Bravo Bresani denominó "mitos enmascaradores". Estos mitos son representaciones ilusorias —como el mito de la riqueza inagotable de la naturaleza peruana o el mito de una catolicidad espiritual intocada— que ocultan la crudeza de las fracturas socioeconómicas y adormecen la conciencia crítica. El habitante vive así de espaldas a su realidad fáctica, condicionado por una normalidad ficticia organizada por los centros de poder metropolitano.
Subdesarrollo y la fundamentación en la filosofía de la liberación
Para Salazar Bondy, el subdesarrollo no constituye una etapa previa o natural para el progreso, tal como sugieren las teorías evolucionistas del desarrollismo clásico. Por el contrario, el subdesarrollo es el reverso económico y social directo de la dominación internacional. Las potencias industriales desarrolladas segregan subdesarrollo como condición de su propia expansión, insertando a las naciones de la periferia en una red asimétrica de transferencias de valor. La dominación es una relación estructural que se define por "el poder de decisión sobre la existencia y el desenvolvimiento nacionales". Específicamente, implica que "en última instancia el poder de decisión sobre los asuntos concernientes al país (por ejemplo, al uso de sus recursos estratégicos) no se encuentra en él sino en otro país, en el dominante".
La obra de Salazar Bondy se enmarca y fundamenta dentro de la filosofía de la liberación debido a que establece que el pensamiento producido en condiciones de dependencia es una "filosofía de la dominación", caracterizada por ser alienada y alienante. Su planteamiento postula que la constitución de un pensamiento genuino y original no se logra mediante la asimilación académica abstracta, sino a través de una opción decidida por la liberación que actúe como expresión y estímulo de la transformación estructural. Históricamente, su texto ¿Existe una filosofía de nuestra América? (1969) funcionó como el factor desencadenante del movimiento liberacionista continental, impactando de forma directa en el grupo argentino de San Miguel integrado por Enrique Dussel, Juan Carlos Scannone y Horacio Cerutti Guldberg. Tres de las cuatro características fundamentales del movimiento —la búsqueda de una filosofía auténtica, la destrucción de la dependencia y la denuncia de la filosofía académica tradicional como instrumento justificatorio de la opresión— provienen directamente de las tesis de Salazar Bondy.
Este enfoque generó una célebre polémica con el importante filósofo mexicano Leopoldo Zea, quien en 1969 publicó una reseña crítica titulada ¿Inautenticidad de nuestra filosofía? y el folleto La filosofía americana como filosofía sin más. Zea objetó la tesis de la inautenticidad obligatoria defendida por Salazar Bondy, argumentando que el pensamiento latinoamericano parecía carecer de originalidad únicamente cuando se le aplicaban patrones de evaluación europeos. Para Zea, la originalidad residía en la capacidad de responder a los problemas específicos que plantea la realidad del continente en un tiempo determinado. Asimismo, Zea manifestó sus dudas respecto a que la sola cancelación de la dominación material produjera automáticamente una filosofía auténtica, y advirtió contra el rechazo total de las herramientas conceptuales del marxismo clásico.
La discusión entre ambos pensadores continuó de forma presencial durante las Cuartas Jornadas Académicas de San Miguel en agosto de 1973. En dicha oportunidad, Zea coincidió con Salazar Bondy en la necesidad de evitar la copia de modelos externos, recurriendo a Frantz Fanon para señalar que, si se pretendía hacer filosofía de corte netamente europeo, no existía nadie mejor que los propios europeos, por lo que urgía inventar desde la propia circunstancia. Sin embargo, se mantuvo la divergencia metodológica sobre el estatuto histórico de la producción previa: mientras Zea distinguía entre el "profesor de filosofía" imitativo y el "filósofo" capaz de asimilar críticamente la tradición, Salazar Bondy ratificó que la filosofía hispanoamericana histórica había sido defectiva, concluyendo que "cuando la filosofía se propuso históricamente liberarse a sí misma, ni siquiera logró liberar al filósofo porque nadie puede liberarse cuando domina a otro".
Metodológicamente, Salazar Bondy inscribe su propuesta en la filosofía de la liberación al prescribir tres dimensiones de acción concreta: primero, acentuar la función crítica mediante el análisis epistemológico e histórico-social para diagnosticar la situación real; segundo, replantear los problemas seculares de la disciplina desde una óptica periférica; y tercero, reconstruir la totalidad del pensamiento filosófico en concordancia con la praxis política del Tercer Mundo. Esta articulación concibe la liberación a través de un proceso dialéctico de cuatro momentos: la tesis del dominador, la antítesis del oprimido, la síntesis aparente de las reformas cosméticas y la síntesis real que anula la estructura de la dominación. La liberación verdadera no es una emancipación política formal, sino un movimiento radical que en el caso peruano requería "cancelar el sistema económico social capitalista que es el vehículo a través del cual, hasta hoy, se ha ejercido la dominación extranjera".
Actualidad de la teoría de la dominación en el contexto peruano
Al evaluar la pertinencia del pensamiento de Augusto Salazar Bondy, se constata que sus categorías analíticas permiten examinar los fenómenos globales contemporáneos. La distancia relativa entre los centros hegemónicos de poder y las naciones periféricas del Tercer Mundo persiste; la brecha tecnológica, científica y militar continúa ensanchándose, manifestándose en una diferenciación de las capacidades materiales entre los bloques internacionales. En un escenario regido por la automatización de la información y el control geopolítico de los recursos energéticos y minerales estratégicos, el Perú mantiene su rol histórico de proveedor de materias primas, desprovisto de un centro autónomo de decisiones teóricas y tecnológicas.
Los mitos enmascaradores señalados en su obra continúan operando bajo nuevas modalidades. El discurso enfocado exclusivamente en la estabilidad macroeconómica y los indicadores formales del libre mercado funciona hoy como un velo ideológico que encubre la precariedad institucional, la desintegración del tejido social y la marginación de diversas regiones del país. La inautenticidad cultural se manifiesta en el consumo de patrones globales de entretenimiento y en la adopción de enfoques tecnocráticos que clausuran el debate político sobre las estructuras de base. El lenguaje y las instituciones formales del Estado siguen operando como mecanismos que consolidan la subordinación ciudadana y mantienen los privilegios de los sectores locales vinculados al capital internacional.
La propuesta de una educación sustentada en los principios de la crítica, la creatividad y la cooperación conserva su carácter de alternativa frente al modelo vigente. El sistema educativo actual, mercantilizado y orientado a la capacitación técnico-operativa para las demandas inmediatas del mercado, tiende a habituar a las conciencias en la adaptación adaptativa, desvinculando el saber del trabajo libre y de la transformación de la realidad histórica. Asimismo, la observación respecto a que el lenguaje y la cultura no se emancipan por la mera exaltación folclórica del criollismo o del indigenismo es empleada para evaluar las corrientes identitarias contemporáneas. Estos enfoques, al aislar las manifestaciones culturales de las relaciones de producción, fragmentan las fuerzas colectivas e impiden la articulación de un proyecto unificado de emancipación social.
Hacia las próximas décadas, el pensamiento de Salazar Bondy se ofrece como un instrumental analítico para el examen crítico de la realidad nacional. Su insistencia en que la filosofía debe ejercer una función terapéutica de desmitificación constituye el punto de partida para el análisis de los discursos públicos. Frente al pragmatismo y al presentismo que caracteriza a la actividad política actual, la propuesta teórica de Salazar Bondy recuerda que la soberanía no es un dato preestablecido, sino una construcción conceptual y material que demanda la articulación de un pensamiento crítico estrechamente ligado a las urgencias de la sociedad global. Su obra permanece como una propuesta metodológica que invita a la inteligencia peruana a asumir el análisis de las condiciones de alienación como base para edificar un pensamiento autónomo.
Referencia
Salazar Bondy, A. (1995). Dominación y liberación: Escritos 1966-1974 (H. Orvig y D. Sobrevilla, Eds.). Fondo Editorial de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, Universidad Nacional Mayor de San Marcos










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